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jueves, 27 de septiembre de 2018

133 - ¿LA NIÑA ENVIDIA LO QUE EL NIÑO TIENE?




¿LA NIÑA ENVIDIA LO QUE EL NIÑO TIENE?

Alexandra Rodas Arango.
alexa-9707@hotmail.com
Manuela Gómez Hurtado.
manugohu.015@gmail.com
Alejandra Caicedo Peña.
alejacaicedo2@gmail.com

Fundación Universitaria del Área Andina - Pereira
Materia: Psicología Clínica Psicoanalítica 


                                                                                      Grupo: 406 IV semestre Psicología


El psicoanálisis es una práctica terapéutica que permite explorar el aparato psíquico de cada individuo, el máximo exponente de este enfoque psicoanalítico fue el médico neurólogo Sigmund Freud. Él expone en su teoría, como el sentido sexual se manifiesta por medio de las pulsiones, actos fallidos, los sueños, entre otros. Dentro de su teoría hace una distinción de la sexualidad entre el hombre y la mujer. Donde plantea cómo el hombre es superior por poseer el falo y la mujer reconoce su inferioridad por no poseerlo y enterarse de su castración. 

En el siguiente ensayo abordaremos la posición que tomó Freud acerca de la feminidad, y cómo esta teoría le ha permitido al psicoanálisis construir un “estereotipo” de mujer. Teniendo en cuenta que es por medio de los síntomas de la histeria como ella llamo su atención, iniciando así sus investigaciones con respecto a la feminidad. Realizaremos una crítica partiendo desde bases teóricas de autores y nuestra subjetividad argumentativa, con énfasis en el planteamiento que creo Freud y las implicaciones que han tenido en el comportamiento y la psique de la mujer.

El escritor Arturo de la pava menciona en su artículo ¿Qué es una mujer… para el psicoanálisis? lo siguiente:

La teoría psicoanalítica sobre lo femenino ha tenido grandes tropiezos desde sus inicios. Freud propuso un enfoque que fue y es considerado de machista por las corrientes feministas de todos los tiempos, y con razón, al promover la envidia del pene como condicionante de lo femenino. La niña envidia lo que el niño tiene: el pene. (De la pava, 2006, p. 170).

Partiendo de esta posición, podemos identificar que Freud generó una desigualdad entre el hombre y la mujer, clasificándolos como seres diferentes y poniendo al hombre como partidario del poder. Podríamos deducir que la posición que presentaba Freud ante la feminidad pudo surgir por sus creencias religiosas y culturales en el judaísmo, ya que para esta religión la mujer es menos y esto llego a influir en sus fundamentos teóricos psicoanalíticos.

Ella, la mujer judía, está siempre al margen del saber simbólico de su religión: ellas no leen La Torá, no rezan, están en la parte posterior en las sinagogas, no tienen ningún derecho en la liturgia judía, no son circuncidadas, por lo tanto, no tienen un rito de iniciación, no se lo merecen, se quedan al margen. Además no pueden ser rabinos. Son matronas del hogar y es una obligación para las mujeres judías permanecer fieles y esclavas al hogar. ¿Entonces, cómo una mujer judía no va envidiar ser hombre? Ellos, que lo tienen todo. (De la pava, 2006, p. 185).

Este autor nos permite evidenciar que las bases que Freud tenía para la estructuración de su teoría pudieron partir desde sus creencias personales, ya que su ideología en el judaísmo recrea en el psicoanálisis una posición de inferioridad en la mujer. Sin embargo, fueron ellas el primer sujeto de estudio que él tuvo y le permitieron el desarrollo del psicoanálisis, y así pudiendo iniciar con la investigación de la histeria.

La histeria es una enfermedad nerviosa, que se daba con más frecuencia en mujeres que en hombres, con la aparición de varios síntomas corporales como lo son el dolor, parálisis, ataques convulsivos, alteraciones en la sensibilidad, contractura, etc. Freud al observar que la medicina no generaba soluciones para la erradicación de la histeria en los pacientes, con la ayuda de su colega Josef Breuer practicaban la hipnosis como tratamiento que podía desaparecer los síntomas histéricos, permitiendo la manifestación de los pensamientos reprimidos (represión sexual) los cuales eran los causantes directos de la patología.

