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martes, 2 de octubre de 2018

136 - Y entonces, ¿qué es sexualidad?



Y entonces, ¿qué es sexualidad?

Daniela Foronda Ramirez

dani_96foronda@hotmail.com
Isabela Mazuera Martínez
isamm99.m@gmail.com
Sara Melissa Mosquera Galarza
saramelissa9827@gmail.com
Isabella Salazar Arias
isalazar7@estudiantes.areandina.edu.co

Fundación Universitaria del Área Andina - Pereira
Materia: Psicología Clínica Psicoanalítica 
                                                                                                                    Grupo: 405 IV semestre
Psicología 


     A continuación se presenta una temática universal, aunque de mucha cautela en cuanto a aceptarlo propiamente se refiere. Para empezar es necesario conocer la base a la luz de la cual se explica el tema principal. El psicoanálisis nace con sigmund Freud, fue el innovador, es llamado el padre del psicoanálisis y con él fue el descubrimiento del inconsciente en la sexualidad y en el sentido que él mismo le dio.
     En otras culturas se habían hecho aproximaciones sobre el inconsciente pero nunca se había llegado tan a fondo como lo hizo Freud y no se había fundamentado en el tema de la sexualidad y con tan amplios contenidos.
     Es muy probable que si salimos a la calle haciendo una breve pregunta como ¿Qué es la sexualidad? Las personas nos contesten que, “es un acto de dos personas que genera placer”, pero desde el punto de vista de psicoanálisis, la sexualidad humana no se reduce solo al contacto de los órganos genitales de dos individuos, ni a la estimulación de órganos genitales, se le llama sexual a toda aquella conducta que a partir de un lugar erógeno de nuestro cuerpo, como puede ser la boca, produce ciertos tipos de placer que se presentan en dos aspectos, placer organico y sexual.
     Según lo explica Nasio, J.D (1996) en su libro “El placer de leer a Freud”, el primero es un placer procurado por la satisfacción de una necesidad fisiológica, un ejemplo de este puede ser, el placer que siente el bebé cuando su madre lo amamanta que se convierte en un placer satisfactorio buscado por el bebé al ser una necesidad biológica. El pecho materno es nuestro primer objeto sexual. Y el placer sexual, es el que se da en una zona erógena, que se obtiene por la mediación de un objeto fantasmatizado, siendo este objeto el medio para alcanzar la meta ideal; por ejemplo, besar el cuerpo del amado. (p.61).
     Según Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, para entender el concepto de sexualidad debemos partir comprendiendo qué es pulsión, esta se refiere al placer inconsciente que, “ aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo corporal, como un representante  psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma”. El placer es un resultado de la ausencia de tensión y el displacer la presencia de la misma. (Freud, 1915, p.117). Por lo tanto es muy natural que el organismo se oriente hacia el placer y evite la ansiedad y el displacer. Nasio también nos recita que Freud describió sexualidad a toda conducta que a partir de una región erógena del cuerpo asentándose sobre un fantasma procurando un tipo de placer. (p.60).
     Según nos relata Nasio, J.D (1996) las pulsiones sexuales son diversas y hacen parte del inconsciente de cada persona y existen desde que el individuo se encuentra en el útero de la madre y finalizan con la muerte del mismo. Hay dos grupos de pulsiones opuestas: el grupo de las pulsiones que tienden a la descarga, llamadas pulsiones sexuales, para Freud dichas pulsiones se dividen en cuatro elementos que son: fuente, fuerza, meta y objeto; la fuente es la zona erógena, es de donde sale la pulsión, la fuerza se encarga de mover, la meta es lo que la atrae y el otro elemento es el objeto, que es el medio por donde intenta alcanzar su meta ideal. (p. 59)
     Ahora, el grupo de las pulsiones que se opone a las sexuales, llamadas pulsiones del yo son: represión, sublimación y fantasma. La represión es el obstáculo que impide el paso de los contenidos inconscientes hacia el preconsciente; otra dificultad para el placer es la sublimación, que consiste en desviar el trayecto de la pulsión cambiando su meta sexual ideal por una que no sea sexual pero está socialmente valorada, un ejemplo son los sentimientos de amistad, realmente se trata de una pulsión que se reemplaza por una expresión social; y por último está el fantasma, que consiste, no en un cambio de meta como sucedía con la sublimación, sino en un cambio de objeto, como si para detener el impulso de la pulsión sexual, el yo contestará a la pulsión engañandola con la ilusión de un objeto fantasmatizado, fantasma que moviliza la actividad de las pulsiones sexuales y proporciona placer.
     Sigmund plantea que la sexualidad aparece desde el nacimiento y que, durante las diferentes etapas de la infancia, proporciona gratificaciones especiales al individuo mediante sus zonas corporales, ya que están capacitadas de una energía que busca placer y libido.
Para el psicoanálisis el libido es la energía sexual que realza los placeres específicos de las funciones vitales como el comer, los movimientos corporales y la regulación intestinal. (Erikson, Erik, 2009, p.53).
     Es importante tener en cuenta que la sexualidad infantil se diferencia de la sexualidad adolescente y la sexualidad del adulto en que la primera tiene múltiples metas sexuales y erógenas que le sirve de apoyo, mientras que la sexualidad adolescente y adulta se organiza bajo la superioridad genital.
Freud con su teoría psicoanalítica rompió con las creencias que tenía la ciencia en cuanto a que la sexualidad llegaba con los cambios hormonales en la adolescencia. Sigmund afirmó que las personas nacemos con sexualidad y esta es una constante en la vida que se va organizando y cambiando a medida que pasa el tiempo.
     Se ha demostrado en investigaciones que el niño a temprana edad muestra una actividad corporal con el nombre de sexualidad y de allí se han conectado fenómenos psíquicos que se hallan más adelante en la vida amorosa adulta. (Freud & Rosenthal,1998). Según  Nasio, J.D (1996) la historia de la sexualidad va desde el desarrollo del cuerpo infantil, comienza desde el nacimiento y termina más o menos a los 5 años de edad con la aparición del complejo de edipo, que se refiere al apego del infante al padre del sexo opuesto y su hostilidad hacia el padre del mismo sexo. (p.59).
    Se puede  hablar de tres fases de las pulsiones sexuales infantiles, que serían en primer lugar, la fase oral la cual se da de los cero a los dos años de edad, en este punto la parte del cuerpo dominante es la boca, su presencia con mayor intensidad data de los primeros 6 meses del lactante, ya que le da al bebé no solo la satisfacción del alimento sino también el placer de mamar. El placer oral es fundamentalmente el placer de succionar  el objeto que se tiene en la boca.
     En segundo lugar se encuentra la fase anal, allí la parte del cuerpo que  predomina es el ano, su desarrollo varía en un lapso de los tres a los cuatro años de vida en el cual el orificio anal, como ya se mencionó, viene siendo la zona erógena. Su placer orgánico sería defecar, acto que  alivia una necesidad corporal y su placer sexual sería el retener sus ganas de defecar para después expulsarlas fuertemente. 
     En tercer y último lugar, pero no menos importante, nos encontramos con la fase fálica, la cual precede el estado final del desarrollo sexual infantil, esta fase se extiende de los tres a los cinco años, en esta fase predomina el fantasma del órgano genital masculino el cual desempeña un papel dominante y en el lugar de la niña el clítoris es considerado por freud como la fuente de excitación, aquì el pene y el clítoris son los soportes reales de un objeto fantasmático y en cuanto al placer sexual se da con las caricias masturbarias de los genitales.
     Durante la etapa genital el niño experimenta un fuerte deseo sexual hacia la madre y hacia el padre un sentimiento de hostilidad. El dilema es que el niño sigue queriendo a su padre y se forma un sentimiento de ambigüedad, ante el amor sexual por su madre, esta descripción es lo  que se conoce con el nombre de “Complejo de Edipo”.
Resulta entonces que el desarrollo psicosexual, se caracteriza, en la primera infancia con predominio en diversas pulsiones de autoconservación, también Freud advirtió que la infancia afecta en una medida significativa  la personalidad adulta. (Coon,D., O.,J. 2010). Además se satisfacen principalmente de manera autoerótica y luego moderado por el periodo de lactancia, más tarde logrando su renovación en la pubertad, bajo el primado genital, y finalmente  logrando una elección de objeto fuera de la familia. A pesar de que todos los seres humanos pasan por estas fases del desarrollo psicosexual, ni sus manifestaciones ni su duración es igual en toda medida. Tampoco el paso de una a otra significa el cambio de lo anterior, sino más bien la coexistencia de las zonas erógenas y pulsiones implicadas en cada etapa en particular, las cuales nunca son superadas si no que disminuyen en la vida adulta, Pudiendo eso sí, existir lugares de fijación en los cuales la libido le dará mayor importancia a retroceder mediante el mecanismo de represión. (Rivera, G, C, 2008, p. 21).
     Finalmente es de admirar  cómo la mente Freudiana desarrolla minuciosa una conexión de el factor interno de un sujeto con la forma de expresión del mismo, lo más interesante del psicoanálisis de Sigmund es que la sexualidad no es algo que adoptamos en una etapa determinada en la vida, la sexualidad es una constante en ella, que al pasar el tiempo se organiza y pasa por distintas etapas.
     La sexualidad para Freud rodea todo lo que somos, la sexualidad no solo es el tema de sexo y de relaciones sexuales, la sexualidad comprende aspectos como el afecto y las relaciones humanas. Hay que intentar cambiar la visión de la sociedad ante un tema tan común e importante como el sexo y sobre todo el tabú que hay al nombrar la palabra sexo. Si nos ponemos a pensar cada vez que nombramos la palabra sexo o queremos hablar con alguien de ese tema la persona se va a ruborizar, o un ejemplo muy común seria con los padres, normalmente los padres no son capaces de hablar abiertamente con sus hijos sobre dicho tema, vemos el tema del sexo como algo morboso que solo se refiere al coito, al frotis de nuestras partes intimas cuando tenemos muchas formas de mirar esta palabra, un ejemplo de otra mirada hacia la palabra sexo se puede reflejar en algo tan hermoso y como es amamantar y como lo vimos anteriormente esto se convierte en un placer satisfactorio buscado por el bebé al ser una necesidad biológica.

