Este blog se escribe desde la subjetividad más que desde una posición objetiva, acá podrá encontrar artículos de diversa índole hechos a partir de la cotidianidad, del trabajo de un psicólogo clínico y psicoanalista, en carteles psicoanalíticos, lecturas realizadas, de contenidos de la Maestría en Culturas y Drogas de la Universidad de Caldas (Manizales, Colombia), de Docencia Universitaria para avanzar en la crítica del mundo contemporáneo.
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sábado, 11 de mayo de 2013
86 - Elogio de la masturbación* parte 2
"MUERTE A LOS ADEPTOS DE LA MASTURBACIÓN
Pero la masturbación y los placeres solitarios, tanto como los placeres del sexo en general, no escaparán al destino común. Fueron simples y felices en los tiempos de los clásicos y a principios de nuestra era se transformarán en faltas. Se convertirán en esos insoportables pecados que nos acosarán durante mucho tiemp en los secretos del confesionario. Los científicos, sin duda, febriles por una masturbación intelectual intensiva, se dedicarán a demostrar sus considerables peligros. La iglesia no parará hasta relegarla, las teologías hebreas la ven como un crimen merecedor de la pena de muerte. Con el tiempo las cosas empeorarán y la caza se intensificará. El despilfarro de semen está muy mal visto y el placer no entra dentro del programa salvo, en caso extremo, como epifenómeno de la procreación.
Inexplicablemente, la masturbación que, durante los siglos futuros ocupará tanto a los teólogos, conoce en el advenimiento del cristianismo algunas generaciones de tregua. No se habla de ella ni se alardea, pero nadie la prohíbe. A este respecto, los penitenciales, manuales utilizados por los confesores para vigilar y castigar a sus fieles, permiten seguir -casi al detalle- el rastro de la evolución de la masturbación en el curso de los siglos. Que se nos perdone, por tanto, nuestra obstinación por la Iglesia católica en el comentario de estos documentos que son reflejo de los estados mentales de una sociedad que no se decidirá a separar la Iglesia del estado hasta el siglo XIX.
Un indicio de la indiferencia por los placeres solitarios de los primeros penitenciales, que datan de la alta Edad Media, es la penitencia de sólo siete a cincuenta días por la confesión de la masturbación. El coitus interruptus, que se llama aún onanismo, está prácticamente ausente de los manuales de confesión. Por el contrario, las penas para los adeptos al sexo son muy altas: de dos a diez años de penitencia. Hacia el siglo XI empezamos a notar que la masturbación se ha buscado competidores: "El vicio contranatura, como un cáncer, ha conteminado a los hombres de iglesia... masturbación solitaria o colectiva, sodomía femoral o sodomía completa... Algunos lo han practicado con ocho o diez personas o más", indica un informe episcopal destinado al papa.
Los manuales de confesión, ávidos de detalles sexuales, prevén incluso la masturbación de un obispo en una iglesia, al que sólo castigan con cincuenta días de ayuno. Pero pronto la polición manual, como la llaman los confesores, se convierte en un pecado igual al de la fornicación, es decir el peor de todos, aunque algunos juzguen preferible a ese pecado que nadie puede consentir: las relaciones sexuales entre novios. Esta es también la época en la que confesores y eclesiásticos se entregan sin fin a esta apasionante casuística: ¿es mejor que los solteros tengan relaciones sexuales entre novios, más natural, o que practiquen la masturbación solitaria, que no implica a otro en la falta? Este debate fue rápidamente resuelto: durante siglos, los novios no tendrán derecho ni a la masturbación, ni a las caricias prenupciales, ni a nada.
En estos penitenciales encontramos también el indicio de la habitual confusión entre masturbación y coitus interruptus. Como éste último, la masturbación no se considera como una falta muy grave. Podría ser incluso una forma de evitar, según algunos, el infanticidio, triste corolario de la gran escasez de la época.
Pero con el tiempo, el fin de la escasez y la obsesión por la despoblación, la gravedad de la falta se acentúa. La contracepción se convertirá y seguirá siendo durante mucho tiempo "el" pecado entre todos los pecados, y por la confusión en el lenguaje, lafalta no podía más que repercutir sobre la masturbación. Los placeres solitarios son tan culpables que ciertos curas niegan la absolución a los "habituales". Hacia el siglo XV aparece la indolencia, que evocará durante mucho tiempo a la masturbación, "el pecado más grave contra la naturaleza puesto que impide la generación", dice un penitenciario".