Fue a través de sus síntomas histéricos como la mujer llamó la atención sobre su cuerpo. Los síntomas histéricos pusieron en tela de juicio a la neurología de la época y aún hoy la cuestionan. Los síntomas disociados, conversivos y psicosomáticos son “reales”, pero no corresponden a las redes del sistema nervioso central. La histeria destituye el saber médico, altera las leyes de la ciencia neurológica al señalarles su error, y a los mapas de la sensibilidad y de la motricidad del sistema nervioso, los “altera”. Inclusive fue ese cuerpo femenino el que, subvirtiendo el saber médico, fundó el psicoanálisis. (De la pava, 2006, p. 170)

Es por medio de esta referencia teórica en la cual podemos analizar, que las causas que Freud identificó para la histeria surgían desde sus premisas, y que el tratamiento que ejercía ante ellas era poco eficaz, ya que en algunos de sus pacientes no lograban la erradicación total de la patología. Freud, no se refiere sólo a las mujeres como histéricas, sino que también identifica en ellas el complejo de castración.

Cuando la niña percibe la diferencia entre los genitales de ambos sexos, surge la envidia del pene, ya que se siente perjudicada porque hay en ella una gran estimación por el pene del varón; tanto que sus comportamientos y manifestaciones apuntan inicialmente al deseo de ser un muchacho (Colorado, Arango, Fernández, 1998).

Freud, planteó que en la vida sexual de los niños y las niñas se crea una suposición de que las mujeres también son poseedoras de un pene, y cuando se observa esa diferencia genital surge el complejo de castración. Este complejo consta de dos variables, la primera depende del azar y de forma inconstante, y surge cuando ellas perciben que no tienen pene. La segunda variable depende de la diferencia anatómica y no sucede por la comparación, la madre es la causante de esta.  En la construcción del complejo de castración para Freud existieron muchos vacíos que no le permitieron tener una posición clara frente al tema, puesto que en una variable la niña percibe que no posee un pene, pero, ¿esto cómo podría suceder?, sí se necesita de una comparación con el otro para darse cuenta de que no lo posee, y posteriormente se refiere a la comparación inconsciente de la madre al crear la castración en ella (De la pava, 2006). “Freud se disculpa por ser confuso y contradictorio al no lograr una exposición universalmente válida. De esta variabilidad surge la imposibilidad de dar una definición universal de la mujer.” (De la pava, 2006, p. 172)

¿Cómo es posible que Freud haya establecido en la sociedad, la posición de inferioridad en las mujeres?, partimos de la postura de que algunas mujeres desconocen la definición de feminidad, y carecen de empoderamiento, lo cual ha permitido la aceptabilidad de teorías que generan una variabilidad de supuestos de la “verdadera” definición de feminidad. Freud, es poco contundente a la hora de realizar su plantación acerca de la feminidad, puesto que siempre que se manifiesta ante ella, la observa desde una posición de inferioridad, sumisión y comparación con el hombre, haciendo visible el falocentrismo. Además, el enfoque que tenía acerca de su interpretación de mujer parte desde sus creencias religiosas y subjetivas, es decir, desde el judaísmo; lo cual hace que esta concepción no tenga gran aceptación en muchos de los autores de la actualidad, puesto que en la sociedad moderna se está construyendo otra posición de lo que puede ser la feminidad, donde se plantea una equidad de género y no igualdad, que ve a las mujeres diferentes a los hombres, pero con las mismas capacidades y derechos.

Frente a los planteamientos expuestos y las incógnitas generadas que surgieron en la redacción del ensayo, vale la pena resaltar, que como estudiantes de psicología aun poseemos falencias que no nos permitieron generar una crítica más objetiva ante Sigmund Freud, sin embargo nos apropiamos de una posición de acuerdo a nuestros aprendizajes actuales y también resaltamos la importancia de tomar a otros referente teóricos como sustento de nuestra posición. La posición que empleamos no va en contra de toda la teoría creada por Freud, solo refuta la visión que desarrolla él en la mujer, ya que nos sentimos incomodas y agredidas de ser calificadas así por una teoría y comparadas con los hombres. Vale la pena aclarar que no creamos una postura de agresión hacia los hombres, sencillamente ya es justo que las mujeres seamos vistas desde otras percepciones, no como creaciones a imagen y semejanza de ellos. “Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el ímpetu femenino. El progreso social puede ser medido con precisión por la posición de las mujeres en la sociedad.” – Karl Marx.

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Referencias bibliográficas.