Y ¿Usted qué hará para cambiar tal estigmatización del mundo sobre la sexualidad? 

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Referencias

Coon,D., O.,J. (2010).Introducción a la psicología .(20a. ed.) Cengage. Página 57. Tomado de http://www.ebooks7-24.com.proxy.bidig.areandina.edu.co:2048
Erickson, E. H. (2009). Infancia y Sociedad. Buenos Aires: Horme-Paidos. P. 53



Freud, S. (1915). “Pulsiones y destinos de pulsión” en Obras Completas, Tomo XIV, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1984. Tomado de: http://www.bibliopsi.org/docs/freud/14%20-%20Tomo%20XIV.pdf


Rivera, C.R. (2008). “Desarrollo psicosexual en Freud y explotación sexual comercial infantil” universidad de chile,Facultad de ciencias sociales.Tomado de: http://www.tesis.uchile.cl/tesis/uchile/2008/guzman_c2/sources/guzman_c2.pdf


jueves, 27 de septiembre de 2018

134 - LA SEXUALIDAD EN LA VIDA COTIDIANA



LA SEXUALIDAD EN LA VIDA COTIDIANA

Autores: 
Karem Gutiérrez Restrepo – kgutierrez28@estudiantes.areandina.edu.co


Fundación Universitaria del Área Andina - Pereira
Materia: Psicología Clínica Psicoanalítica 
                                                                                      Grupo: 405 IV semestre Psicología

En el siguiente ensayo se hablará sobre la sexualidad que vivimos día a día las personas, una sexualidad que empieza desde que nacemos hasta que morimos, tomando como punto importante la visión desde el psicoanálisis con los diferentes placeres en las zonas erógenas.