Transcripción de: Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo
Fuente: Fuente: Bantman, B. BREVE HISTORIA DEL SEXO, Editorial: Paidós, Barcelona, España. P.84-86
miércoles, 8 de mayo de 2013
85 - Elogio de la masturbación* parte 1
"A la claridad del acto de la masturbación se opone la complejidad de las palabras para expresarlo"
Jaques Duché
"Hay palabras que no aspiran a la poesía. Ese gesto que tan refinadamente se ha llamado "placer solitario", esa actividad a la que tan delicadamente nos referimos como "pelársela" o "hacerse una paja", ha pasado a la posteridad con el feo nombre de masturbación. ¿Por qué entre tantas expresiones tan gráficas, extravagantes y pícaras, ha atravezado los siglos con ese vocablo tan poco poético? ¿Hay que ver en ello la advertencia de que con eso no se bromea? ¿Hay que adivinar, en esta poco elegante apelación, la señal del desprecio en el que se encerró durante largos siglos a la pobre masturbación?
La palabra tiene, sin embargo, la ventaja de ser clara, aunque sobre su etimología se enfrentan tres escuelas irreductibles. Para algunos el término viene del latín manus, que significa mano, y de stupare (ensuciar). Para otros, vendría más bien del latín mas (órgano genital masculino) y de turbatio (excitación). Los que apoyan el realismo afirman que significa simplemente "agitar con la mano" (de manus y turbere). Sea como fuere, el verbo aparece por primera vez en 1580 bajo la pluma de Montaigne, y la excelente Enciclopedia de de Diderot dedica, dos siglos más tarde, un extenso artículo, más bien liberal, a eso que denomina, esta vez, la manustupración.
La historia de la masturbación "esa horrible plaga que causa estragos", según expresión de monseñor Dupanloup, comienza con un herror del lenguaje: equivocadamente los intelectuales utilizan el término onanismo para designar elegantemente la masturbación. Onán no es, como hemos visto, el inventor de la masturbación sino del coitus interruptus que es, como sabemos, una de las formas más antiguas de contracepción (vease el arte del coito). En cuanto a la auténtica masturbación, podemos suponer legítimamente que su rastro se pierde, como se suele decir, en la noche de los tiempos. La mitología presupone que Hermes le dió la receta a Pan, enamorado sin esperanza de su inaccesible eco. Y Pan manifiestamente convencido por el sustituto, la enseñó a los pastores. Se dice también que Diógenes de quien nos preguntamos por qué buscaba desesperadamente a un hombre, se marturbaba en público y a pleno día. Las narraciones de la época constatan, apenas contrarias, que practicaba la masturbación riéndose, "cantando con su mano el himno nupcial", y alababa incansablemente ese gesto, que utilizado a tiempo, afirmaba, hubiera evitado la guerra de Troya "puesto que sólo depende de nosotros y no necesitamos a nadie para rascarnos la entrepierna". Este razonamiento no es muy delicado para la bella Helena, pero es más digno que ese cínico que respondió tranquilamente, cuando fue sorprendido en flagrante delito de masturbación: "Ruego al cielo que pudiera, frotándome el vientre, satisfacer mi hambre tan fácilmente".
La masturbación es, aparentemente, como todas las prácticas sexuales, tan antigua como la humanidad, y es también, de entre todas las actividades humanas, una de las más despreciadas, aunque también una de las más inofensivas. Esta mala reputación es el leitmovit de la historia del sexo en la era judeocristiana e incluso antes. Es cierto que encontramos, en algunos libros eróticos, alusiones e incluso introducciones precisas para una masturbación eficaz, pero las florituras no se mencionan nunca con la minuciosidad con que lo hacen los que se refieren al beso, las caricias y otras fantasías amorosas. Peor aún, la masturbación ha desatado a menudo las iras del cuerpo médicoy, es más, las de los eclesiásticos, a excepción de la masturbación mutua, que prefieren con razón llamar "caricias y preliminares" y que son lo mejor de la literatura erótica.