- De la pava, A. (2006). ¿Qué es una mujer…para el psicoanálisis? Desde el jardín de Freud, 6, 170 – 189. Recuperado de: https://Dialnet-Que Es Una Mujer Para Psicoanalisis-2923307%20(2).pdf
- Colorado, M., Arango, L. & Fernandéz, S. (1998). Mujer y feminidad. Recuperado de: http://bibliotecadigital.udea.edu.co/bitstream/10495/181/1/MujerFeminidad.pdf




sábado, 30 de noviembre de 2013

93 - EL ROSTRO DE LA HISTERIA EN ANÁLISIS*



     La siguiente es una transcripción del libro citado, donde Juan David Nasio hace un análisis de la manera como se presenta la histeria en la clínica psicoanalítica contemporánea, de parte del analizando y el analista, una relación de insatisfacción, de histerización y de tristeza del yo. La práctica y la teoría han cambiado con los tiempos y con la "evolución" del sujeto del inconsciente que está dividido, agujereado, partido en pezados o entre las más diversas formas que se presenta, al final ya su verdad no es segura y además se ha perdido. este texto pone frente al lector una figura, figura clínica que se comprueba y de la que se es parte porque como dice Nasio todos somos histéricos en algún momento.

     "[...] Desde nuestro puesto transferencial, verificamos tres estados o incluso tres posiciones permanentes y duraderas del yo histérico. Más allá de la multiplicidad de acontecimientos que se suceden a lo largo de una cura, y sin prejuicio de las palabras, afectos y silencios, reconocemos efectivamente tres estados propios del yo que resumen por sí solos el rostro específico de la histeria en análisis. Un primer estado, por así decir, pasivo, donde el yo se encuentra en constante espera de recibir del Otro, no la satisfacción que colma, sino, curiosamente, la no respuesta que frustra. Esta espera defraudada, siempre difícil de manejar para el psicoanalista, conduce a la perpetua insatisfacción y al descontento de que tanto suele quejarse el neurótico. Primer estado, pues: el de un yo insatisfecho. Otra posición típicamente histérica observable en el análisis es también un estado del yo, pero un estado más bien activo de un yo que histeriza, es decir, que transforma la realidad concreta del espacio analítico en una realidad fantasmática de contenido sexual. Pronto vamos a determinar de qué consiste esa transformación y qué sentido habrá que otorgar a este calificativo de "sexual", pero ya podemos afirmar que el yo histérico erotiza al lugar de la cura. Segundo estado, pues: el de un yo histerizador. Existe además una tercera posición subjetiva del histérico, caracterizada por la tristeza de su yo cuando debe afrontar por fin la única verdad de su ser: no saber si es un hombre o una mujer. Tercer estado, pues: el de un yo tristeza. Detengámonos un momento sobre cada uno de estos estados yoicos.

