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lunes, 24 de septiembre de 2018

132 - La Búsqueda del Placer Vinculaciones más allá del interior



La Búsqueda del Placer
Vinculaciones más allá del interior
Autores:
Andrés Echavarría Herrera ( aechavarria5@estudiantes.areandina.edu.co )
Daniela Granados Santacoloma ( dgranados5@estudiantes.areanina.edu.co )
                                                                                   El objeto del deseo es lo agradable” - Aristóteles
Introducción 

Hablar acerca del sentido sexual de nuestros actos es un ejercicio que requiere ahondar en el sentido de nuestros actos en sí, que además están determinados por el tiempo: pasado, presente o futuro, y tienen como objeto final a un fantasma objetizado que procura un placer parcial; es inmiscuirnos, a través de varios conceptos del psicoanálisis, en los diferentes motivos por los que un acto puede tener sentido. Si tenemos en cuenta el esquema básico en donde la pulsión generada en el inconsciente, atraviesa parcialmente la barrera de la represión y se exterioriza a través de una palabra, acto o símbolo, pero siempre como un acto sustitutivo del cual generaría placer total, empezamos a ver las primera nociones sobre el sentido de nuestra conducta.

Se hace importante entonces, una revisión de conceptos y características de nuestro funcionamiento psíquico. En primer lugar,  toda la energía excitatoria proviene del interior de cada uno de nosotros, estas pulsiones que representan cosas, una vez se han activado siguen produciendo energía ad infinitum, por lo tanto busca continuamente la descarga completa de dicha energía, algo meramente teórico que no puede ocurrir. En segundo lugar, la descarga total de energía es impedida por la barrera de la represión, que actúa como un filtro que transforma la pulsión original en una acción, palabra o símbolo compatible con la realidad (Placer total vs Realidad mediada). Sin embargo, el inconsciente logra manifestarse a través de actos o pensamientos que nos toman por sorpresa o que incluso sirven como medida “de compromiso”, como representante, para mediar la tensión entre la pulsión-represión. Justamente en este punto es donde se desenvuelven muchos actos con sentido sexual. Hay que recordar, por último, que en el psicoanálisis la sexualidad no se resume en la genitalidad, lo sexual es toda conducta que se origina en una región u órgano del cuerpo sensible y sexualmente excitable, llamada “zona erógena”, que pretende un placer ideal que es reprimido y sustituido. Este placer limitado se diferencia entre fisiológico, o de necesidad como el hambre; y un placer sexual, el deseo, polarizado en torno a una zona erógena y obtenido mediante un objeto fantasmizado.

Hay que considerar que todo movimiento de ocultación y revelación implica, aunque esto sea en un sentido metafórico, la distinción entre una dimensión interior y una dimensión exterior. Lo que se esconde se queda dentro, lo que se revela sale fuera. Para que el deseo pueda ocultarse o manifestarse, el sujeto debe ser pensado coma una entidad estructuralmente doble, articulada en una parte interior (el significado) y una parte exterior (el significante), o sea, hay dialéctica expresiva entre la interioridad y la exterioridad de la persona. (Pinto, 1999, p.63).
         
   Tres conceptos claves a la hora de analizar el sentido sexual de los actos son la sublimación, el fantasma, y el narcisismo, los cuales operan como una defensa del yo. El primero, cambia la meta sexual por una socialmente aceptada; el segundo, cambia el objeto por uno fantasmizado, mediante un proceso en donde el objeto real es asimilado y transformado en parte del yo; y por último, se da el estado del narcisismo “el yo es un objeto fantasmizado por su propia naturaleza ilusoria, y es un objeto sexual por el placer que suscita” (Naiso, 1996 p.72).

El sentido sexual de nuestros actos

Es lo tácito que “las interacciones de una familia como sistema pueden determinar una serie de factores personales, profesionales, sociales, de salud y demás en sus integrantes”(Gómez y Loving, 2011, p.318), pero además, las interacciones de cualquier índole están transversalizadas por el contexto sociocultural y un momento histórico, que define y delimita actitudes y roles para todos los aspectos de la vida de las personas en sociedad. La familia también se encarga de la enseñanza y educación, sienta la base para la socialización, de ahí reside su importancia en un adecuado crecimiento afectivo y de bienestar que permita la sana y responsable expresión de las diferentes conductas, incluida la sexual,  “sin embargo al no estar debidamente informados los adultos, las nuevas generaciones siguen creciendo con los viejos modelos religiosos culpígenos, mágicos e irreales en lo que respecta a la sexualidad” (Gómez y Loving, 2011, p.321). Teniendo en cuenta esto, si bien la sexualidad es un rasgo invariable, es decir, se presenta en todos nosotros desde un estado embrionario hasta la muerte, también es algo que se aprende, “El sexo realmente no se reprimía, se construía. Y el sexo se construía a través del discurso [...] por ejemplo, de la pastoral cristiana, cuyo propósito consistía en la prohibición, en el silencio absoluto para hablar de sexo” (Lombana, 2014, p.30).

Esta tradición cristiana contrasta en muchos aspectos con las diferentes expresiones sexuales y de género que se realizan en la actualidad, factor propiciado por la combinación del capitalismo, el postmodernismo y el auge de la tecnología. En primer lugar, en nuestra sociedad de consumo “nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto” (Bauman, 2007, p.25). Vemos una clara afinidad entre esta actitud y el objeto fantasmizado, que adopta un sin fin de formas para expresar las pulsiones sexuales, como se evidencia en nuestro tiempo actual, “la postmodernidad es la transcripción cultural, política y filosófica de un capitalismo sin fronteras” (Castro, 2011, p.11). Esta actitud se da en varios ámbitos como el afectivo, laboral o social en donde las personas deben presentarse como un producto deseable. De la misma forma, la colonización global por parte de las pantallas y la tecnología ha generado un gran influjo de información e imágenes reales o modificadas, formas de interactuar, conectividad y anonimato, que definen a través de la mass media, cánones físicos, resaltando así la relación entre producción y deseo y el hecho de que siempre hay alguien listo para consumir dicho ideal.

Desde el punto de vista de la espiritualización (o sublimación) de los impulsos, no hay ninguna diferencia entre el ascetismo medieval, que mortifica el cuerpo en todas sus funciones biológicas, y la estética contemporánea, que celebra el cuerpo exclusivamente como imagen (como cuerpo bello, si es una imagen fija, y como cuerpo musculoso y atlético, si es una imagen en movimiento). El aparente hedonismo de los mensajes dominantes encubre un ascetismo ferozmente represivo. (Pinto, 1999, p.70-71)
           
      Junto con la afloración de imágenes y personas que las ven, se produce una ampliación de la mirada, o de la pulsión escópica en términos de Wajcman, “ hoy no sólo todo puede ser visto, también es casi un imperativo que todo sea mostrado y quien prefiere no mostrar es considerado sospechoso” (Arias, 2016, p.11). El hecho de que todo sea igualmente mostrado y visto, ayuda a catalogar a nuestra sociedad actual, según el psicoanálisis, “como voyeurista y exhibicionista en tanto impulsa ilimitadamente las dos vertientes de la pulsión escópica: satisfacer la pulsión de mirar y la pulsión de hacerse mirar.” (Arias, 2016, p.12).