El impulso sexual es tan importante para nuestra vida que nos genera emociones, pensamientos, actitudes, sentimientos e incluye nuestras relaciones con los demás.
“El placer de mamar en el lactante (...) corresponde, desde un punto de vista psicoanalítico a un placer sexual” (Nasio, 1996, p.61). De aquí podemos partir que la zona erógena en el niño es la boca y que utiliza la succión para satisfacer dicha pulsión empleando el seno de la madre como objeto externo para saciar su deseo.

Posteriormente la zona erógena no solo va hacer la boca, sino que también pasará a ser el ano “De manera que la estimulación de la mucosa intestinal por las heces provoca sensaciones voluptuosas y placenteras en el niño” (Guzman Rivera, 2008, p.17). Esto ocurre cuando el niño tiene alrededor de dos años ya que en esta etapa empieza a aprender a controlar sus heces.

Seguidamente la zona erógena pasará a ser los genitales del niño (El pene en el niño y el clítoris en la niña) aquí Guzmán (2008) afirma: “ya se ha consumado una elección de objeto que originalmente es la madre para ambos sexos” (p.18). Esto quiere decir, que el infante empezará a tener un deseo incestuoso hacia su madre (el complejo de Edipo), deseo que será para toda la vida de una forma inconsciente (Nasio, 1996) . El niño aquí se encuentra entre los cuatro y los seis años, y manifiesta su interés por la zona erógena haciendo diferentes inquietudes que siempre van dirigidas a los genitales y que son tan frecuentes en los niños a esta edad.

Luego con el comienzo de la pubertad (etapa de la vida que empieza alrededor de los once años), la pulsión sexual se incrementará en las zonas erógenas como los genitales y su forma de complacer estos impulsos muchas veces se dará por medio de la masturbación, que es una actividad muy común en los adolescentes de hoy en día.

Vale aclarar que a partir de aquí cuando se habla de zona erógena no solo se hace referencia a los genitales de ambos sexos, sino que también se podrá observar que algunas zonas erógenas que se tuvieron en el pasado habrán evolucionado y se manifestarán en la vida adulta como se explicará a continuación.

Después de los doce y alrededor de los quince años los jóvenes empiezan a tener sus primeras relaciones, estas empiezan sentimentalmente intentando satisfacer de una forma parcial los impulsos que vienen del inconsciente. Aquí es donde se puede dar un buen ejemplo de como las zonas erógenas han evolucionado ya que se siente “placer de mirar, de mostrarse, de acariciar, de sentir el olor del otro” (Nasio, 1996, p. 61). Se puede tomar como referencia de esto y de la continuidad de las zonas erógenas cuando las parejas manifiestan placer y muestra de afecto mediante besos, ya que aquí están saciando un impulso que viene de una zona erógena que está presente desde el momento de nacer como es la boca. De aquí se puede inferir que el goce que se sentía al succionar cuando niños es remplazado por los besos a la pareja deseada.

En esta parte de la vida, la pareja del individuo se interpretará como un “objeto fantasmatizado” (Nasio, 1996, p.63). Objeto que está casi siempre presente en nuestros placeres parciales ya descritos anteriormente (besos, caricias, etc.). En este punto es válido aclarar que los objetos fantasmatizados u objetos de deseo cambian con los años, considerándose el seno materno como el primer objeto de placer.

Siguiendo con el tema de las parejas es importante definir varios términos que pueden ser un poco confusos al momento de hablar de la sexualidad  y que puede dejar más claro este punto. Estos conceptos son: la necesidad, el deseo y el amor. Aunque son conceptos muy distintos, al momento de asociarlos con las parejas se pueden confundir mucho, hasta el punto de explicarlos de la misma forma.

Una buena forma de empezar a explicar estos conceptos es con el de la “necesidad” ya que así se puede aclarar la diferencia entre placer orgánico y placer sexual. Partiendo de esto se puede decir que la “necesidad” es “la exigencia de un órgano cuya satisfacción se cumple realmente con un objeto concreto” (Nasio, 1996, p.62). De esta forma el concepto necesidad se daría para saciar un placer orgánico y un buen ejemplo de esto sería cuando se come pizza, tomando el hambre que se tenía antes de consumir el alimento como la necesidad orgánica y la pizza como el objeto en concreto para saciar este deseo.

Ahora se explicará el concepto de “deseo” partiendo de la explicación que “El deseo, en cambio, es una expresión de la pulsión sexual o, para decirlo mejor es la pulsión sexual misma” (Nasio, 1996, p. 62). Como pulsión sexual debe buscar siempre alcanzar el placer absoluto, esto como se explicó anteriormente es el incesto. Pero como el inconsciente nunca alcanza dicho placer, este se conforma en saciarlo con otro cuerpo que como el mismo, también tiene deseo. Un ejemplo de esto es el que se dio anteriormente de las parejas, ya que aquí ambas están saciando una pasión de deseo con la otra persona.

Ya por último se puede explicar el amor como “un apego al otro, pero de carácter global” (Nasio, 1996, p.63). A diferencia de la pulsión sexual (el deseo) que tiene su lugar de satisfacción en una zona erógena, el amor no tiene zona erógena explicita.

Teniendo estas palabras claras se empezará a hacer un análisis de cómo una relación entre dos personas pasa por dichos conceptos hasta lograr un gran apego que podría considerarse amor, saciando de esta forma el impuso sexual de ambos individuos que compone la relación.
 