 
UN YO INSATISFECHO

     Para el psicoanálisis, la histeria no es una enfermedad que afecte a un individuo, como se piensa, sino el estado enfermo de una relación humana en la que una persona es, en su fantasma, sometida a otra. La histeria es ante todo el nombre que damos al lazo y a los nudos que el neurótico teje en su relación con el otro, sobre la base de sus fantasmas. Formulémoslo con claridad: el histérico, como cualquier sujeto neurótico, es aquel que , sin saberlo, impone al lazo afectivo con el otro la lógica enferma de su fantasma inconsciente. Un fantasma en el que él encarna el papel de víctima desdichada y constantemente insatisfecha. Precisamente este estado fantasmático de insatisfacción marca y domina toda la vida del neurótico.
     Pero ¿por qué concebir fantasmas y vivir en la insatisfacción, cuando en principio lo que buscamos alcanzar es la felicidad y el placer? La razón es clara: el histérico es, fundamentalmente, un ser de miedo que, para atenuar su angustia, no ha encontrado mas recurso que sostener sin descanso, en sus fantasmas y en su vida, el penoso estado de la insatisfacción. Mientras esté insatisfecho, diría el histérico, me hallaré a resguardo del peligro que me acecha. Pero, ¿de qué peligro se trata? ¿de qué tiene miedo el histérico? ¿Qué teme? Un peligro esencial amenaza al histérico, un riesgo absoluto, puro, carente de imagen y de forma, más presentido que definido: el peligro de vivir la insatisfacción de un goce máximo. Un goce de tal índole que, si lo viviera, lo volvería loco, lo disolvería o lo haría desaparecer. Poco importa que imagine este goce máximo como goce del incesto, sufrimiento de la muerte o dolor de agonía; y poco importa que imagine los riesgos de este peligro bajo la forma de la locura, de la disolución o del anonadamiento de su ser; el problema es evitar a toda costa cualquier experiencia capaz de evocar, de cerca o de lejos, un estado de plena y absoluta satisfacción. Por más que se trate de un estado imposible, el histérico lo presiente como una amenaza realizable, como el peligro supremo de ser arrebatado un día por el éxtasis y de gozar hasta la muerte última. En suma, el problema  del histérico es ante todo su miedo, un miedo profundo y decisivo que en verdad él no siente jamás, pero que se ejerce en todos los niveles de su ser; un miedo concentrado en un único peligro: gozar. El miedo y la tenaz negativa a gozar ocupan el centro de la vida psíquica del neurótico histérico.
     Ahora bien, para alejar esta amenaza de un goce maldito y temido, el histérico inventa inconscientemente un libreto fantasmático destinado a probarse a sí mismo y a probar al mundo que no hay más goce que el goce insatisfecho. Así pues, ¿Cómo alimentar el descontento si no creando el fantasma de un monstruo, monstruo que nosotros llamamos el Otro, unas veces fuerte y supremo, otras débil y enfermo, siempre desmesurado para nuestras expectativas y siempre decepcionante? Cualquier intercambio con el otro conduce inexorablemente a la insatisfacción. La realidad cotidiana del neurótico se modela, en consecuencia, según el molde del fantasma, y los seres cercanos a los que ama u odia desempeñan para él el papel de un Otro insatisfecho. 
     El histérico trata a su semejante amado u odiado, y en particular a su partenaire psicoanalista, de la misma forma en que trata al Otro de su fantasma. ¿Qué cómo se las arregla? Busca -¡y siempre encuentra!- aquellos puntos en que su semejante es fuerte y abusa de esta fuerza para humillarlo; y los puntos en que se semejante es débil y, por esta debilidad, despierta compasión. Con agudísima percepción, el histérico descubre en el otro la señal de una potencia humillante que lo hará desdichado, o de una impotencia conmovedora que le suscita piedad, pero a la que no podrá poner remedio. En síntesis, se trate del poder del otro o de la falla en el otro, con el Otro de su fantasma o con el otro de su realidad, lo que el yo histérico se empeñará en reencontrar como su mejor guardián, será siempre la insatisfacción. El mundo de la neurosis, poblado de pesadillas, obstáculos y conflictos, se convierte en la 'única muralla protectora contra el peligro absoluto del goce.