     Dos de los factores principales que propician  nuestra conducta sexual a través de la red, se encuentra en el anonimato, que protege al cuerpo posicionándolo fuera de la interacción, y la capacidad de modificar la imagen virtual para que esté de acuerdo con los cánones de belleza de nuestra cultura occidental. Esto, junto con la conectividad y el mostrarse como objeto de deseo, juegan un importante papel en conductas tan modernas como es el sexting o la pornografía.
            
     Una encuesta realizada en Colombia muestra como “el 9.8% de los niños, niñas y adolescentes que han navegado en internet en los últimos doce meses han tenido conversaciones con contenido sexual con personas virtuales” (DANE - ECAS, 2017). 

En el sexting, el otro queda afuera del vínculo: frente a una pantalla de celular, sólo se trata del sujeto que se fotografía a sí mismo. El destinatario, quien recibe la foto, aparece como mera excusa en esta práctica: está en el lugar del objeto necesario -pero siempre contingente- para que el sujeto sea visto. Esto es así porque la satisfacción del sujeto que sextea reside exclusivamente en la acción de sacarse fotos y verse y ser visto en ellas. Es la pulsión escópica la que está en juego en estas nuevas prácticas: como Narcisos posmodernos, los sujetos se fascinan en la contemplación de su propio cuerpo y, a través del sexting, también dan cuenta de su deseo de ser mirados. (Arias, 2016, p.11)

En la pornografía, también se trata de una muestra, un espectáculo de la sexualidad, en donde se expone a personas no por su valor sino como objeto a ser consumido, dando una imagen irreal de las relaciones sexuales y las expectativas físicas de las personas, una imagen nociva que confunde y presiona a las nuevas generaciones.

El sujeto es conminado a mostrarse y tratarse a sí mismo como un producto a consumir, las relaciones afectivas se establecen con un modelo más cercano a la conexión que a la relación, la pornografía se expande como un discurso acerca de cómo debe ser el sexo y la mirada, ayudada por la multiplicación de pantallas y gadgets, se amplifica hasta producir la sensación de que sólo lo que es posible de ser visto es real.  (Arias, 2016, p.11)

En este contexto actual hedonista donde la búsqueda de la felicidad y la obtención del placer representa una máxima casi utópica, se evidencia la tensión entre la pulsión y la represión, algo que vemos reflejado en los movimientos actuales de la cultura tradicional y la contracultura.
La combinación de lo virtual y lo real de nuestra generación ha tenido un gran impacto por la ampliación de diferentes expresiones de la conducta.

Internet representa, para esta nueva generación digital, un territorio infinito, etéreo, virtual en donde se circunscriben varias prácticas alentadas por características como el anonimato y la rápida difusión. Los memes como lenguaje simbólico, por ejemplo, muestran un claro ejemplo de sublimación en nuestra cultura actual. Funciona como instrumento para conectar personas y ayudar en el proceso de autoreconocimiento, y difusión de representaciones colectivas asociadas con la sexualidad en diferentes situaciones sociales y culturales, moldeando nuestro “yo” a través de procesos de identificación y conexión con el otro virtual y real. 

Analizar las prácticas por las que los individuos se vieron llevados a prestarse atención a ellos mismos, a descubrirse, a reconocerse y a declararse como sujetos de deseo, haciendo jugar entre unos y otros una determinada relación que les permita descubrir en el deseo la verdad de su ser. (Foucault, 2005, p.9)

Estas condiciones producen “un sujeto histórico, a imagen y semejanza de la sociedad que lo instaura” (Arias, 2016, p.3), en  nuestro caso, nuestra tendencia idealizadora y generalizadora nos lleva por el camino del ideal “perfecto”, que genera inevitablemente una gran insatisfacción.

Conclusión

Si bien la vida se compone de incalculables pasos que a veces no sabemos a dónde dirigir, la sexualidad hace parte y es algo inherente al ser humano desde que nacemos hasta que morimos, la genitalidad aparece en el transcurso por el desarrollo del aparato sexual, pero la sexualidad desde que se nace hay una búsqueda de placer en todos los seres humanos, en dialéctica con la realidad, es decir una relaciòn que va más allá, no solo con el objeto amoroso con el cual se obtiene la satisfacción sexual, sino una relación de vinculación con el entorno, con cualquier cosa que nos rodea y a la cual amamos y nos amamos a la misma vez.

Queda claro que no es posible pensar en la constitución de la sexualidad sin antes tener un conocimiento claro de las relaciones que establecemos con el otro a lo largo de la historia de vida.  Igualmente Freud, desde sus primeras teorías, ubicó en un lugar central al inconsciente para entender la sexualidad, e indicó que para formar parte de una sociedad renunciamos en cierta medida a nuestros deseos sexuales mas íntimos;  y al irse estructurando el deseo sexual como uno de los aspectos más importantes de los problemas psíquicos, usualmente presentados en el individuo.
_______________ 
Referencias

- Arias, V. (2016) Sexualidad y virtualidad: algunas coordenadas para pensar el fenómeno del sexting desde el psicoanálisis. Universidad del Cuyo, Mendoza, Argentina.
- Bauman, Z. (2007) Vida de consumo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
- Castro, E. (2011) Contra la postmodernidad. España: Alpha Decay.
- Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), (2017). Encuesta de Comportamiento y Factores de Riesgo en Niñas, Niños y Adolescentes Escolarizados - ECAS 2016 Recuperado de https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/educacion/poblacion-escolarizada/encuesta-de-actitudes-y-comportamientos-sobre-sexualidad 
- Foucault, M, (1984). Historia de la Sexualidad: El uso de los Placeres. Siglo XXI Editores. 
Lombana, D. (2014) Sexualidad y poder en la obra de Michel Foucault. Universidad de Cartagena, Cartagena, Colombia.
            - Nasio, J. (1996) El placer de leer a Freud. Argentina: Editorial Gedisa.
- Gómez, N., & Loving, R. (2011). Funcionamiento familiar, Locus de control y patrones de conducta sexual riesgosa en jóvenes universitarios. Enseñanza e Investigación en Psicología, 16 (2), 309-322.
- Pinto, R. (1999) Hermenéutica del deseo y generó sexual. Barcelona: Universidad de Barcelona.

viernes, 18 de abril de 2014

104 - Los Sueños Una mirada trascendente


Los sueños y especialmente el fenómeno onírico ha sido estudiado desde los comienzos de la humanidad por su gran contenido simbólico, enigmático e inquietante. Es como si en los cambios que ha tenido el ser humano a lo largo de su evolución, Esto, ya estaba esperando al final de camino, es decir, el sueño lleva una ventaja de años luz para el desarrollo de lo que la sociedad llama la conciencia, que es el inconsciente para la psicología, y la parte trascendente del ser humano que se asemeja al océano o al universo, desconocido, sin esperanza cerca de al menos palparlo.