Cuando en 1951 Kinsey cifra en "un 92 por ciento al menos" el porcentaje de hombres americanos que han llegado al orgasmo por este medio, la masturbación se convierte, en el mejor de los casos, en un tema divertido y, en el peor, vergonzoso. Los juegos de manos son, según Kinsey, la más común de las prácticas (siendo un acto solitario, no utilizaremos la palabra relación) y se consideran aún como una costumbre vergonzosa que vuelve tonto y/o sordo al que la practica. Las estadísticas del doctor Kinsey; seguidas de otros trabajos, permitieron a la muy universal Enciclopedia Británica anotar que "las críticascontra la masturbación van en descenso, y muchos investigadores en ciencias del comportamiento sexual admiran sus cualidades, su naturaleza agradable, sedativa e hipotensa".
Este cambio de tendencia no engaña a Wilhelm Reich, incansable intérprete trotskista del sexo, que encuentra sospechosas las alabanzas que llueven súbitamente sobre la masturbación: ¿no será que la masturbación tiene como principal virtud la de evitar, para satisfacción de los padres, las relaciones amorosas de los jóvenes? De ahí a hacer de ella el guardián amoroso de la moral burguesa, cultivador de la virginidad, no hay más que un paso. "La masturbación es mejor que la continencia -decía Reich en 1930-. Pero a la larga es insatisfactoria y desagradable, porque la ausencia del objeto del amor se convierte rápidamente en algo doloroso".
Pero esto no importa. Cuando Kinsey y sus discípulos empiezan a hablar simplemente de ello, nos libramos de una buena. En la larga historia de la masturbación se encuentran a duras penas unos pocos defensores, un manto de silencio incómodo, un puñado de indiferentes y una lista interminable de censuradores dirigidos por la iglesia y la ciencia, luchando en nombre de la moral y la salud.
Sin embargo las cosas empezaron bien. En el antiguo Egipto se celebraba la masturbación que permitió al dios Sol concebir a la pareja original. Y si admitimos que Onán no era un masturbador sino un contraceptor, el Antiguo Testamento no hace, por su parte, ninguna alusión a la masturbación, que no forma parte de los pecados de Israel. Lo que no impedirá, más tarde, a los judios religiosos perseguir con sus represalias esta "improductiva eyaculación".
Los griegos, si bien no manifestaban el entusiasmo de Diógenes, la veían, con su famoso sentido de la moderación como una especie de válvula de seguridad, tanto para los hombres como para las mujeres. La palabra "olisbos", que designaba al predecesor del vibrador, era innegablemente de origen griego. Se asegura que el objeto fue inventado por los lesbios y sobre todo por las lesbianas que vivían en la isla de Lesbos. Las atenienses , desatendidas por sus esposos que se ocupaban de hetarias y prostitutas, se pasaban las señas de los fabricantes de reproducciones, de madera más o menos noble, de óganos masculinos. Un poco más tarde, los frescos eróticos de Pompeya muestran a los romanos perfectamente curtidos en el arte de la masturbación solitaria (un poco) y recíproca (sobre todo) y sin ningún miedo a las acrobacias. El manual de erotología clásica de Forberg nos enseña que la masturbación se hace, para los romanos como para todos, con la propia mano (preferiblemente la izquierda) o con la mano de otro o de otra. Nos recuerda que Príamo eyaculó de esa manera y cita algunos versos del semidiós:
Eso que veis húmedo en este órgano
Por el cual certifico ser Priamo
No creáis que sea llovizna o rocío
Es de él mismo que se alivia
Con el recuerdo de una complaciente doncella.
Esta indulgencia divina es menos extraña de que parece. El imperio romano en su apogeo se admira por el falo en erección. Por cierto, no se le llama falo sino fascinus término con connotación admirativa que designa al órgano en erección y se opone al flácido y patético mentula. El fascinus se convierte incluso en el amuleto y estandarte de Roma. "Mi pene es más preciado que mi vida", profiere un lema romano. Un generalse fue a la guerra con un gigantesco falo de oro esculpido en su carro. Príapo, cuyo fascinus es gigantesco, es un dios muy popular. ¿Por qué entonces, en un contexto tan condescendiente, sería indigno tocar un órgano tan noble?
"Créeme, este órgano no se dirige como se dirigiría un dedo", instruye el poeta Marcial a un amigo que como todo buen romano, se carcome por el terror a la impotencia. Pero el mismo poeta piensa que no se está nunca mejor servido que por uno mismo y reprocha a su mujer no ser bastante habilidosa:
No eres digna de ayudarme en la tarea ni con una palabra ni con tus dedos
Parece que estés preparando incienso y vino.