Cuando dos personas empiezan una relación es porque sienten una atracción que podría traducirse en deseo.  Este deseo como se explicó anteriormente es una pulsión del inconsciente que se puede satisfacer con otra persona que también desea, en este caso la pareja. Otro punto importante que ya se explicó anteriormente y que se puede pasar a este ejemplo tan cotidiano  como es una relación, es la satisfacción parcial del deseo. Y es que el inconsciente al no poder descargar todo el impulso que tiene sexual, se conforma con utilizar la pareja como objeto de deseo y realizar acciones como los besos las caricias, las miradas, entre otras manifestaciones de afecto para saciar parcialmente dicho deseo.

Posteriormente en una relación, cuando ya lleva tiempo y muchos momentos de satisfacción parcial de deseos (como los mencionados anteriormente), empieza una clase de “conexión” o apego hacia esa persona. Esta conexión no necesita de una zona erógena ya que se trata de un apego meramente sentimental que en otras palabras y en los términos anteriormente descritos es el “amor”.  Este proceso que se acaba de describir, que empieza con una simple atracción y llega  a un “alto” nivel como es el amor, es la evolución de una relación de pareja, la cual se realiza de una forma inconsciente.

Con este trabajo se puede concluir que las pulsiones sexuales que vienen del inconsciente intervienen en muchos aspectos de nuestras vidas, ya que se puede decir que el ser humano está en una constante búsqueda de placer continuo, y el mejor ejemplo de esto es una relación de pareja. Porque cuando un individuo está en la búsqueda de conquistar a esa persona deseada, elementos como miradas o cariseas hacen parte de un placer parcial. Y no solo en el momento de conquista se siente estas clases de placer, ya que, al tener una relación establecida, con más razón, existe una gran confianza y se podrá satisfacer estos deseos partiendo de los besos y caricias iniciales hasta llegar a la relación sexual.

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Referencias


- Guzman Rivera, C. (2008). www.tesis.uchile.cl. Obtenido de http://www.tesis.uchile.cl/tesis/uchile/2008/guzman_c2/sources/guzman_c2.pdf
- Nasio, J. D. (1996). El placer de leer a freud. España: Gedisa .




lunes, 27 de junio de 2016

118 - EDIPO Y EL PADRE - EL PAPEL ESENCIAL DEL PADRE “No todo se ha perdido”


EDIPO Y EL PADRE*

Ya habiendo tocado lo referente al padre para comenzar, desde lo social y lo individual, se sabe que en la estructura familiar un padre sin familia es apenas un hombre, al padre lo construye y le da tal estatuto es la familia, y dentro de la familia, la madre y el o los hijos.

En este punto es fundamental dirigir la mirada y explayarla hacia la estructura primaria de la sociedad, para luego detenerse en lo que el psicoanálisis, el padre y los demás tienen como función en ella.

Con Edipo y el Padre, Freud construye a partir de lo simbólico la trama familiar y habla de la tragedia griega escrita por Sófocles para mostrar la relación con la verdad no sabida y velada por el inconsciente. El mito de Edipo Rey tomado por Freud habla de una tragedia consumada a partir de la ignorancia, es apresurado simplificar este evento diciendo “el hijo se enamora de la madre y quiere matar al padre” o al contrario en la niña “la niña se enamora del padre y odia a la madre”, esto es más profundo y complejo porque justamente es inconsciente, se verá la razón a continuación citando el mito de Sófocles.
Para iniciar el primer relato del libro cuenta:

Delante del palacio de Edipo, en Tebas. Un grupo de ancianos y de jóvenes están sentados en las gradas del altar, en actitud suplicante, portando ramas de olivo. El sacerdote de Zeus se adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de dos ayudantes y contempla al grupo en silencio. Después les dirige la palabra” (Sofocles (SA) P. 3)

Aquí se percibe el suspenso propio de una tragedia, y es que Edipo describe además de un complejo, una tragedia que afecta a todo el reino, es por eso que acuden a él ancianos y jóvenes, para suplicarle que hiciera algo por ellos. La palabra que les dirige es una pregunta: ¿Cuál es la causa de que estéis así ante mí?, ¿el temor, o el ruego? Piensa que yo querría ayudarlos en todo. Sería insensible, si no me compadeciera ante semejante actitud. (Ibid)

Con esto se puede notar lo inconsciente, lo que habita detrás de los velos y que marcó en Edipo su tragedia, él no sabía y en posición de rey debía resolver la maldición que había caído ante su reino. Desde allí entonces comienza el relato de Sófocles a exponer la trama.
Es importante leer el texto completo, además que es corto, para entender toda la tragedia, sin embargo aquí se extraerá lo fundamental con el fin de dar una introducción propia a lo que significa el Complejo de Edipo desde el mito original para luego entrar en la conceptualización desde el psicoanálisis.

Todo esto es atravesado por el oráculo, un grupo de sacerdotisas que adivinaban el futuro y presagiaban los hechos venideros, y así fue que Layo y Yocasta futuros padres de Edipo mandaron a consultar el oráculo y la comunicación fue que no podían tener hijos porque un hijo varón iba a matar a Layo. Pasó el tiempo y Layo embriagado tuvo sexo con Yocasta que quedó embarazada consciente de que los dos tendrían que matar a ese hijo; nació él, y no lo mataron por sus propias manos, sino que enviaron a un sirviente a que lo hiciera, él no pudo por piedad y a cambio de eso lo arrojó por un lugar desolado y fue recogido por un hombre y llevado a otro palacio donde creció y se volvió caballero.

Hasta aquí lo que sucedió con ese hijo, fue expulsado de la realidad hacia la muerte, pero dejado en manos del destino.