En este espacio se ha hablado del sueño estudiado por Freud y el psicoanálisis, fundamental para adentrarse en este camino. Sin embargo a continuación se hará un Progrès en este fenómeno tocando un tema tan amplio como complejo que consiste en el Sueño Paradoxal, sueño paradójico o fase Rem. Para comenzar es necesario despejar las palabras.

Fase del sueño en la que los ojos se mueven rápidamente; por eso también se llama sueño REM (Rapid Eye Movement). Es el momento en que el individuo está más relajado, aunque es relativamente fácil despertarlo, de ahí su nombre de paradójico. Empieza aproximadamente una hora y media después de haberse dormido. Sus características son: respiración rápida y superficial, discreta aceleración del ritmo cardiaco, excitación sexual (en ocasiones una polución nocturna) y fenómeno de ensoñación.1
 
El sueño paradoxal es algo desconocido, y en él se presenta la activación de una serie de actividades fisiológicas, psíquicas e intelectuales en las que parece que el soñante estuviera despierto, pero todo su cuerpo está inmóvil. Toda la serie de características que presenta hace pensar en que se está en otra dimensión, y la realidad es que así lo muestran las imágenes, los sentimientos, estados anímicos que cada uno tiene cuando sueña, lugares desconocidos y confusos, colores, imágenes, gente, entre otras muchas cosas más.
 
Ya habiendo avanzado en entender o mostrar lo que es el sueño paradoxal, hay en la actualidad un doctor en física llamado Jean Pierre Garnier Malet.2 que tiene una nueva teoría del tiempo en la que explica físicamente la existencia de las aperturas temporales. En este momento sólo se tratará dentro de esa vasta teoría, lo que tiene que ver con los sueños, especialmente el paradoxal, como parte fundamental de la misma.
 
Inclusive:
 
Se ha visto también que esta asombrosa actividad intelectual es mucho más intensa que la existente mientras estamos despiertos. Ibid. P. 11. 3
 
Sigue siendo un misterio actualmente, con el batallón de aparatos para monitorear el cerebro que tiene la ciencia de hoy, allí entra necesariamente la idea de que el cerebro sólo es un cuerpo (igual desconocido) físico que presenta alteraciones en zonas específicas, materia, como lo diría Garnier, energía corpuscular. pero resulta que también dice que la materia tiene su paralelo que es la energía ondulatoria que es la del sonido y muchas otras cosas.
 
Siguiendo con el estado enigmático del sueño paradoxal dice Garnier:
 
 [...] no es el único momento -las aperturas temporales están a nuestra disposición de continuo- pero es el más importante. Los sueños no son una fantasía, son básicos, su supresión conlleva a la muerte en un cierto plazo. Si impedís soñar a una rata, a pesar de que le deis de comer y la dejéis dormir, se muere en diecinueve días. Ibid.
 
Aquí lo importante es que el ser humano sea consciente de lo fundamental que son los sueños para su ciclo vital, se acabo de ver que una rata moriría a los días, y según él también las personas morirían más o menos en dos años.
 
Se ve ahora después de tanto tiempo en la historia la importancia de los sueños, dicho por el discurso científico, desde la física. Como se escribió al comienzo, ya en este espacio se ha reflexionado sobre la importancia del fenómeno onírico en la vida humana. Pero como todo, la ciencia actualmente le da peso a las cosas.
 
Así que la mirada trascendente de la que habla el titulo consiste en que el sueño es en su etapa paradoxal un portal, dice Garnier, para que el soñante se comunique con su doble, es decir, con sus otros Yo, pues dice también que existe un yo que está en el pasado con lo que ya vivimos. entonces existe el ser humano en diferentes niveles del tiempo, pasado, presente y futuro. Allí entra la teoría de la relatividad y la diferencia de la velocidad, el tiempo y la presencia de la materia. Ya que Garnier dice que el doble que está en el futuro va a una velocidad diferente y es imperceptible.
 
Como existen otras teorías que desarrollan otros puntos, no es justo que se pase por alto de la que se habló. Finalmente esta es otra mirada de lo que significan los sueños, ya desde la ciencia y desde evidencia, sin embargo ella, tampoco alcanza para despejar la cuestión ya que es complejo intentar darle punto final y cierre a lo que se abre cada noche.
 
___________________
3. Lucile, Jean Pierre Garnier Malet. CAMBIA TU FUTURO POR LAS APERTURAS TEMPORALES. Ed: Corine Leblanc Editions.
 
Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo

domingo, 12 de enero de 2014

101 - La angustia: Referencias freudianas


Este artículo aparece en el libro La angustia y el Síntoma escrito por Bernard Nominé* donde hace un recorrido, sigue desde su origen hasta su desarrollo y adelantos sobre la angustia como un elemento esencial para el nacimiento mismo del psicoanálisis, y de todo lo que significa la vida humana. Actualmente lo que se quiere barrar es eso, la angustia se quiere evitar, desconocer, tapar, echarle tierra, encasillar para poderla entender, meterla en un manual psicodiagnóstico, explicarla haciendo el intento de agotarla, y toda una serie de recursos que se utilizan para hacer algo frente a... .

Se comenzará por hacer un recorrido por referencias como la que se citó anteriormente para conceptualizar lo conceptualizado.

"La angustia: Referencias freudianas

En Freud encontramos varias tesis sobre la angustia, pero creo que un punto no varió: desde el principio se da cuenta que la angustia se relacionaba con el sexo y con la vida pulsional. Por eso creo que es importante volver a leer los primeros textos freudianos y respecto a ese tema les recomiendo el Manuscrito E, es decir, una de las cartas de Fliess que posiblemente fue escrita en junio de 1894. Se suele considerar que es el primer texto de Freud sobre la angustia, ese trabajo se titula ¿Cómo se origina la angustia?

Enseguida tuve claro que la angustia de mis neuróticos tenía mucho que ver con la sexualidad [...]1. Freud escribe que su punto de partida fue la angustia generada por la práctica del coito interrumpido, pero poco a poco se dio cuenta de que era una pista falsa. El coito interrumpido sólo ilustra una situación en la que la descarga de la excitación está impedida. A Freud se le ocurrió que lo que genera la angustia es:

[...] una acumulación física de la excitación, o sea una acumulación de tensión sexual física. La acumulación es consecuencia de una descarga estorbada; por tanto, la neurosis de angustia es una neurosis de éxtasis como la histeria; de ahí la semejanza, y puesto que la angustia no está contenida dentro de lo estancado, uno expresará el hecho diciendo que la angustia ha surdido por mudanza desde la tensión acumulada 2.