Para los antiguos, la masturbación a dos es uno de los mejores momentos del amor. "Nadaes mejor que la caricia de una mujer experta en el arte de tocar suavemente los testículos y acariciar delicadamente el trasero" dice un poema latino."
Transcripción de: Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo
Fuente: Fuente: Bantman, B. BREVE HISTORIA DEL SEXO, Editorial: Paidós, Barcelona, España. P. 79-84.
martes, 20 de noviembre de 2012
79 - Historia de la homofobia a propósito de la actualidad.
Es bien conocido, sospechado y algunas veces negado por otros, que a la humanidad la marca una historia, escrita con sangre o con olvido, pero al final, historia. A continuación se transcribirá un pedazo de ella de acuerdo a la tan hipócrita sociedad actual:
-Como
tengo dos mentes,
Mi
buen ángel es un hombre,
De
una gran belleza
Y
mi ángel malo
Es
una mujer morena-
WILLIAM
SHAKESPEARE
“-El
estatuto de homosexual en el curso de la historia, se ha visto sometido a
fuertes fluctuacione-, según anota la Encyclopedia
Universalis. Esto es un eufemismo. Veintitrés siglos separan al espléndido
Alcibíades, homosexual venerado por los griegos
y seductor omnidimensional, de Oscar Wilde, arrastrado a la cárcel por
el padre de su amante, quien además le había estafado. Su desgraciada aventura
nos ha dejado algunas obras maestras, pero los caminos del progreso son a
menudo impenetrables. Esas grandes fluctuaciones son históricas, mejor aún,
sociales. Homos o héteros, los débiles suelen ser los que más sufren la
represión. El famoso estatuto de la homosexualidad, en este mundo hipócrita, es
ante todo un problema de clases. Los poderosos tienen indudablemente menos
problemas y se aman como les parece bien, o casi. Ricardo Corazón de León, que
prefería a los hombres nunca fue molestado, y el arzobispo de Orleans cuyos
gustos no eran un secreto para nadie, recibía el ridículo apodo de Flora. Pero
en la misma época, un tal Enrique III vació, con toda impunidad, las arcas del
reino por sus favoritos. Pero Léonard Moreuil, cirujano homosexual, fue colgado
y estrangulado, mientras que una mujer que acostumbraba a vestirse como un
hombre y Nicolás Ferry, oscuro
comerciante borgoñés, fueron quemados vivos. Salvo algunas excepciones: Eduardo
II de Inglaterra muere empalado –tortura
donde un palo es introducido por el ano y sale por la boca de la víctima (la
negrita es mía)- denunciado por Isabel la cruel, que tiene violenta sed de
poder. Y durante el reinado de Luis XIV, cuyo hermano -Monsieur- es un
homosexual particularmente entusiasta, el tribunal de la cámara ardiente ve
desfilar por sus banquillos de toda índole: nobles y
plebeyos, burgueses y chusma. La moral quedaba salvaguardada y la injusticia y
la intolerancia se distribuían uniformemente.
El pene y la demoralización de
Ocidente, Investigaciones etnográficas sobre la saliva y los escupitajos, Bajo
el signo del sauzgatillo en flor, Guerrero tuerto y druida ciego. Aunque no salte a la vista, estos títulos
herméticos y folclóricos son obras que tratan del mismo tema: homosexuales y
homosexualidad. Una enciclopedia no
sería suficiente para contar todas esas
historias, mil veces desmesuradas, analizadas, comparadas, a veces bajo
aspectos tan marginales que su importancia corre el peligro de pasar
desapercibida para el profano. Pero la historia de la homosexualidad no es tan
botánica como sugieren esos títulos. La homosexualidad ha sido denominada
sucesivamente el mal francés, el vicio italiano, el buen vicio, el vicio árabe,
el pequeño defecto, etc., y no es ni un mal ni, evidentemente, una propiedad
nacional. En el curso de la historia los homosexuales han sido vistos como héroes,
como criminales, como perversos y, por fin, como enfermos. Después de un breve
pero inolvidable estado de gracia en el mundo precristiano, la homosexualidad
fue condenada a muerte por todo el Occidente cristiano desde el primer milenio.