 
UN YO HISTERIZADOR

     El histérico nunca percibe sus propios objetos internos o los objetos externos del mundo tal como se los percibe comúnmente, sino que él transforma la realidad material de esos objetos en realidad fantasmatizada; en una palabra: histeriza el mundo. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué significa histerizar?.
      Acabamos de ver que, para asegurarse una estado de insatisfacción, el histérico busca en el otro la potencia que lo somete o la impotencia que lo atrae y lo decepciona. Dotado de una aguda sensibilidad perceptiva, detecta en el otro la mínima falla, el mínimo signo de debilidad, el más pequeño indicio revelador de su deseo. Pero, a semejanza de un ojo penetrante que no se conforma con horadar y traspasar la apariencia del otro para encontrar en él un punto de fuerza o de fisura, el histérico inventa y crea lo que percibe. El instala en el cuerpo del otro un cuerpo nuevo, tan libidinalmente intenso y fantasmático como lo es su propio cuerpo histérico. Pues el cuerpo del histérico no es un cuerpo real, sino un cuerpo sensación pura, abierto hacia afuera como un animal vivo, como una suerte de ameba extremadamente voraz que se estira hacia el otro, lo toca, despierta en él una sensación intensa y de ella se alimenta. Histerizar es hacer que nazca en el cuerpo del otro un foco ardiente de libido.
     Modifiquemos ahora nuestro lenguaje y definamos de un modo más preciso el concepto de histerización. ¿Qué es Histerizar? Histerizar es erotizar una expresión humana, la que fuere, aún cuando por sí misma, en lo íntimo, no sea de naturaleza sexual. Esto es exactamente lo que hace el histérico: con la máxima inocencia, sin saber, él sexualiza lo que no es sexual; por el filtro de sus fantasmas de contenido sexual -y de los que no tiene necesariamente conciencia-, el histérico se apropia de todos los gestos, todas las palabras o todos los silencios que percibe en el otro o que él mismo dirige al otro.
     A esta altura debemos hacer una precisión que se tendrá en cuenta cada vez que utilicemos en este libro la palabra "sexual" ¿De que sexualidad se trata cuando pensamos en la histeria? ¿Cuál es el contenido de esos fantasmas? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el histérico sexualiza? Empecemos por aclarar que el contenido sexual de los fantasmas histéricos no es nunca vulgar ni pornográfico, sino una evocación, muy lejana y transfigurada, de movimientos sexuales. Se trata, estrictamente hablando, de fantasmas sensuales y no sexuales, en los que un mínimo elemento anodino puede obrar como disparador de un orgasmo autoerótico.
     Debemos comprender, en efecto, que la sexualidad histérica no es en absoluto una sexualidad genital sino un simulacro de sexualidad, una seudogenitalidad más cercana a los tocamientos masturbatorios y a los juegos sexuales infantiles que a un intento real de concretar una verdadera relación sexual. Para el histérico, sexualizar lo que no es sexual significa transformar el objeto más anodino en signo evocador y prometedor de una eventual relación sexual. El histérico es un creador notable de signos sexuales que rara vez van seguidos del acto sexual que anuncian. Su único goce, goce masturbatorios, consiste en producir estos signos que le hacen creer y hacen creer al otro que su verdadero deseo es internarse en el camino de un acto sexual consumado. Y sin embargo, si existe un deseo en el que el histérico se empeñe, es el de que tal acto fracase; para ser más exactos, el histérico se empeña en el deseo inconsciente de la no realización del acto y, por consiguiente, en el deseo de permanecer como un ser insatisfecho.
     El marco habitual del análisis, el diván, el ritual de las sesiones o el tono particular de la voz del psicoanalista, así como el vínculo transferencial, constituyen condiciones de las más favorables para que se instale este estado activo de histerización. La palabra del analizando, hombre o mujer -se lo diagnostique o no como "histérico"-, en determinado momento de la sesión puede cargarse de un sentido sexual, suscitar una imagen fantasmática y provocar efectos erógenos en el cuerpo, sea el cuerpo del psicoanalista o del propio analizando.
     El relato de una analizanda nos permitirá ilustrar la forma en que un elemento anodino de la realidad puede ser transformado en signo erótico.

     Ejemplo de histerización: "Cuando al llegar oigo el toque de la perta principal del edificio, cuando usted me abre pulsando el botón del portero automático, siento que su dedo pulsa mi piel a la altura de los brazos. Y en ese momento me río de mi misma. A decir verdad, sólo me reí la primera vez que me pasó; ahora no me río más, mis sensaciones me absorben. Cada vez que estoy atenta al más ligero movimiento del otro, lo recibo en la piel, lo siento, siento un calor en el cuello o en el corazón. Siento incluso una excitación cuando oigo el simple ruido de la respiración de un hombre junto a mí. En ese momento algo llega directamente al cuerpo, sin ninguna barrera. Ante los menores ruidos que usted hace, siento inmediatamente una sensación de placer en mi piel. Soy muy sensible a sus movimientos que resuenan en mi piel. Imagino lo que sucede en usted como si yo fuera su propia piel envolviéndolo. Siento sus movimientos en mi piel porque yo soy su piel." Después de un silencio, añade: "Pensar esto decírselo me tranquiliza, y me da un límite. El razonamiento mismo es el límite."
Vayamos ahora al tercer estado del yo histérico, el yo tristeza.