Lo que sigue al pasar el tiempo fue la tragedia:

[habla el Rey Edipo recordando lo que sucedió, viéndose confrontado por el sacerdote de Zeus y Tiresias el adivino] En mi caminar llego a ese lugar en donde tú afirmas que murió el rey (Layo). Y a ti, mujer, te revelaré la verdad. Cuando en mi viaje estaba cerca de ese triple camino [aquí se interpreta la triada madre, padre e hijo del Edipo freudiano], un heraldo y un hombre, cual tu describes, montado sobre un carro tirado por potros, me salieron al encuentro. El conductor y el mismo anciano me arrojaron violentamente fuera del camino. Yo, al que me había apartado, al conductor del carro, le golpeé movido por la cólera. Cuando el anciano ve desde el carro que me aproximo, apuntándome en medio de la cabeza, me golpea con la pica de doble punta. Y él no pagó por igual, sino que, inmediatamente, fue golpeado con el bastón por esta mano y, al punto, cae redondo de espaldas desde el carro. Maté a todos. (Ibid, P36-37)

Edipo mata a Layo sin saber que es su Padre, ocupa el trono de este y se apodera de la que era su esposa, ocupa el reinado de Tebas. Así fue como se organizó la verdad no sabida y fue hasta sus últimas consecuencias, tuvo cuatro hijos con ella, dos hombres y dos mujeres.

Cuando esta verdad es revelada, y todos los hechos asociados y encadenados viene la verdadera angustia del Edipo Rey, esta angustia fue también acompañada por Yocasta en igual dimensión, Yocasta se precipita al palacio y se ahorca:

Cuando él la ve, el infeliz, lanzando un espantoso alarido, afloja el nudo corredizo que la sostenía. Una vez que estuvo tendida, la infortunada, en tierra, fue terrible de ver lo que siguió: arrancó los dorados broches de su vestido con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó con ellos las cuencas de los ojos, al tiempo que decía cosas como estas: que no le verían a él, ni los males que había padecido, ni los horrores que había cometido, sino que estaría en oscuridad el resto del tiempo para no ver a los que no debía y no conocer a los que deseaba. (Ibid, P.57)

Toda esta exposición del mito tiene como objetivo pesquisar el punto de donde Freud extrae de este mito lo inconsciente, la muerte del padre y el suicidio de la esposa-madre. Se repite entonces que todo este acto es un acto inconsciente, sin darse cuenta, nadie sabía hasta que sucedió.

Seguidamente a esto entonces se dará la exposición del complejo de Edipo en Freud y cómo este es retomado por Lacan, todo esto atravesado por el lugar que ocupa el padre en el mismo.

Freud adopta esta tragedia para explicar lo que pasa en el alma humana y en la organización subjetiva de la familia, plantea lo que antes se nombraba como la triada Madre – Padre – Hijo en un triángulo donde opera el complejo de Edipo.

“El hijo, ya de pequeño, empieza a desarrollar una particular ternura por la madre, a quien considera como su bien propio y a sentir al padre como un rival que le disputa esa posesión exclusiva; y de igual modo, la hija pequeña ve en la madre a una persona que le estorba su vínculo de ternura con el padre y ocupa un lugar que ella muy bien podría llenar” (Freud, 1910). Extraído de: Vega, V (2015) P. 3.

Esta es la exposición del Edipo freudiano, lo importante que hay que mirar aquí es el sentir, el registro del sentimiento que se presenta en el complejo de Edipo, de esto ni siquiera el niño es capaz de hablar, él vive en un continuo intercambio de pasiones, no resiste en los primeros años que un desconocido se acerque a la madre o al padre en el caso de la niña.
Esta es la parte positiva del complejo donde hay celos, iras y angustias, sin embargo la autora habla de una parte negativa del complejo y dice que:

[…] consiste en deseos amorosos hacia el progenitor del mismo sexo y; celos y hostilidad hacia el del sexo opuesto. La descripción del Complejo de Edipo en su forma completa le sirve a Freud para dar cuenta de la ambivalencia que el niño siente hacia sus padres; así como el desarrollo de los componentes hetero y homosexuales; cuestión que luego es retomada como trabajo propio de la adolescencia y que consiste en transitar el camino hacia el encuentro con el sexo y el desasimiento de la autoridad parental. El Complejo de Edipo y el de castración son reeditados en la adolescencia y marcan la tarea de la diferenciación de las posiciones femeninas y masculinas. (Ibid)

La parte negativa estaría determinada entonces por la elección de objeto invertido, determinando la vida del sujeto para sus futuras relaciones con la sexualidad y el amor. Como Vega lo cita, todo esto le sirve a Freud para darle argumentos a sus observaciones clínicas y su propia experiencia con el nuevo descubrimiento, el psicoanálisis. No su autoanálisis, pues él no pudo tratarse solo, sino que lo hizo por medio de la letra y la correspondencia con su amigo Fliess.

La elección del camino sexual estaba para Freud puesta en evidencia desde la relación que cada sujeto hubiera tenido en el complejo de Edipo, hoy en día no es diferente, todas esas marcas inconscientes que no cesan de operar en el exterior y en el interior de cada uno, las relaciones sociales y sentimentales que se establecen, son altamente influenciadas por aquella vivencia.

Aquí en esto, también aparece la autoridad y la tarea de cada sujeto de la sociedad por separase de aquella relación  edipica con los padres y ser un hombre o una mujer con su propio deseo, ya no con un deseo prestado donde se puede quedar atrapado.

Pero hasta aquí sólo se ha hablado del complejo de Edipo en el niño, como regularmente Freud lo hizo, por su cultura, una cultura del Hombre con H mayúscula donde primaba la primacía del hombre sobre la mujer, pero con todo y esto, las mujeres siempre han existido, bien sea en su lugar relegado frente al hombre, haciéndole un contrapeso a aquel o simplemente yendo en contra con furia, como fue el caso de las feministas.

¿Qué hay de la experiencia edipica en la mujer o en la niña?. Marina Recalde escribe un texto llamado Del Edipo a la Sexuación donde describe históricamente el paso de Freud por la teorización.

El primer tiempo (1905-1923) donde expone la premisa fálica de niños y niñas, todos por igual, ”Sin embargo, el –El tabú de la virginidad – distingue una fase masculina en la mujer, durante la cual le envidia al varón su pene” (Recalde, M (1995)).