A partir del siglo XIII, a los homosexuales se les pone regularmente en el saco
de los herejes y la homofilia es bautizada, con toda simplicidad, -crimen de
lesa majestad divina-. En el siglo XIX, con la separación de la Iglesia y el Estado,
la herejía se transforma en enfermedad pero, como obliga el puritanismo, la
homosexualidad seguirá siendo durante bastante tiempo sinónimo de todos los
vicios, como testimonia el emblemático proceso de Oscar Wilde y el silencio
casi unánime de los progresistas de su época. Los homosexuales seguirán siendo
vistos como enfermos antes de que la verdadera enfermedad se apodere de ellos.
En 1973, apenas diez años antes de la llegada del sida, los homosexuales
americanos logran que los médicos borren la homosexualidad de la lista de
enfermedades mentales. La palabra gay
que se pone de moda en California y en muchos otros sitios es la marca de esta
victoria.
La
historia de la homosexualidad es ante todo la historia de la homofobia. De esta
andanza, hecha de persecución y secreto, surgen algunos episodios
sorprendentes: el lugar tan especial de la pederastia ateniense, el cambio radical
de la cristiandad, el increíble acoso a los homosexuales del Nuevo Mundo. La relativa
libertad del Renacimiento y de los artistas y la conmoción del siglo XIX. Todos
ellos episodios que, con un fondo de represión, son el origen de la concepción
moderna de la homosexualidad.
¿Por
qué tanto odio? ¿Y por qué durante tanto tiempo? Los hombres de la prehistoria,
que no habían inventado aún la culpabilidad sexual, se representaban de dos en
dos, indistintamente hombres o mujeres. La primera pareja homosexual podría ser
incluso bíblica: el rey David y su amante Jonathan vivían en el siglo XIV antes
de nuestra era, aunque es muy improbable que su pasión fuera consumada. En la
china antigua se fomentaba la homosexualidad femenina la cual era también muy
apreciada entre los aristócratas de algunas tribus del Océano Indico. Sin
embargo, muy pronto aparecieron las primeras tendencias represivas.
Mucho
antes de la Grecia antigua, que hizo de ella una institución, la homosexualidad
fue castigada por los sumerios, en Egipto y por los asirios. Podemos deducir
por ello que la homofilia tiene la edad del Viejo Mundo. Y puesto que el simple
nombre de Sodoma ha pasado a la historia como la vergüenza bíblica, es señal de
que hubo en esta época, homosexuales menos felices que los griegos.
Es
cierto que los griegos no inventaron la homosexualidad, pero nos han legado
palabras como -erotismo-, -zoofilia- y -pederastia- que se pueden leer en
Homero. Curiosamente, ni homosexualidad ni heterosexualidad son términos que
procedan de la herencia griega. Estas dos palabras no aparecen hasta el siglo
XIX, bajo la pluma de un psiquiatra alemán. Es la época en que los
homosexuales, después de haber sido considerados como héroes, seres sumamente
refinados, gente normal, criminales, herejes, búlgaros, perversos, pasan a ser
considerados como enfermos mentales. La línea de pensamiento queda marcada:
primero se castiga, raramente se intenta comprender y cuando el grado de
civilización prohíbe –oficialmente- castigar, se intenta curar.”
Finalmente es una verdadera lástima que las sociedades con los sujetos que la conforman en el siglo actual sigan adentrandose por su tan disfrazado puritanismo en un cegamiento tan profundo y una ignorancia tan grosera. acá también la noticia que salió en el periódico el tiempo hoy 20 de noviembre del 2012:
http://www.eltiempo.com/politica/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12391764.html
Fuente:
Bantman, B. BREVE HISTORIA DEL SEXO, Editorial: Paidós, Barcelona, España.
Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo
martes, 9 de octubre de 2012
77 - El carácter psiquico del dinero (*La era del dinero)
Éste es el texto de cierre teórico que se ha basado como los otros del tema el carácter psíquico del dinero en el libro de Jack Weatherford llamado LA HISTORIA DEL DINERO, se recomienda al que quiera ampliar el tema que vaya a ésta fuente para ver el recorrido, y también lo que significa el cambio del dinero en la era virtual no ampliado en este espacio.
"Es algo decididamente nuevo, revolucionario...,
y tendríamos que estar todos muertos de miedo.