Este razonamiento se funda en una metáfora energética. La energía producida ha de ser transformada si no se acumula y acabará por molestar al organismo. Normalmente, alcanzado cierto umbral, la excitación física ha de ser ligada a un afecto psíquico para llevar al individuo a una reacción específica que organiza las condiciones de la descarga, es decir, el acto sexual.

Si la reacción específica no puede producirse -escribe Freud- crece desmedidamente la tensión físico-psíquica (el afecto sexual), se vuelve perturbadora, pero no hay todavía fundamento alguno para su mudanza. En la neurosis de angustia esa mudanza sobreviene; [...] la tensión física crece y alcanza su valor de umbral, con el que puede despertar afecto psíquico, pero por razones cualesquiera el anudamiento psíquico que se le ofrece permanece insuficiente, es imposible llegar a la formación de un afecto sexual porque faltan para ello las condiciones psíquicas: así, la tensión física no "ligada", psíquicamente se muda en [...] angustia 3.

Pues la tesis de Freud en esa carta a Fliess, redactada antes de sus primeros escritos sobre la angustia y la neurastenia, es bastante sencilla: el origen de la angustia es una falla del sistema que convierte la excitación interna en libido. (negrita resaltada por psiquik) Dicho de otro modo, con los términos lacanianos, diríamos que el origen de la angustia es un exceso de goce debido a una falta de libido, siendo esta última la mejor solución para tratar el goce.

Es preciso definir lo que es la teoría de la libido en Freud. La libido pertenece al registro de los instintos o, mejor dicho, al registro de las pulsiones. [...] lo cual armonizaba con la frase del poeta, que alcanzó difusión popular: la fábrica del mundo es mantenida 'por hambre y por amor'. La libido era la exteriorización de fuerza del amor, en idéntico sentido que el hambre lo era de la pulsión de autoconservación. 4. A continuación Freud opone la libido a la pulsión de muerte. Pues la libido equivale a la pulsión de vida, a la pulsión amorosa que organiza la energía sexual para encaminarla hacia el encuentro con un objeto de amor. Como siempre esclarece su teoría con ayuda de la patología. Pues aquí dice:

"Se discernió del siguiente modo el proceso patógeno de la demencia -dementia praecox-: la libido era debilitada de los objetos e introducida en el yo, mientras que los fenómenos patógenos paralizantes procedían del vano afán de la libido por hallar el camino de regreso a los objetos. 5. La libido en la teoría de Freud aparece como "la expresión de un esfuerzo por obtener una satisfacción por medio de los objetos."6 

__________________

* Nominé, B (2007) LA ANGUSTIA Y ELK SÍNTOMA. Ed: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia. P: 7.  
Citas dentro del texto citado: 1. FREUD, Sigmund. Obras completas, "Manuscrito E", Vol. 1, Buenos Aires, Ed: Amorrortu, 1978, p. 229, 230-231 / 3: (la letra resaltada es mía, la cursiva del original)
4.5. FREUD, S. Obras completas "Teoría de la libido". Vol. XVIII. op.cit., p. 250.
6. FREUD, S., Obras completas, "Tres ensayos para una teoría sexual". Vol. VII. op.cit.,p. 198. 
 
Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

99 - LA ATENCIÓN DURANTE LA NARRACIÓN DE LOS SUEÑOS

 
La siguiente es la transcripción de un interesante artículo escrito por Sandor Ferenczi en sus obras, consecuentemente el tema que toca llama la atención por lo enigmático e importante para todo aquel que tenga contacto con los pacientes en la clínica. Como se ha dicho en este lugar y en la teoría psicoanalítica fundamentalmente con Freud, es que el Sueño tiene trascendencia para marcar la vida anímica del humano, no es una simple formación nocturna para descargar la mente, no es algo producido por estímulos externos o cualquier otra cosa que la ciencia haya dicho al respecto. El sueño trasciende lo banal y por medio del absurdo que es un mecanismo presente en manos de la censura, hace el acto de Salvar, Mantener y proteger al soñante de la gran angustia que le esperaría sentir sin velo alguno la naturaleza de sus deseos.
 
XXI LA ATENCIÓN DURANTE LA NARRACIÓN DE LOS SUEÑOS
 
     "El psicoanalista, como es bien sabido, no debe escuchar con tensa atención lo que dice el paciente, sino con una atención "flotante", (véase consejos a jóvenes médicos, Freud), lo cual posibilita la debida perspectiva a su propio inconsciente. Me gustaría hacer una excepción a esta regla a lo que atañea la narración de los sueños del paciente, puesto que aquí cada detalle, cada matiz de la expresión, el encadenamiento de los contenidos deben interpretarse por medio de palabras. Debe tratar uno de observar también cuidadosamente las expresiones usadas en la narración de los sueños. Frecuentemente me he narrado a mí mismo sueños complicados hasta tres veces".
 
     Aquí el producto de la experiencia es muy valioso ya que como se ha dicho en escritos anteriores Ferenczi tuvo su sello y estilo al practicar la técnica aprendida por Freud al que llama profesor y maestro, él a partir de su clínica hizo con la técnica algo para sentirse cómodo si se permite expresarlo así o una herramienta que se acomodara a su mano para el trabajo.
 
     Frente a la recomendación hecha en este texto hay elementos que desde la práctica misma tal como lo hizo él con Freud, no considero que se tenga que hacer necesariamente como aquí lo aconseja, pues el acto de perseguir significaciones o símbolos le quita valor a lo que él mismo nombra como atención flotante, el acto de dar caza es de la represión, que como mecanismo de defensa debe guardar al yo de la angustia, no, aquí no se está trabajando con el yo, al ver la vida onírica, se está trabajando con el inconsciente que es el que está presente en la formación del sueño.

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Referencia: *Ferenczi, S (1967) TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 194

Carlos Enrique Correa Lagos - psicólogo

sábado, 30 de noviembre de 2013

93 - EL ROSTRO DE LA HISTERIA EN ANÁLISIS*



     La siguiente es una transcripción del libro citado, donde Juan David Nasio hace un análisis de la manera como se presenta la histeria en la clínica psicoanalítica contemporánea, de parte del analizando y el analista, una relación de insatisfacción, de histerización y de tristeza del yo. La práctica y la teoría han cambiado con los tiempos y con la "evolución" del sujeto del inconsciente que está dividido, agujereado, partido en pezados o entre las más diversas formas que se presenta, al final ya su verdad no es segura y además se ha perdido. este texto pone frente al lector una figura, figura clínica que se comprueba y de la que se es parte porque como dice Nasio todos somos histéricos en algún momento.