El segundo tiempo (1924-1930):

Freud se pregunta por la disolución del complejo de Edipo –que pone fin a la premisa fálica- su teoría empieza a tambalear. En –El sepultamiento del complejo de Edipo- establece entonces una disimetría. Para el varón el complejo de Edipo se va a pique por la amenaza de castración. Para la niña…” (Ibid)

En este punto la autora evidencia una limitación de la investigación freudiana frente al complejo de Edipo, ¿qué pasa con la niña?, Recalde expresa que en Freud hay una oscuridad al respecto y un silencio durante años.

Lo único claro es que no se produce de igual forma que en el varón. La niña acepta la castración como algo consumado. Freud mismo se encarga de aclarar que tanto el deseo de poseer un pene como el de recibir un hijo permanecen en el inconsciente y contribuyen a preparar al ser femenino para su posterior papel sexual. (ibid)

El asunto se complejiza para Freud y para todos, entender en la clínica y luego en lo social, el papel de la pérdida que hay que simbolizar e inscribir. La operación pene – hijo, perdida o bien preciado que se realiza necesariamente en el alma de cada uno, cayendo luego al campo de los recuerdos o al sin voz del olvido.

La autora expone tres salidas en la niña que Freud plantea:

[Son] el complejo de masculinidad, la inhibición de la sexualidad y la salida –femenina- -vía la ecuación simbólica pene-hijo. Este deseo de tener un hijo del padre posteriormente tendrá un antecedente: en primer término fue un reclamo dirigido a la madre. Se redimensiona entonces la relación con la madre, que ahora resulta ser lo primario. El Edipo es secundario. (Ibid)

Se nota pues que el Edipo freudiano cambia si es en un niño o en una niña, establece diferentes maneras de como cada uno o una se relaciona con esa experiencia fundante, tal vez es por ello que las mujeres establecen una relación con la madre desde el resentimiento y la envidia, no siendo muy diferente en el hombre.
Hasta aquí la teorización del complejo de Edipo en ambos sexos desde la teoría freudiana, en síntesis se puede decir que cumple diversas funciones como:

a) El hallazgo de un objeto de amor que deriva de las investiduras de objeto primarias.
b) La consolidación de identificaciones secundarias que resultan del Complejo de Edipo tras haber resignado a los padres como objetos incestuosos.
c) el acceso a una genitalidad posterior ya que en la etapa fálica se trataba de la instauración de la primacía del falo y no de la genitalidad.
d) la constitución de las diferentes instancias, especialmente la del superyó (como introyección de la autoridad paterna) que marca las prohibiciones de incesto y parricidio, así como también la constitución del ideal del yo (Ibid)

Para finalizar se dice entonces que el resultado del complejo de Edipo es la identificación y la inscripción en la cultura por la resignación de un viejo deseo incestuoso, trámite que se realiza para no caer en la ignorancia y cumplir el designio de Edipo, que asesinó a su padre sin saberlo. Cabe decir también que esta operación la impulsa la cultura, ya que en la sociedad, al menos occidental, está inscrita psíquicamente esta ley.

Mirando a Lacan, se puede pensar que las cosas funcionan más profundamente ya que deja de lado el mito y piensa las cosas desde lo estructura:

Se trata de una estructura en tanto es una organización con funciones y donde cada personaje se define en relación al otro y al lugar que ocupa. El Edipo es entonces entendido como estructura y el falo es el significante que articula y circula. Este falo que circula como falta en la estructura es el falo simbólico; mientras que aquel que atiende a la subjetividad del niño del primer tiempo del Edipo (ya veremos) es el falo imaginario. Por ello, cabe recordar que un elemento no es imaginario o simbólico en sí mismo sino en relación a su articulación con otros elementos. (Freud, 1910). Extraído de: Vega, V (2015) P. 5-6.

Lacan establece otro orden, y es el orden del lenguaje, pensando el inconsciente como estructurado como un lenguaje, y no es que desconozca o haga de lado el mito, pues el mito es una creación del lenguaje y hace parte de lo simbólico, sino que descubre por ese mismo orden que hay un pre-edipo, en donde ya se encuentra el niño construyendo su fase psíquica inconsciente.

Alrededor de aquella experiencia humana fundante, como ya se dijo, Lacan pone el acento en el falo y en la metáfora paterna. “Es decir que el elemento organizador de la sexualidad humana no es el órgano genital masculino sino la representación construida sobre esta parte anatómica del cuerpo del hombre” (Nasio, J (1996) P. 46).

Aquí Nasio acompañado por Lacan hace la distinción de los tres falos, imaginario, simbólico y real y dice que el tercero pasa a ser el menos importante en la dinámica psíquica. “La forma imaginaria del pene, o falo imaginario, es la representación psíquica inconsciente que resulta de tres factores. Anatómico, libidinal y fantasmático” (Ibid)

En el complejo de Edipo entonces lo que está en juego es este significante, que como todo significante se intercambia, se desliza y se escurre en la lógica del lenguaje y en el deseo.
Los tres factores antes nombrados son supremamente importantes para conformar en el niño y la niña su experiencia edipica. La parte anatómica es “lo que resulta del carácter físicamente predominante de este apéndice del cuerpo y que confiere al pene una fuerte pregnancia, a un tiempo táctil y visual” (Ibid)

El Falo anatómico y por lo tanto real es “[…] la “buena forma” peniana […] que se impone a la percepción del niño bajo la alternativa de una parte presente o ausente del cuerpo” (Ibid)
La parte libidinal del falo es la que suscita “los frecuentes tocamientos autoeróticos del niño, y la parte fantasmática es la que está ligada “a la angustia provocada por el fantasma de que dicho órgano podría ser alguna vez mutilado” (Ibid. P.47)