SHOLOM ROSEN, banquero"
"El dinero partió siendo una sencilla mercancía de cobre, de plata, de conchitas y oro; hoy en día incluye monedas y billetes, cheques y cuentas bancarias, las cifras de contabilidad e impresas en tarjetas de plástico, los destellos electrónicos en pantallas de computador y los dígitos almacenados en microprocesadores de silicio. Los diarios financieros monitorean con regularidad la oferta del dinero ya existente, valiéndose de múltiples definiciones de lo que puede ser el dinero y de cuándo debería incluir ítems como las emisiones de deuda pública, las cuentas bancarias y otros instrumentos financieros. Los expertos monetarios parecen algo confundidos sobre cómo definir hoy el dinero, mucho más cerca de cómo calcular su monto total.
Desde la invención del dinero hace unos tres mil años, la gente se lo ha disputado y ha librado batallas para conseguir tanto dinero como le sea posible, cualquiera fuera su forma: lingotes de oro, barras de plata, monedas de cobre, billetes o conchitas de caurí. El dinero nunca fue una herramienta inmóvil, pasiva, y nunca permaneció por mucho tiempo en el mismo lugar o en las mismas manos. Durante siglos, la mitología y la literatura occidentales han escrito la crónica de los goces y pesares de la gente en el proceso de obtener o perder grandes sumas de dinero, pero detrás de tales historias subyace otra historia incluso más importante: la de la lucha incesante entre los grandes países, las instituciones y las personalidades más poderosas por controlar la producción y distribución del dinero en sí mismo... y de determinar incluso la definición de lo que lo sustituye. En el curso de la historia, diversas facciones e instituciones han controlado la producción y regulación del dinero -el Estado y sus varias subdivisiones, la Iglesia o ciertas órdenes religiosas, las ligas de comerciantes y los gremios, las grandes familias de banqueros y los industriales privados, los bancos centrales de todo el mundo y los corredores de divisas- y cada cual ha ejercido un papel particular en cada momento histórico. Los seres humanos han batallado por el dinero no sólo porque nos provee de riqueza y lujos sino, lo que es más importante, porque confiere poder a sus amos. Es la llave mágica que mueve ejércitos enteros y montañas, que edifica castillos y cuidades, que controla la tierra, el agua y la atmósfera; que construye canales y despacha flotas de guerra, y es lo que permite detentar y perder un poder de la más variada índole sobre otros seres humanos. (lo subrayado y cursivo es mío)
El moderno sistema mercantil mundial se inició con los viajes de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo y los de Vasco de Gama a India. Por primera vez en la historia, los barcos surcaron los mares y arribaron a puertos situados en otros continentes, en una red mercantil de carácter global. Los viajes de Colón y Da Gama inauguraron la gran era mercantil del comercio internacional. La vía al poder y la riqueza en la era mercantil descansaba pues en la navegación y el comercio.
Transcurridos dos siglos de comercio global, las rutas se consolidaron y muchos competidores entraron a disputar el envío de especias y seda desde Asia a Europa, esclavos de África a América y plata y Azúcar de América a Europa. El control del comercio pasó de Portugal y España a Inglaterra, Holanda y otras naciones europeas. Poco a poco, en la segunda mitad del siglo dieciocho, surgió una nueva ruta hacia la riqueza, el desarrollo de la producción industrializada en Inglaterra. El centro de la actividad humana y la mayor fuente de ganancias se desplazó desde el comercio a la producción, un foco que perduró casi hasta finales del siglo veinte.
La riqueza pasó de los mercaderes a los industriales que fabricaban una serie de bienes, partiendo de los textiles y derivando rápidamente al acero y otros metales. En los términos de Karl Marx, el gran crítico del capitalismo industrial, el poder y la riqueza estaban en manos de quienes detentaban los "medios de producción": los propietarios de la fábrica. Durante el siglo veinte, la producción se centró en los bienes de consumo, desde los coches a principios de la centuria a los computadores al concluir la misma, y el aprovisionamiento continuo de armamento para las frecuentes guerras que dominaron todo el siglo.
Así como portugueses y españoles no pudieron mantener sus respectivos monopolios sobre el comercio global en los siglos que siguieron a Colón y Da Gama, los países industrializados no pudieron mantener su monopolio sobre la producción, que se difundió rápidamente en América del Norte y Japón y muy pronto al resto del mundo. La fabricación de bienes pasó de ser una novedad económica a algo dado. Antes de lo esperado, Brasil e India consiguieron sobrepasar en producción a sus antiguos amos coloniales. Los computadores y textiles podían fabricarse a precios más bajos en Malasia y en México que en Alemania o en Estados Unidos.