     "[...] Desde nuestro puesto transferencial, verificamos tres estados o incluso tres posiciones permanentes y duraderas del yo histérico. Más allá de la multiplicidad de acontecimientos que se suceden a lo largo de una cura, y sin prejuicio de las palabras, afectos y silencios, reconocemos efectivamente tres estados propios del yo que resumen por sí solos el rostro específico de la histeria en análisis. Un primer estado, por así decir, pasivo, donde el yo se encuentra en constante espera de recibir del Otro, no la satisfacción que colma, sino, curiosamente, la no respuesta que frustra. Esta espera defraudada, siempre difícil de manejar para el psicoanalista, conduce a la perpetua insatisfacción y al descontento de que tanto suele quejarse el neurótico. Primer estado, pues: el de un yo insatisfecho. Otra posición típicamente histérica observable en el análisis es también un estado del yo, pero un estado más bien activo de un yo que histeriza, es decir, que transforma la realidad concreta del espacio analítico en una realidad fantasmática de contenido sexual. Pronto vamos a determinar de qué consiste esa transformación y qué sentido habrá que otorgar a este calificativo de "sexual", pero ya podemos afirmar que el yo histérico erotiza al lugar de la cura. Segundo estado, pues: el de un yo histerizador. Existe además una tercera posición subjetiva del histérico, caracterizada por la tristeza de su yo cuando debe afrontar por fin la única verdad de su ser: no saber si es un hombre o una mujer. Tercer estado, pues: el de un yo tristeza. Detengámonos un momento sobre cada uno de estos estados yoicos.

 
UN YO INSATISFECHO

     Para el psicoanálisis, la histeria no es una enfermedad que afecte a un individuo, como se piensa, sino el estado enfermo de una relación humana en la que una persona es, en su fantasma, sometida a otra. La histeria es ante todo el nombre que damos al lazo y a los nudos que el neurótico teje en su relación con el otro, sobre la base de sus fantasmas. Formulémoslo con claridad: el histérico, como cualquier sujeto neurótico, es aquel que , sin saberlo, impone al lazo afectivo con el otro la lógica enferma de su fantasma inconsciente. Un fantasma en el que él encarna el papel de víctima desdichada y constantemente insatisfecha. Precisamente este estado fantasmático de insatisfacción marca y domina toda la vida del neurótico.
     Pero ¿por qué concebir fantasmas y vivir en la insatisfacción, cuando en principio lo que buscamos alcanzar es la felicidad y el placer? La razón es clara: el histérico es, fundamentalmente, un ser de miedo que, para atenuar su angustia, no ha encontrado mas recurso que sostener sin descanso, en sus fantasmas y en su vida, el penoso estado de la insatisfacción. Mientras esté insatisfecho, diría el histérico, me hallaré a resguardo del peligro que me acecha. Pero, ¿de qué peligro se trata? ¿de qué tiene miedo el histérico? ¿Qué teme? Un peligro esencial amenaza al histérico, un riesgo absoluto, puro, carente de imagen y de forma, más presentido que definido: el peligro de vivir la insatisfacción de un goce máximo. Un goce de tal índole que, si lo viviera, lo volvería loco, lo disolvería o lo haría desaparecer. Poco importa que imagine este goce máximo como goce del incesto, sufrimiento de la muerte o dolor de agonía; y poco importa que imagine los riesgos de este peligro bajo la forma de la locura, de la disolución o del anonadamiento de su ser; el problema es evitar a toda costa cualquier experiencia capaz de evocar, de cerca o de lejos, un estado de plena y absoluta satisfacción. Por más que se trate de un estado imposible, el histérico lo presiente como una amenaza realizable, como el peligro supremo de ser arrebatado un día por el éxtasis y de gozar hasta la muerte última. En suma, el problema  del histérico es ante todo su miedo, un miedo profundo y decisivo que en verdad él no siente jamás, pero que se ejerce en todos los niveles de su ser; un miedo concentrado en un único peligro: gozar. El miedo y la tenaz negativa a gozar ocupan el centro de la vida psíquica del neurótico histérico.
     Ahora bien, para alejar esta amenaza de un goce maldito y temido, el histérico inventa inconscientemente un libreto fantasmático destinado a probarse a sí mismo y a probar al mundo que no hay más goce que el goce insatisfecho. Así pues, ¿Cómo alimentar el descontento si no creando el fantasma de un monstruo, monstruo que nosotros llamamos el Otro, unas veces fuerte y supremo, otras débil y enfermo, siempre desmesurado para nuestras expectativas y siempre decepcionante? Cualquier intercambio con el otro conduce inexorablemente a la insatisfacción. La realidad cotidiana del neurótico se modela, en consecuencia, según el molde del fantasma, y los seres cercanos a los que ama u odia desempeñan para él el papel de un Otro insatisfecho. 
     El histérico trata a su semejante amado u odiado, y en particular a su partenaire psicoanalista, de la misma forma en que trata al Otro de su fantasma. ¿Qué cómo se las arregla? Busca -¡y siempre encuentra!- aquellos puntos en que su semejante es fuerte y abusa de esta fuerza para humillarlo; y los puntos en que se semejante es débil y, por esta debilidad, despierta compasión. Con agudísima percepción, el histérico descubre en el otro la señal de una potencia humillante que lo hará desdichado, o de una impotencia conmovedora que le suscita piedad, pero a la que no podrá poner remedio. En síntesis, se trate del poder del otro o de la falla en el otro, con el Otro de su fantasma o con el otro de su realidad, lo que el yo histérico se empeñará en reencontrar como su mejor guardián, será siempre la insatisfacción. El mundo de la neurosis, poblado de pesadillas, obstáculos y conflictos, se convierte en la 'única muralla protectora contra el peligro absoluto del goce.