A partir de todo esto se hace fácilmente comprensible el hecho de que el término “pene” –vocablo anatómico- resulte impropio para designar esta entidad imaginaria creada por la buena forma de un órgano pregnante, el intenso amor narcisista que el niño le confiere y la inquietud extrema de verlo desaparecer. (Ibid)

Siguiendo con Lacan en este punto se expondrá entonces lo que trasciende a Freud en la teorización psicoanalítica y es que para Lacan como se dijo antes existe un momento pre-edipico y habla de tres tiempos para explicarlo:
El primer tiempo:

Corresponde a la fase del espejo, momento de la construcción de un cuerpo en un espacio imaginario. El niño se encuentra en una relación completa con su madre e intenta identificarse no con la persona, sino con lo que supone es el objeto de deseo de la madre, esta es una identificación imaginaria. El niño quiere ser el objeto de deseo de la madre y entonces su deseo queda así alienado al deseo del Otro. Al objeto de deseo de la madre. (Vega, V (2015) P.6)

Este tiempo es donde el niño está en íntima relación con la madre, se siente cautivado con su mirada y cree que en esa relación él le puede dar algo o puede ser algo para ella, se identifica con ese objeto que él supone le falta en las tres dimensiones, anatómica, libidinal y fantasmática.

La madre castrada, se siente completa a través del hijo y por eso lo ubica en el lugar del falo. Se arma entonces un círculo completo, donde la falta no existe. El niño es el falo de la madre y la madre dicta la ley que es la del deseo del hijo. En este tiempo desde el niño, no existe aún una ley simbólica, sino la ley arbitraria de la madre; pero la madre sí está atravesada por la metáfora paterna, ley simbólica del padre. (Ibid)

Ley y deseo se fusionan para tener a ese objeto-hijo encadenado al deseo de la madre que está en su reino. En este tiempo el padre no opera y está a la espera, al acecho. La madre sabe que ella no puede ser toda Madre, que ese momento de éxtasis se acabará, y que tiene que volver a ser mujer además de madre, ya que ella si conoce la ley y la metáfora paterna, la castración.

Ha sido discutido lo que crea este primer tiempo del Edipo en un sujeto, el estar encadenado al deseo de la madre como lo estuvo Zeus en el monte olimpo por su esposa Hera porque había sido infiel, esta es una posición que en lo psíquico no permite desarrollar al niño completamente y si pasa el tiempo seguramente esta operación dará como resultado una psicosis.

En el segundo tiempo:

El padre ingresa como agente que priva y desprende al niño de la relación imaginaria con la madre. La función del padre es la privación, priva a la madre de su ilusión fálica (la madre ya no tiene el falo a través del hijo) y priva al niño de la identificación imaginaria al falo (el niño ya no es el falo de la madre). El padre asume él mismo un lugar de fortaleza y omnipotencia. Con la acción de privación se inicia la castración simbólica, y tanto el niño como su madre pierden su valor fálico. Para que la privación sea efectiva es necesario que la madre se dirija al padre y que el padre no quede dependiente del deseo de la madre (Ibid. P.7)

De lo que se trata entonces aquí es de la privación, de acabar con la esperanza de madre e hijo sobre su completud, el padre hace caer la ilusión y entra a operar la castración simbólica, lo que parafraseando a Freud es “búscate a otra mujer, tu madre es mía”, esa castración crea también una angustia en el niño.

El padre se manifiesta en el discurso de la madre y es soporte de la ley, fundando una legalidad. Según Lacan, éste es el fundamento y el punto nodal del Complejo de Edipo. La madre no tiene ahora una ley arbitraria que le es propia, sino que queda remitida a la ley de Otro, que posee el objeto de su deseo. Esto lleva al niño a rivalizar con él por el deseo de la madre. La disputa es en relación a ser o no ser el falo de la madre. El padre se constituye como agente real de la castración. Dice Lacan: “Sólo el juego jugado con el padre, el juego de gana el que pierde, por así decirlo, le permite al niño conquistar la vía por la que se registra en él la primera inscripción de la ley”. (Lacan, 1957, p. 184). (Ibid)

Lo que sucede en este en segundo tiempo, compete más a la madre que al hijo, pues es ella la que se ve exigida por el padre a renunciar a ese deseo, el de tener el falo, y tener el objeto en el hijo, el padre lo que realiza aquí es un corte, a ese lazo deseante entre la madre y el hijo por medio del significante del Nombre-del-padre, que no es otra que darle orden a lo simbólico, y anudar en el nudo borromeo los registros, simbólico, imaginario y real para, no cometer el incesto como lo hizo Edipo e introducir el orden en la familia, porque de lo que se trata esto es de introducir un orden inconsciente y afectivo en la familia, no dejar que nada se salga de los rieles y mostrar lo que habita más allá del otro, se diría, una ley, Otra, cultural y social.

De todo esto surgen muchos afectos como son la angustia, los celos, la ira, el amor, la ternura, entre otros.

En el tercer tiempo se establece un orden producto de la castración anterior:

De él depende la salida del Complejo de Edipo aunque para Lacan no se trata de un sepultamiento, a la manera de Freud, sino de definir una posición como sujeto deseante. La castración simbólica del segundo tiempo, culmina con el reconocimiento de la falta en la madre. Ahora el padre es portador del falo, lo tiene pero no lo es y a su vez, depende de una ley exterior. El falo se encuentra por fuera del padre, en la cultura. Lacan considera, al igual que Freud, que la salida del Edipo se produce favorablemente si el niño se identifica con el padre (de quien deriva el ideal del yo) y el niño pasa de ser (del falo de la madre) a tener. Este paso del registro del ser al del tener es lo que da cuenta de la instauración de la metáfora paterna y de la presencia de la represión originaria. La instauración de la metáfora del Nombre del Padre posibilita al niño el acceso al lenguaje, al orden simbólico. (Ibid. P.8)

De esta manera un sujeto pasa por la experiencia edipica, cruzando ese río deseante que puede desembocar en cualquier parte, secarse o seguir el rumbo establecido. Todo esto termina en este tercer tiempo que es el tiempo donde nadie es exclusivo del falo por su dimensión imaginaria y la relación con la falta, de allí como lo dice la cita anterior, nace un sujeto barrado, deseante, atravesado por el lenguaje y el deseo del Otro.