En las décadas finales del siglo veinte, quedó claro que la producción ya no lideraba la economía en la forma que lo había hecho en el siglo precedente. Los dueños de los medios de producción sólo rara vez eran individuos o familias, y por cierto que ya no conformaban una clase social específica. Las empresas pertenecían a millones de accionistas: desde los jubilados, que viven de un ingreso fijo y limitado, a los billonarios con acciones en un centenar de corporaciones.
En el sistema emergente, el poder fluye bajo el control de una nueva casta de financistas que posee o solamente controla grandes sumas de dinero a través de las firmas de corredores, los bancos, los planes provisionales, las compañías de seguros o las administradoras de fondos mutuos. Ya no mueven especias, seda o esclavos alrededor del mundo en mayor grado que lo que controlan la producción de misiles videograbadores o cafeteras. Controlan el flujo de dinero o, más exactamente, la forma del dinero. Después de que el dinero ha cambiado del metal y el papel al plástico y los chips, estos financistas controlan su conversión de una divisa a otra, su transformación de acciones en bonos municipales, de certificados de depósito en opciones de compra, de hipotecas en fondos mutuos, o su derivación del mercado de futuros a "bonos basura".
Al crecer la importancia del dinero, comienza una nueva batalla por su control en el siglo que se anuncia. Seguramente veremos una prolongada era de gran competitividad en la que muchos tipos de de dinero aparecerán, proliferarán y deaparecerán en oleadas muy rápidas. En ese afán por controlar el nuevo dinero, muchos contrincantes luchan desde ya por transformarse en la institución monetaria fundamental de la nueva era.
La historia ha demostrado repetidas veces que ni el gobierno ni el mercado por sí solos son capaces de regular el dinero. Del viejo Neron a Nixon, los burócratas y los financistas han explotado su poder de regular el dinero en beneficio propio y a corto plazo. Los emperadores romanos redujeron el contenido de plata en las monedas para pagar el costo de un ejército y una burocracia crecientes; y los banqueros y financistas franceses emitieron papel moneda y acciones carentes de valor para un público desprevenido. (el subrayado es mío). Desde el denario romano del reinado de Nerón al assignat galo de la época del duque de Arkansas, los políticos y financistas han creado originales sistemas monetarios que en un principio lograron mejorar la situación económica, pero con el tiempo, cuando la intoxicación hubo pasado, cuando llegaron las cuentas impagas y hubo que volver a la realidad, el sistema basado en un dinero sin respaldo acabó derrumbándose.
El dinero, como el calendario y el sistema de medidas, es un constructo cultural, con ciertas facetas arbitrarias, pero que para funcionar apropiadamente requiere de estabilidad y de cierto grado de predictibilidad. Una sociedad puede basar su calendario en el sol, en la luna o incluso en una combinación de ambos, pero ha de tener un asidero en el mundo real. Lo importante es que el calendario funcione como parte de un sistema estable y que toda la gente lo comprenda. De modo similar, en la medida que el dinero sea estable, puede basarse en conchitas o cuentas de vidrio, en el oro y la plata, o en el plástico y los electrones, pero debe ser necesariamente práctico y predecible.
En los últimos siglos los gobernantes han proporcionado esa estabilidad por la vía de regular su moneda o controlar a los bancos para que lo regularan. Las monedas nacionales están hoy perdiendo la importancia que tenían y nos hallamos ante un sistema enteramente nuevo. Estamos entrando en un período de transición en el que competirán múltiples sistemas generadores de dinero, sin que ninguno de ellos domine sobre el resto.
En ciertos aspectos, el nuevo sistema lucirá como el sistema primitivo, en el que muchos tipos distintos de dinero y de mercancías operaban a la vez. Ahora tenemos sistemas monetarios paralelos y superpuestos.
Puede que las monedas nacionales, como el dólar y el yen, continúen existiendo, pero la tecnología electrónica está produciendo dinero en tantas formas diversas que, por lo menos por un tiempo, el Estado no será capaz de contrlarlo. Y, una vez libre del control estatal, el dinero desempeñará un papel incluso más importante en nuestras vidas que el que ha cumplido hasta aquí y en el pasado.