 
UN YO HISTERIZADOR

     El histérico nunca percibe sus propios objetos internos o los objetos externos del mundo tal como se los percibe comúnmente, sino que él transforma la realidad material de esos objetos en realidad fantasmatizada; en una palabra: histeriza el mundo. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué significa histerizar?.
      Acabamos de ver que, para asegurarse una estado de insatisfacción, el histérico busca en el otro la potencia que lo somete o la impotencia que lo atrae y lo decepciona. Dotado de una aguda sensibilidad perceptiva, detecta en el otro la mínima falla, el mínimo signo de debilidad, el más pequeño indicio revelador de su deseo. Pero, a semejanza de un ojo penetrante que no se conforma con horadar y traspasar la apariencia del otro para encontrar en él un punto de fuerza o de fisura, el histérico inventa y crea lo que percibe. El instala en el cuerpo del otro un cuerpo nuevo, tan libidinalmente intenso y fantasmático como lo es su propio cuerpo histérico. Pues el cuerpo del histérico no es un cuerpo real, sino un cuerpo sensación pura, abierto hacia afuera como un animal vivo, como una suerte de ameba extremadamente voraz que se estira hacia el otro, lo toca, despierta en él una sensación intensa y de ella se alimenta. Histerizar es hacer que nazca en el cuerpo del otro un foco ardiente de libido.
     Modifiquemos ahora nuestro lenguaje y definamos de un modo más preciso el concepto de histerización. ¿Qué es Histerizar? Histerizar es erotizar una expresión humana, la que fuere, aún cuando por sí misma, en lo íntimo, no sea de naturaleza sexual. Esto es exactamente lo que hace el histérico: con la máxima inocencia, sin saber, él sexualiza lo que no es sexual; por el filtro de sus fantasmas de contenido sexual -y de los que no tiene necesariamente conciencia-, el histérico se apropia de todos los gestos, todas las palabras o todos los silencios que percibe en el otro o que él mismo dirige al otro.
     A esta altura debemos hacer una precisión que se tendrá en cuenta cada vez que utilicemos en este libro la palabra "sexual" ¿De que sexualidad se trata cuando pensamos en la histeria? ¿Cuál es el contenido de esos fantasmas? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el histérico sexualiza? Empecemos por aclarar que el contenido sexual de los fantasmas histéricos no es nunca vulgar ni pornográfico, sino una evocación, muy lejana y transfigurada, de movimientos sexuales. Se trata, estrictamente hablando, de fantasmas sensuales y no sexuales, en los que un mínimo elemento anodino puede obrar como disparador de un orgasmo autoerótico.
     Debemos comprender, en efecto, que la sexualidad histérica no es en absoluto una sexualidad genital sino un simulacro de sexualidad, una seudogenitalidad más cercana a los tocamientos masturbatorios y a los juegos sexuales infantiles que a un intento real de concretar una verdadera relación sexual. Para el histérico, sexualizar lo que no es sexual significa transformar el objeto más anodino en signo evocador y prometedor de una eventual relación sexual. El histérico es un creador notable de signos sexuales que rara vez van seguidos del acto sexual que anuncian. Su único goce, goce masturbatorios, consiste en producir estos signos que le hacen creer y hacen creer al otro que su verdadero deseo es internarse en el camino de un acto sexual consumado. Y sin embargo, si existe un deseo en el que el histérico se empeñe, es el de que tal acto fracase; para ser más exactos, el histérico se empeña en el deseo inconsciente de la no realización del acto y, por consiguiente, en el deseo de permanecer como un ser insatisfecho.
     El marco habitual del análisis, el diván, el ritual de las sesiones o el tono particular de la voz del psicoanalista, así como el vínculo transferencial, constituyen condiciones de las más favorables para que se instale este estado activo de histerización. La palabra del analizando, hombre o mujer -se lo diagnostique o no como "histérico"-, en determinado momento de la sesión puede cargarse de un sentido sexual, suscitar una imagen fantasmática y provocar efectos erógenos en el cuerpo, sea el cuerpo del psicoanalista o del propio analizando.
     El relato de una analizanda nos permitirá ilustrar la forma en que un elemento anodino de la realidad puede ser transformado en signo erótico.

     Ejemplo de histerización: "Cuando al llegar oigo el toque de la perta principal del edificio, cuando usted me abre pulsando el botón del portero automático, siento que su dedo pulsa mi piel a la altura de los brazos. Y en ese momento me río de mi misma. A decir verdad, sólo me reí la primera vez que me pasó; ahora no me río más, mis sensaciones me absorben. Cada vez que estoy atenta al más ligero movimiento del otro, lo recibo en la piel, lo siento, siento un calor en el cuello o en el corazón. Siento incluso una excitación cuando oigo el simple ruido de la respiración de un hombre junto a mí. En ese momento algo llega directamente al cuerpo, sin ninguna barrera. Ante los menores ruidos que usted hace, siento inmediatamente una sensación de placer en mi piel. Soy muy sensible a sus movimientos que resuenan en mi piel. Imagino lo que sucede en usted como si yo fuera su propia piel envolviéndolo. Siento sus movimientos en mi piel porque yo soy su piel." Después de un silencio, añade: "Pensar esto decírselo me tranquiliza, y me da un límite. El razonamiento mismo es el límite."
Vayamos ahora al tercer estado del yo histérico, el yo tristeza.

 
UN YO TRISTEZA

     Es de imaginar hasta qué punto el yo histérico, para histerizar la realidad, debe ser maleable y capaz de estirarse sin discontinuidad desde el punto más íntimo de su ser hasta el borde más exterior del mundo, y cuán incierta se torna entonces la frontera que separa los objetos internos de los objetos externos. Pero esta singular plasticidad del yo instala al histérico en una realidad confusa, medio real, medio fantaseada, donde se emprende el juego cruel y doloroso de las identificaciones múltiples y contradictorias con diversos personajes, y ello al precio de permanecer ajeno a su propia identidad de ser y, en particular, a su identidad de ser sexuado. Así pues, el histérico puede identificarse con el hombre, con la mujer, o incluso con el punto de fractura de una pareja, es decir que puede encarnar hasta la insatisfacción que aflige a ésta. Es muy frecuente comprobar la asombrosa soltura con que el sujeto adopta tanto el papel del hombre como el de la mujer, pero sobre el todo el papel del tercer personaje que da lugar al conflicto o, por el contrario, gracias al cual el conflicto se resuelve. El histérico, desatando el conflicto o despejándolo, sea hombre o mujer, ocupará invariablemente el papel de excluido. Precisamente, lo que explica la tristeza que suele agobiar a los histéricos es el hecho de verse relegados a ese lugar de excluidos. Los histéricos crean una situación conflictiva, escenifican dramas, se entrometen en conflictos y luego, una vez que ha caído el telón, se dan cuenta, en el dolor de su soledad, de que todo no era más que un juego en el que ellos fueron la parte excluida. En estos momentos de tristeza y depresión tan característicos descubrimos la identificación del histérico con el sufrimiento de la insatisfacción: el sujeto histérico ya no es un hombre, ya no es una mujer, ahora es el dolor de la insatisfacción (la negrita es mía psiquik). Y, en medio de ese dolor, queda en la imposibilidad de decirse hombre o de decirse mujer, de decir, simplemente, la identidad de su sexo. La tristeza del yo histérico responde al vacío y a la incertidumbre de su identidad sexuada.

     En suma, el rostro de la histeria es una cura de análisis y, fuera de ésta, en cualquier relación con el otro, se presenta como un lazo insatisfactorio, erotizador y triste, enteramente polarizado alrededor de la tenaz negativa a gozar.
     Es oportuno precisar ahora que esta tenaz negativa a gozar aparece igualmente en los fundamentos de esas otras neurosis que son la obsesión y la fobia, pero adoptando entonces modalidades bien específicas. ¿Cuáles son las modalidades obsesiva y fóbica de la negativa que el neurótico impone al goce? Y, comparativamente, ¿cuál es la modalidad específica de la negativa histérica? De esto vamos a tratar a continuación.