Con la anterior exposición del Complejo de Edipo partiendo del mito mismo y pasando por la teorización psicoanalítica se da cuenta de lo que significa para cada uno este momento inconsciente.

En todo este recorrido del Complejo de Edipo, se nota que cada sujeto tiene su función, que cada miembro de la familia aporta su cuerpo y su alma al pasar por él, sin embargo aquí lo que concierne es la función del padre en el Edipo, así se tituló este capítulo, entonces ¿qué hay del padre? ¿La metáfora paterna? ¿Del padre Hoy?


EL PAPEL ESENCIAL DEL PADRE
“No todo se ha perdido”

Ya se habló de Edipo y su padre Layo, se habló de que el padre es el que priva, el que prohíbe y el que corta el deseo de la madre hacia el hijo y viceversa, que el hijo se debe identificar con él, pero la función del padre es más importante en el Edipo, “Freud privilegió hasta tal extremo la relación del varón con su padre que no vacilaremos en hacer del padre –y no de la madre- el personaje principal del Edipo masculino” (Nasio, J (1999) P. 79)

Para Freud, citado por Nasio, lo importante incluso para el deseo no es la madre objeto de deseo, sino el padre sujeto de deseo, que le permite a partir de la identificación con él, al niño, y futuro hombre, desear hacia el horizonte, más allá de las barreras edipicas. El padre es rivalizado, pero también es amado por medio de la admiración y la identificación.

El varón hace de su padre un ideal en el que él mismo quiere convertirse. Mientras que el vínculo con la madre  -objeto sexual- se alimenta del impulso del deseo, el vínculo con el padre –objeto ideal- descansa en un sentimiento de amor nacido de la identificación con un ideal. Estos dos sentimientos, deseo por la madre y amor por el padre, nos dice Freud, se acercan el uno al otro, “[…] terminan por encontrarse, y de esta confluencia nace el Edipo normal” (Ibid, P. 80)

Si el papel del padre es importante en el niño para su futura existencia, a manera de hipótesis se puede pensar que en el Edipo femenino es la madre el objeto de identificación y el padre el objeto de deseo, que la niña por medio de la rivalidad, admiración y amor hacia la madre puede construir su feminidad, puede ser mujer y no luchar con la idea de serlo.

Lo que trasciende las barreras edipicas es el amor y la identificación con el sujeto sea madre o padre, para que por medio de él o ella, se pueda encontrar un lugar en el mundo, y en la realidad borronea.

Lo esencial del Edipo masculino son las vicisitudes de la relación del varón respecto de su padre, y no –como generalmente se cree-, respecto de su madre, pues la causa más frecuente de la neurosis del hombre adulto reside en el vínculo perturbado con el padre. (Ibid. P. 81)

Si se piensa el paralelo del Edipo del hombre se puede hacer también con el de la mujer, pues la mujer tiene una relación muy estrecha y ambivalente con su madre.

Pensar que en el siglo XXI esto es diferente en cuanto al padre sería tener una percepción de las cosas bastante oscura, el Nombre-del Padre sigue existiendo en cada uno y a nivel cultural, la admiración, amor e identificación a él o a la madre, también sobrevive, pues esto es lo que da el orden en el mundo, y no se está viviendo en un desorden, o caos total, sino que las sociedades se establecen siguiendo una ley y una norma, o al menos hasta hoy eso sostiene que no se desate una tercera guerra mundial, que el fanatismo religioso no acabe con inmolar los cuerpos de la raza humana, a pesar de que hay asesinatos y masacres todo no se ha salido de control.

Al término de este recorrido, podemos entonces concluir que la noción del declive del padre en psicología es en gran parte un fantasma. Por falta de reconocer y de aceptar los avances sociales y políticos que constituyen la reducción del poder efectivo del patriarca en nuestras sociedades aun recientemente patriarcales, estos discursos se exponen a la nostalgia reaccionaria y excesivamente conservadora del pasado. (Piret, B (2006) P. 26)

El Padre ha cambiado su forma de operar, pero sigue marcando y estableciendo su función reguladora, de manera distinta y ya no como a finales del siglo XIX o principios del XX, que el orden era un orden hostil y sin piedad, y aun así no todas las generaciones fueron psicóticas, ya las sociedades se han organizado de otro modo, las redes de comunicación son sociales, lo privado se hace público y lo secreto, noticia. Ya se ha desplazado la idea de Dios para que surjan nuevas relaciones con lo espiritual, ya Dios no es el que castiga el pecado, nacen otras creencias, los extraterrestres, la reencarnación, y la compasión crean otras maneras de ver el mundo y de relacionarse con él subjetivamente, además que cambian hasta las enfermedades.

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REFERENCIAS

Recalde, M (1995) Del Edipo a la Sexuación Extraido de: https://es.scribd.com/doc/296449825/AAVV-Del-Edipo-a-la-sexuacion-pdf el 12 de junio del 2016
Nasio, J (1999) EL PLACER DE LEER A FREUD. Ed: Gedisa, Barcelona, España.
Piret, B (2006)  DEL MITO DE EDIPO AL MITO DEL DECLIVE DEL PADRE:
UNA CONTROVERSIA ACTUAL EN PSICOANÁLISIS Publicado originalmente en Palabra sin Frontera el 17 de octubre de 2006, recuperado el 14 de junio de 2016 desde http://www.psf-esp.com/spip.php?article28
Nasio, J (1996) ENSEÑANZA DE 7 CONCEPTOS CRUCIALES DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Gedisa, Barcelona, España.

*Autor: Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo Clínico psicoanalista candidato a Magister en Culturas y Droga