 
UN YO TRISTEZA

     Es de imaginar hasta qué punto el yo histérico, para histerizar la realidad, debe ser maleable y capaz de estirarse sin discontinuidad desde el punto más íntimo de su ser hasta el borde más exterior del mundo, y cuán incierta se torna entonces la frontera que separa los objetos internos de los objetos externos. Pero esta singular plasticidad del yo instala al histérico en una realidad confusa, medio real, medio fantaseada, donde se emprende el juego cruel y doloroso de las identificaciones múltiples y contradictorias con diversos personajes, y ello al precio de permanecer ajeno a su propia identidad de ser y, en particular, a su identidad de ser sexuado. Así pues, el histérico puede identificarse con el hombre, con la mujer, o incluso con el punto de fractura de una pareja, es decir que puede encarnar hasta la insatisfacción que aflige a ésta. Es muy frecuente comprobar la asombrosa soltura con que el sujeto adopta tanto el papel del hombre como el de la mujer, pero sobre el todo el papel del tercer personaje que da lugar al conflicto o, por el contrario, gracias al cual el conflicto se resuelve. El histérico, desatando el conflicto o despejándolo, sea hombre o mujer, ocupará invariablemente el papel de excluido. Precisamente, lo que explica la tristeza que suele agobiar a los histéricos es el hecho de verse relegados a ese lugar de excluidos. Los histéricos crean una situación conflictiva, escenifican dramas, se entrometen en conflictos y luego, una vez que ha caído el telón, se dan cuenta, en el dolor de su soledad, de que todo no era más que un juego en el que ellos fueron la parte excluida. En estos momentos de tristeza y depresión tan característicos descubrimos la identificación del histérico con el sufrimiento de la insatisfacción: el sujeto histérico ya no es un hombre, ya no es una mujer, ahora es el dolor de la insatisfacción (la negrita es mía psiquik). Y, en medio de ese dolor, queda en la imposibilidad de decirse hombre o de decirse mujer, de decir, simplemente, la identidad de su sexo. La tristeza del yo histérico responde al vacío y a la incertidumbre de su identidad sexuada.

     En suma, el rostro de la histeria es una cura de análisis y, fuera de ésta, en cualquier relación con el otro, se presenta como un lazo insatisfactorio, erotizador y triste, enteramente polarizado alrededor de la tenaz negativa a gozar.
     Es oportuno precisar ahora que esta tenaz negativa a gozar aparece igualmente en los fundamentos de esas otras neurosis que son la obsesión y la fobia, pero adoptando entonces modalidades bien específicas. ¿Cuáles son las modalidades obsesiva y fóbica de la negativa que el neurótico impone al goce? Y, comparativamente, ¿cuál es la modalidad específica de la negativa histérica? De esto vamos a tratar a continuación.

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* Fragmento del libro: Nasio, J (1993) EL DOLOR DE LA HISTERIA. Ed: Paidós. Buenos Aires, Argentina. P. 15 jus 23.

sábado, 21 de marzo de 2009

22 - La Histeria -



Demanda un poco de responsabilidad hablar de lo que no gusta, y al hablar de lo que no gusta nos estamos enfrentando al mundo y dejando que sea él con sus reproches el que nos abofetee, esto pasa cuando se va en contra de lo ya planteado, algo similar pasó con el psicoanálisis y con otras formas de pensar que no van acorde de la moral religiosa y es sorprendente como tal moral es desconocida en muchos que la pregonan.

En ésta oportunidad me pondré a la tarea de exponer a grandes rasgos lo que es la histéria, y cuando hablo de histéria no me estoy refiriendo a los gritos de las personas en una fiesta, o a la persona desesperada, aunque hay cierta relación entre este concepto de histéria que adopta la sociedad un poco pintorizado y la histéria como estructura de la personalidad, a saber, la histéria de acuerdo con Freud y con Juan David Nasio tiene tres Yo en los que se divide o fluctúa tal personalidad neurótica , el primero es el Yo insatisfecho que como su nombre lo dice nada lo colma y no busca ser colmado, el segundo es el Yo histérizador que en unas palabras se puede describir como un Yo seductor, que "muestra mucho y no da nada", y el último es el Yo tristeza como lo dice su nombre, la sujeto ésta en una constante tristeza que nada la colma, las dos últimos tienen su similitud, que nada los hace cambiar de estado, pues no quieren cambiar... acá estoy dando una descripción silvestre, ósea teorica, pues al tener contacto con una mujer u hombre histérico nos daremos cuenta que muchas cosas cambian, pues tal y como lo dije antes tal estructura es dinámica... lo complicado de la histéria es que no se quiere llegar a la meta, se esquiva, se niega, se teme, pero no se desea colmarla... la histéria también tiene multiples consecuencias en el cuerpo ya que hay parálisis, tics, etc... acá la relación psique y soma es innegable... se hace necesario pues buscar la causa de la histéria en la niñez, tanto la patológica como el rasgo tienen su génesis en la infancia del niño(a), acontecimientos sexuales vividos en ésta etapa, tanto abusos sexuales en su generalidad como en experiencias traumáticas.