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* Fragmento del libro: Nasio, J (1993) EL DOLOR DE LA HISTERIA. Ed: Paidós. Buenos Aires, Argentina. P. 15 jus 23.

domingo, 21 de abril de 2013

83 - EL INCONSCIENTE EN LA COMUNIDAD TERAPÉUTICA



EL INCONSCIENTE EN LA COMUNIDAD TERAPÉUTICA
“Conceptualización y reflexión frente a la negación”

Por:

CARLOS ENRIQUE CORREA LAGOS[1]

Domingo 21 de Abril del 2013

 
Para comenzar este escrito es lícito nombrar alrededor de qué temas va a tratar y su finalidad. Cuando la experiencia arroja una serie de interrogantes, lo más justo de parte del que la vive es formar o al menos intentar hacer algo para tramitarlos. Es lo que sucede cuando se trata con sujetos que expresan un conjunto de manifestaciones sintomáticas que se confunden con su gran carga gozante. A continuación se van a esbozar una serie de pensamientos fruto del trabajo con Toxicómanos y particularmente con el sujeto adicto, para llegar finalmente a exponer pensamientos resultantes de esta labor.

En la sociedad se presentan diferentes fenómenos que la afectan directamente o que a su vez la benefician en la dinámica del mercado y de los productos, ósea de los objetos. A pocos se les escapa de la percepción el hecho de que la juventud adolescente gira en torno a la consecución de objetos que los colmen, que los satisfagan, que los llenen o que los mantengan “ocupados”, es por eso que en la contemporaneidad no es raro ver al joven alienado a su black berry, a su Ipod, a su computador y a su Facebook entre otras muchas novedades tecnológicas que los robotizan y los mecanizan, hasta que al parecer, el contacto social es cada vez más opaco. Y en cambio aparece como preferencia el contacto virtual, el lazo imaginario, débil y engañoso. Con todo esto viene del mismo modo aparejado al sufrimiento que es tan humano, esta metamorfosis actual que se expone no lo eliminó, sino que lo puso más manifiesto, lo exacerbó, ya el sujeto no puede negar esa dimensión del padecer.
Hablar de objetos remite a un campo muy amplio que generaliza el movimiento de las sociedades donde está incluido el sujeto, es así como hay que delimitar el espectro para referirse únicamente al objeto droga, al tóxico, con el que alimentan el alma muchos, y que al mismo tiempo genera un cambio en el orden e las cosas tanto a nivel individual como social.
Se evidencia el malestar social, político, familiar e individual que este objeto trae consigo, familias angustiadas porque tienen uno o varios miembros adictos a una o varias sustancias psicoactivas, tóxicas, y que se ven frente a la “espada y la pared” o sea encerradas sin muchas alternativas. La sociedad aquí también tiene su protagonismo, ya que no saben qué hacer con este “enfermo”, “loco” o “delincuente”, que es capaz de realizar lo impensable para conseguir su producto, es por eso que se gastan cantidades de dinero erradicando cultivos, judicializando a adictos, pero siempre están en el juego de atacar la manifestación.  
Con esta introducción de la temática se comenzará por hablar de lo que realmente es el ambiente donde se encuentran los toxicómanos, en su mayoría, que son las Comunidades Terapéuticas, porque como lo haría un sujeto perverso el goce no les deja cabida para la angustia, como el perverso usa el fetiche, el toxicómano usa la droga que lo mantiene, y no lo deja caer en muchos casos. Este pensamiento se expone para iniciar.
Es importante nombrar que en este trabajo hablará de conceptos psicoanalíticos, como también utilizará el elemento ético del Uno por Uno, la particularidad, ya que no es el objetivo del mismo generalizar, aunque algunos fenómenos se repitan en sujetos, en este espacio no se pretende hablar del “todos” ya que se sabe que un adicto a la marihuana tiene un rasgo que lo diferencia de otro aunque consuma la misma sustancia, es decir, la trama subjetiva no se repite, y ese es su sello.
Siguiendo con el tema de las Comunidades Terapéuticas el desarrollo conceptual en esta parte se hará tomando como base el libro de Elena Goti titulado La Comunidad Terapéutica[2] que en su primera parte lanza la pregunta inicial ¿QUÉ ES UNA COMUNIDAD TERAPÉUTICA? Y llega a EL DROGADICTO, describiendo en su primer momento como se presenta, dice:
“Viene huyendo, sucio, desaliñado, culpabilizado, golpeado, cansado. Ya ha pasado por varios tratamientos, clínicas, hospitales de día. En todos ellos fracasó. Su familia está cansada, desalentada, frustrada. El único lugar donde era aceptado sin condiciones era entre los “locos”.” Goti, E. (2009) P. 30
Esta descripción es muy consecuente, ya que pareciera que al drogadicto no le importara su imagen, hiciera el esfuerzo por borrarla, por degradarla o por matarla, sin embargo Goti nos dice que huye, ya no encuentra lugar, está afuera o de la realidad en el viaje, siempre parcialmente (exceptuando una patología previa que se apoye en el tóxico, por ejemplo una pre-psicósis), o está afuera de la sociedad porque se siente u objetivamente es expulsado, bien sea por la policía, por otras personas o por él mismo. Lo fijo es que ya no tiene lugar sino en el espacio de “locos” para utilizar el concepto de la autora; en las ollas donde no existe otra opción sino adentrarse en el “infierno”, concepto utilizado por algunos sujetos adictos.
Prosiguiendo con la idea escribe la autora que hay tres maneras de reaccionar al peligro haciendo, la analogía de un incendio, dice en el primer ejemplo que cuando un sujeto percibe el peligro (fuego) siente miedo y su acción es huir y alejarse. En el segundo caso, el sujeto percibe el fuego, sabe que es un peligro, siente rabia, bronca y su acción es atacar las llamas, acabar con la fuente de displacer, y el tercer caso que es donde se ubica el adicto o toxicómano, que es que percibe el fuego (peligro, situación de tensión, problemas, displacer), no siente nada, se bloquea y no reacciona porque está “Encapsulado”, se sale de la realidad para no sentirla por medio del objeto tóxico. Se pregunta entonces Goti por “¿Cuál es la diferencia con el neurótico?” Ibid. P. 35. Y responde:
“Este También a veces está paralizado, aislado, inmovilizado y su relación con la realidad también es deficitaria. Básicamente, que el neurótico siente. No tolera sus sentimientos, pero siente. Y al sentir busca ayuda.” Ibid. P. 36.
El adicto no, en su capsula no siente sino un goce que lo mantiene siempre parcialmente ensimismado en sus sensaciones que lo empujan a buscar la satisfacción que siempre se escapa, en esta parte lo único que encuentra si acude o es llevado por un familiar, adecuado y diferente es la Comunidad Terapéutica que lo acompaña y donde se encuentra constantemente con espejos.
Hasta acá se pone de manifiesto que hay una diferencia algunas veces evidente en la manera como se presenta cada sujeto, el uno sufre y busca, el otro goza y evita encontrarse con el sufrimiento pero también aparentemente “busca ayuda".
En ese camino de escapar del sufrimiento o evitarlo hay sujetos que se encuentran, chocan o se tropiezan en las Comunidades Terapéuticas, y se percibe que su estadía tiene un solo sentido y es el "huir" estando en C.T, y como es de esperarse utilizan varios mecanismos de defensa para hacer de su malestar algo "manejable", así es como entre estos se encuentran la racionalización, la represión, la formación reactiva, la fantasía, la intelectualización y la negación entre muchos más, pero en este espacio dentro de los mecanismos de defensa se trabajará la negación.
Según la definición del diccionario de psicoanálisis de Jean Laplanche[3] la negación es:
Procedimiento en virtud del cual el sujeto a pesar de formular uno de sus deseos, pensamientos o sentimientos hasta entonces reprimidos, sigue defendiéndose negando que le pertenezca.
La definición dice que el sujeto se niega a aceptar o a responsabilizarse de su propio deseo, es decir que al salir su representación, el sujeto se defiende con fuerzas para no apropiarse de eso. Se pensaría en el discurso de algunos sujetos adictos a un toxico o a varios (policonsumo) que dentro de una C.T se encuentran, cuando manifiestan libremente que quieren consumir y se retractan, que es el caso de la negación, pero se percata en el momento que de la negación de la que habla Freud va mas allá de un simple "no".
En 1925 Freud publica un artículo titulado La Negación donde trabaja este mecanismo de defensa hacia lo inconsciente bajo transferencia, o sea en el dispositivo analítico y cita hablando de un paciente:
En este caso habla que lo negado dentro del dispositivo es realmente lo afirmado bajo el sello del "no" pero "si", en el texto nombra un alzamiento "se alza" la represión, Freud lo dice así "Vemos como la función intelectual se separa en este punto del proceso afectivo" Ibid. Y sigue:
"Con la ayuda de la negación se anula una de las consecuencias del proceso represivo: la de que su contenido de representación no logre acceso a la consciencia. De lo cual resulta una especie de aceptación intelectual de lo reprimido, en tanto que subsiste aun lo esencial de la represión". Ibid.
Hasta este punto en lo que se percibe que consiste la negación no es en un decir "no", sino en una separación afectiva e intelectual, lo que se diferencia notablemente y remite al inconsciente, porque es el afecto lo que realmente no miente. Hay una imagen que fue publicada en redes sociales hace algún tiempo en un grupo de psicoanálisis que se llama Intrapsi[5] que hace parte de un chiste que ambienta esto que se está diciendo.
 