Desde que irrumplió en la historia de la humanidad, el dinero creó nuevas instituciones y formas de vida, al tiempo que fue corroyendo y constituyendo los viejos esquemas. Cada salto tecnológico y cada vuelco social en la forma que adoptó ampliaron todavía más su función en nuestras vidas. Con el correr de los siglos, el dinero se ha convertido en la variable definitoria no sólo de las relaciones comerciales sino cada vez más de toda clase de relaciones, desde las religiosas y políticas a las sexuales y familiares. (el subrayado es mío).
En la economía global aún en fase de emerger, el poder del dinero y las instituciones surgidas a su alrededor sustituirá al de cualquier nación o cualquier combinación o de cualquier combinación de naciones u organización internacional de las que hoy existen. impulsada y protegida porel poder de la tecnología electrónica, acaba de surgir en el horizonte una nueva elite global, una elite sin lealtades hacia ningún país. Pero la historia ha demostrado muchas veces que la gente que hace las revoluciones en el ámbito del dinero no es siempre la que se beneficia de ellas. La actual revolución electrónica en lo que hace al dinero promete incrementar incluso más el papel del dinero en nuestras vidas públicas y privadas, sobrepasando al paretesco, la religión, los oficios y la cuidadanía como elementos definitorios de la vida social. Nos hallamos en los albores de la era del dinero.
El homo economicus no está a nuestras espaldas, sino ante nosotros.
MARCEL MAUSS"
*Weathweford, J.
(1997) La historia del dinero. de la piedra arenisca al ciberespacio. Editorial:
Andrés Bello, Barcelona, España.
Carlos Enrique Correa Lagos - psicólogo
viernes, 12 de diciembre de 2008
6. - "El Juramento" -
El juramento es un método muy utilizado para aferrar a los sujetos a decir la verdad, y para asegurar de que lo que dicen es completamente cierto y no mienten; como todo, este método se ha salido de lo estrictamente profesional para pasar a un campo social y cultural, a consecuencia de esto oímos decir "se lo juro por... muchas veces llegan los sujetos a extremos de inmiscuir a los seres queridos en esta afirmación" o en el peor de los casos llegan a jurar por "Dios" que según eso Él, es el ser mas divino y al que se le hay que tener respeto, lo irrumpen, convirtiéndose esto una especie de utopía o algo inalcanzable (hablo del respeto entre sujetos y hacia cosas exteriores). como hemos dicho las personas ya han ido perdiendo ese respeto a la Ley, llegando a ser mas libertinos y menos guiados por la regla, así pues que en la sociedad actual se ejerce menos la represión de entidades que la impartian (ej: la Iglesia) y por ende se abre mas camino a lo ilícito, a lo natural del ser humano.
Hay que tener muy en cuenta que las personas actuales utilizan en gran medida mecanismos de defensa que los conlleva a racionalizar y a hacer mas soportables los hechos que la sociedad no perdonaría, así pues que la información heredada de la iglesia y luego pasada a otros campos del ser humano, se va haciendo cada vez mas débil frente a la evolución de la consciencia individual; es algo así como decir que al mandamiento de no jurar el santo nombre en vano de la ley (Dios) , que hasta ahora nos regia, se va desvaneciendo en el olvido del tiempo... justamente aquí es donde queda la entrada libre para los perversos que conocen la ley y sin embargo la infringen, bien se ha dicho que el juramento es una utopía a gran escala, ya que pesan mas los intereses personales que los intereses del otro; aquí es entonces donde se le da paso a la mentira; y esta puede ser desde la mal llamada "piadosa", hasta la que acarrea consigo el mas grave de los "pecados" de acuerdo con la iglesia.
Terminando con esta interpretación puedo decir que ahora no es confiable creer en las afirmaciones demasiado seguras, ya que detrás de estas se esconde una gran falacia disfrazada de juramento, nosotros los seres humanos somos tan complejos que accedemos a millares de artimañas; así que aseguremonos antes de creer, y ante cualquier premisa pasionalmente afirmada dudemos... Pienso que no hay que confiar demasiado en nadie, pues ese otro puede herir hasta lo mas profundo de nuestro ser, con estas "mentiras", "juramentos" y mas.
Carlos E. Correa L. "KikE"
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