Ahora bien pienso que la sociedad en la que vivimos es histérica, se permanece en el goce y no quiere llegar a la meta, de ahí que se propagandize ésta (histéria), mujeres mostrando, hombres mirando y al final un puñado de insatisfechos por el mal tramite que se le da al deseo... todo gira en torno a lo sexual, para dar un ejemplo diría yo, "la presentadora de noticias que no muestre no existe, y no tiene trabajo, ya que el mercado lo que busca es otra cosa"... para terminar esta exposición digo que seria conveniente que la histérica quiera hacer de ella un objeto exhibicionista, sin embargo difiero de la idea de que un sujeto sea el tercero de esta dinámica, sin ningún objetivo.


Carlos E. Correa L. "KikE"

miércoles, 14 de enero de 2009

10. - Comportamientos Histericos -



Esto es una espacie de historia que me sucedió hoy y la quiero plasmar en este sitio, bien resulta que abordé un taxi para mi casa, el taxista me pareció una persona amable, me puso charla hablamos de lo que yo llevaba (un mp3) pues el sujeto me era alegre y hasta buena gente... bien al avanzar el taxi me doy cuenta de que a cada mujer que veía pasar le decía algo, cosas como "esa vieja si esta muy buena" o "huy, hasta luego mamasota", en fin una serie de "piropos" con el objetivo de alagar a las mujeres y hacerlas importantes... a mi me produjo risa, a lo que él me dijo "este man si me goza", eso me produjo un poco más de risa... luego de un espacio grande recorrido y cuando no habían mujeres cerca, le pregunto acerca de su familia, me dijo que tenia una esposa y dos hijos, entre esos uno de la edad mía... proseguimos nuestro camino y me dice lo siguiente " las mujeres si son muy perras" a lo que yo le pregunto "¿y eso, por que?", y me contesta, mijo uno en este trabajo ve de todo, y ellas son perras... lo siguió mi silencio.

Ahora viendo estos sucesos analíticamente, me pregunto ¿este sujeto como se ha constituido psiquicamente durante toda su vida que tiene esta serie de comportamientos?, ¿que ha pasado con su núcleo familiar, al que alguna vez perteneció y que ahora constituye?, ¿sera histérico?, entre muchas otras dudas que me sucitó aquel comportamiento... ahora reflexiono y me doy cuenta de que toda la sociedad gira entorno a estos comportamientos, se ve un poco mas en hombres, pero las mujeres actualmente presentan los mismos... el cambio de actitud que tuvo acerca de la perspectiva hacia las mujeres, primero diciendo que son bonitas, que están buenas y después expresando un odio latente que se notó en su tono de voz me hace pensar que simplemente él es un sujeto infiel, las "perras" no son las mujeres sino él mismo, ya que como dije en uno de los escritos que anteceden a este, lo que ves en el otro es lo que realmente odias en ti... es una especia de conversión mecanismo de defensa típico que consiste en cambiar los sentimientos al sentido contrario... con respecto a las preguntas antes hechas se hace necesario darles respuesta... a la primera, me atrevo a decir que simplemente nunca tuvo una figura de identificación fija, este Padre era muy represor y agresivo en lo real, tal vez la madre estuvo siempre muy cohibida... y bien mucho elementos se pueden interpretar de acuerdo a la conducta actual de aquel hombre... a la segunda y como consecuencia de la primera su núcleo familiar estuvo mal estructurado y ahora tiene una familia en la que se esta presentando la repetición... y efectivamente si conlleva consigo un yo histérico ya que donde alguna mujer le responda a sus demandas seguramente se asustará hasta el punto de decir que era mentira todo lo que expresaba...

Para terminar con este reducido análisis diré en este punto que simplemente nadie tiene la culpa de que moldeen su psíquis de acuerdo a los parámetros de la época, de que se edifica mediante actos inconscientes que simplemente están detrás de los velos de la vida real... a mi no me incomodo aquel comportamiento, pero con la sociedad seguramente chocaría... también viene otro punto y es el de que en mi encontró una facilidad de liberar aquellos comportamientos, creo que porque yo también era hombre y creería que yo entendería... al fin del caso estos comportamientos tiene gran auge en los sujetos y una vez mas caemos en el contenido sexual latente o manifiesto.


Carlos E. Correa L. "KikE"