En el ambiente de la Comunidad Terapéutica este es un mecanismo que se evidencia en la convivencia, está el sujeto que de varios años de consumo al tercer día de estar en una C.T dice "ya me siento bien" cuando lo que da cuenta es de un enérgico proceso de negación que hace lo propio con su afecto y su pensamiento.
Es por eso que se decía que no es un "no" dicho desde el pensamiento consciente o la voluntad que tanto se lee en el discurso del adicto, sino un "si" que luego se niega, lo importante, porque lleva implícito un deseo real.

Esa separación o escisión entre el afecto y el pensamiento tiene implicaciones importantes para el sujeto toxicómano ya que si bien usa la capsula de la que habla Goti o la negación como lo dice Freud no se renuncia tan fácilmente a ese goce, entendido en este espacio siguiendo a Chemama en su diccionario de psicoanálisis[6] como las diferentes maneras o modos que el sujeto tiene para relacionarse con la satisfacción. Y se siente en transferencia que se establece con el sujeto adicto en la clínica que eso no se separa de su discurso, un goce nombrado, ya no mudo como en el flash, en la “traba” o en el viaje que busca sostenerse.
En el texto de la negación Freud habla de un:

"Yo primitivo, regido por el principio del placer, -que-, quiere introyectarse todo lo bueno y expulsar de si todo lo malo. Lo malo, lo ajeno al yo y lo exterior son para el en un principio, idénticos"[7]
Aquí en este punto Freud dice que lo exterior para el Yo es lo malo, con todas las implicaciones que tiene este concepto y pensándolo en el desarrollo psíquico del niño querría decir que lo que no es parte de la satisfacción para él es amenazante. Lo que no está muy alejado del sentido de la “traba” en el adicto, quiere huir del displacer y por medio de una inyección, una "guelida" término usado por ellos, o un “plón” escapar de la realidad que lo confronta constantemente al dolor de la vida.
Es así como tomando de referencia a Freud se puede tener como un paralelo del Yo-niño al Yo-adicto cuando dice que el toxicómano tiene un conflicto con la realidad.
El juicio es la evolución adecuada del proceso primitivo por el cual el Yo incorporaba cosas en su interior o las expulsaba fuera de sí, de acuerdo al principio del placer. Ibid.
El juicio que en el sujeto adicto falta o no llega y que lo hace tan vulnerable ante la decisión de consumir o no consumir es lo que predomina ya que está entregado al placer primitivo y a obtener la satisfacción urgente, el “Ya” de la apuesta capitalista con su producción de objetos cada vez más renovados, que en el caso de las sustancias no es diferente.
Su polarización -la del Yo- parece corresponder a la antítesis de los dos grupos de instintos -pulsiones- por nosotros supuestos. La afirmación -como sustitutivo de la unión- pertenece al Eros; la negación -consecuencia de la expulsión- pertenece al instinto -pulsión- de destrucción. Ibid.
Al poner de manifiesto las pulsiones que rigen la vida anímica polarizada en la negación y al agregar la afirmación-vida y la negación-muerte se divisa o se sospecha hacia dónde va dirigido el deseo del toxicómano, y es un camino que se traza entre Satisfacción-Negación-Muerte todo comandado por el primitivo principio de placer, empero como el toxicómano percibe que el toxico no le define su empuje a la muerte, lo intenta de nuevo hasta que se dé el cumplimiento de la pulsión que es el apaciguamiento del cuerpo humano, su detención.
En entonces la negación parte del Yo para defenderse de la angustia de un deseo inconsciente y de no existir, el sujeto quedaría trazado por la lógica del principio del placer. 
La finalidad para terminar de este texto fue la de conceptualizar el fenómeno de la negación como mecanismo psíquico dentro de la Comunidad Terapéutica y la existencia de lo inconsciente en todo este panorama.

[1] Psicólogo titulado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga Extensión Armenia, Quindío, actualmente trabaja en la Fundación Hernán Mejía Mejía, con los programas: Comunidad Terapéutica Familiar Escuela de Amor,  El paraíso de los niños, y el hogar de paso. También trabaja en clínica particular.
[2] Las comunidades Terapéuticas, Goti, E. (2009)
[3] Nota 10 Diccionario de Psicoanálisis, Jean Laplanche, Jean Bertrand Pontalis bajo la dirección de Daniel Lagache (versión virtual)
[6] Roland Chemama (1995) Diccionario de psicoanálisis, P.192. Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina.
 
BIBLIOGRAFÍA
- Goti, E. (2009), La Comunidad Terapéutica, Editorial: Fundación Hogares Claret, Medellín, Colombia.
- Diccionario de Psicoanálisis, Jean Laplanche, Jean Bertrand Pontalis bajo la dirección de Daniel Lagache (versión virtual)
- Roland Chemama (1995) Diccionario de psicoanálisis, P.192. Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina.