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miércoles, 22 de enero de 2014

102 - Toxicomanías y psicósis - (Una falla que no alcanza a ser locura)

 
Toxicomanias las llama Silvie Le Poulichet en su libro toxicomanías y psicoanálisis - las narcosis del deseo, comenzar desde allí se hace fundamental para abordar el tema que a continuación se va a transcribir. Hay que saber que ni desde el psicoanálisis, ni desde la psicología se ha abordado con detenimiento el tema desde su particularidad, el uno por uno. Más bien se ha dedicado, ahora menos que en el siglo pasado, a describir y a encasillar manifestaciones, y allí entra el campo de la psiquiatría a "estudiar" el fenómeno, o a dejar a sujetos embotados y sin palabra, es como presenciar a sonámbulos despojados de su subjetividad, porque ya está quien sabe lo que les pasa a ellos y allí hacen su entrada de gala los trastornos, los síndromes y los "no especificados". La operación es, con el fármaco silenciar el síntoma y se termina silenciando a un cuerpo, dejándolo casi muerto, entre el sueño y la vigilia, somnoliento, aletargado. Y se preguntará el clínico con un paciente como el antes descrito, ¿Qué hago? y la respuesta es, mire en el manual. Pero para la mente no hay manuales, uno de los vehículos fundamentales para descifrar lo que en lo latente del sufrimiento se esconde es la palabra y todas las manifestaciones del inconsciente.   
 
La autora antes citada se dio a la tarea de desmenuzar e interrogar la clínica del psicoanálisis frente a la clínica de las toxicomanías, porque como ella y otros lo han escrito, Freud habló poco de las adicciones o las toxicomanías, por allá en el malestar en la cultura hay una referencia a los quita penas como los llama, esas sustancias tóxicas que sacan al sujeto de su realidad parcialmente y les sirve de suplemento, como diría Le Poulichet. Pero Freud, después Lacan y todo el psicoanálisis, sí conoce del nacimiento del sujeto como ser hablante, como ser insertado en el orden simbólico, y por ende ser en falta.
 
Freud en su correspondencia con Fliess habla de la masturbación cuando le escribía en 1897:
 
         He llegado a creer, dice Freud, que la masturbación era la única gran costumbre, la necesidad    primitiva, y que los demás apetitos, como la necesidad de alcohol, de morfina, de tabaco, no son más que sus sustitutos, productor de reemplazo. Vera, O (1988) P. 102.
 
La masturbación aparece comparada con las toxicomanías por un nexo estructurante, una etapa del desarrollo psíquico del niño, y consecuentemente puesta en paralelo para decir algo frente al consumo de tóxicos. Aquí Freud no está generalizando, sino describiendo lo que aparece en su clínica. Fueron estos los pocos momentos donde habló de las toxicomanías. La masturbación aparece porque hay ausencia de objeto, el niño, el hombre, ha perdido algo, que no sabe si volverá y de ahí es que surge el suplemento, algo que viene a completar, una falta.
Empero la trama apenas comenzaba en esos tiempos de correspondencia, ahora ya se ha complementado lo dicho y se han teorizado muchas otras cosas que tienen que ver con el tema.
 
Aquí se dirá en principio que la claridad existente radica en la ausencia de estructura psíquica definitiva, no se han fijado las toxicomanías a la neurosis únicamente por ejemplo, ellas tienen presencia en los psicóticos y en los perversos, por igual. No es una estructura toxicómana de la que se trate, sino, hay en la estructura una toxicomanía o toxicomanías enredada, entramada y fijada.
 
Ahora se hace necesario leer a Le Poulichet y su pequeño fragmento donde habla de toxicomanías y psicosis:
 
     "No conocer la "ausencia" y encontrarse exiliado del deseo: ¿no es este un abismo en el que se han precipitado los sujetos psicóticos? Precisamente, las toxicomanías de la suplencia son formaciones que pueden prestar algo del cuerpo a ciertos sujetos psicóticos.3
     Así, una joven psicótica, heroinómana, me decía que ella no era más que "una pequeña cosa desgarrada", y que sufría mucho cuando la heroína no recorría sus venas para devolverle consistencia. Trapo o desecho inerte que vivía a la sombra de su madre, ella sólo podía salir parcialmente de ese abrazo mortífero si iba afuera, a "la lucha", a jugar su supervivencia y buscar "el polvo" para detener "la pudrición" de su cuerpo.
     Detengámonos un momento en esta cuestión del nexo entre toxicomanía y psicosis. Cuando un ser se encuentra verdaderamente en posición de encarnar el objeto del goce del Otro, y ningún significante le permite desprenderse de ese abrazo con La Madre, este "tratamiento de la máquina" realizado por la operación del Farmakon se presenta evidentemente como una tentativa última de mantenerse fuera del mundo. Se trata de una tentativa, irrisoria pero real, de producir un nuevo cuerpo, en la medida misma en que "un cuerpo" no se ha elaborado. El individuo no dispone e las coordenadas imaginarias y simbólicas que habrían permitido que eso hiciera cuerpo.
     La operación del Farmakon intenta entonces organizar un circuito cerrado quede algún modo pretendía "tapar" los orificios para la invasión de un Otro no castrado. Pensemos en L. Wolfson: con las voces que vienen de fuera, su madre le entra por las orejas; gracias a estrategias delirantes, él lucha contra la invasión por ese Otro materno que hace de su cuerpo un simple tubo. 4 Ninguna zona erógena se puede cerrar sobre un "borde"; su cuerpo esta abierto al goce del Otro: el Otro materno lo atraviesa por la boca, por las orejas, por el ano... Sus órganos están al servicio del goce del Otro.
     La clínica muestra que ciertas toxicomanías organizan un "repliegue" cuasi autista, como para resistir la invasión de un flujo de tipo materno, en el intento de crear un "borde" donde se cierre algo del cuerpo. En esas condiciones, la suspensión de la droga se suele acompañar de un recrudecimiento del delirio.
     Un montaje muy diferente se concreta cuando la figura de la intoxicación es integrada a una construcción delirante , puesto que no soporta ninguna tentativa de constitución de un borde. Así, encuentro pacientes psicóticos que, a mi parecer, en modo alguno son toxicómanos, sino que, por ejemplo, consumen ocasionalmente hachís. El "influjo maléfico" de esta "intoxicación" es puesto en primer plano en el discurso, a la vez por la familia y por el paciente, en el seno de una teoría delirante. Desde el punto de vista del paciente, "la intoxicación" presenta una analogía con los "rayos divinos" cuyos efectos creía sufrir Schreber. el consumo de droga se impone en ciertos momentos como para obedecer a una orden divina, cual un imperativo del goce del Otro que procurará transformar el cuerpo o convertirlo en un objeto "mancillado".
     No obstante, como lo anunciaron ya mis enunciados sobre las formaciones narcisistas, las coyunturas no me parecen tan definidas. Un desfallecimiento del Otro no implica una psicosis. Y encuentro muchos toxicómanos que a, a pesar de actualizar una verdadera suplencia narcisista (cuya noción me propongo precisar), no por ello son psicóticos."

Se Adjunta este video: http://www.youtube.com/watch?v=_zxdzGybjFI
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     3. Es de una manera enteramente diversa como las drogas alucinógenas, sobre todo cuando se las toma en la adolescencia, pueden concurrir a abrir una falla en sujetos psicóticos y precipitar un "brote delirante" No es forzoso que de ello siga una toxicomanía. V. Magnan y G, -G de Clérambeault ya habían estudiado esas manifestaciones.
     4. Vease L. Wolfson, Le schizo et les langues, París: Gallimard, 1970.
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Referencias:

- Vera, O (1988) DROGA, PSICOANÁLISIS Y TOXICOMANÍA - Las huellas de un encuentro. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 102.
- Le Poulichet (2012) TOXICOMANÍAS Y PSICOANÁLISIS - Las narcosis del deseo. Ed: Amorrortu Editores, Buenos Aires, Argentina. P. 125-126.

domingo, 12 de enero de 2014

101 - La angustia: Referencias freudianas


Este artículo aparece en el libro La angustia y el Síntoma escrito por Bernard Nominé* donde hace un recorrido, sigue desde su origen hasta su desarrollo y adelantos sobre la angustia como un elemento esencial para el nacimiento mismo del psicoanálisis, y de todo lo que significa la vida humana. Actualmente lo que se quiere barrar es eso, la angustia se quiere evitar, desconocer, tapar, echarle tierra, encasillar para poderla entender, meterla en un manual psicodiagnóstico, explicarla haciendo el intento de agotarla, y toda una serie de recursos que se utilizan para hacer algo frente a... .

Se comenzará por hacer un recorrido por referencias como la que se citó anteriormente para conceptualizar lo conceptualizado.

"La angustia: Referencias freudianas

En Freud encontramos varias tesis sobre la angustia, pero creo que un punto no varió: desde el principio se da cuenta que la angustia se relacionaba con el sexo y con la vida pulsional. Por eso creo que es importante volver a leer los primeros textos freudianos y respecto a ese tema les recomiendo el Manuscrito E, es decir, una de las cartas de Fliess que posiblemente fue escrita en junio de 1894. Se suele considerar que es el primer texto de Freud sobre la angustia, ese trabajo se titula ¿Cómo se origina la angustia?

Enseguida tuve claro que la angustia de mis neuróticos tenía mucho que ver con la sexualidad [...]1. Freud escribe que su punto de partida fue la angustia generada por la práctica del coito interrumpido, pero poco a poco se dio cuenta de que era una pista falsa. El coito interrumpido sólo ilustra una situación en la que la descarga de la excitación está impedida. A Freud se le ocurrió que lo que genera la angustia es:

[...] una acumulación física de la excitación, o sea una acumulación de tensión sexual física. La acumulación es consecuencia de una descarga estorbada; por tanto, la neurosis de angustia es una neurosis de éxtasis como la histeria; de ahí la semejanza, y puesto que la angustia no está contenida dentro de lo estancado, uno expresará el hecho diciendo que la angustia ha surdido por mudanza desde la tensión acumulada 2.

Este razonamiento se funda en una metáfora energética. La energía producida ha de ser transformada si no se acumula y acabará por molestar al organismo. Normalmente, alcanzado cierto umbral, la excitación física ha de ser ligada a un afecto psíquico para llevar al individuo a una reacción específica que organiza las condiciones de la descarga, es decir, el acto sexual.

Si la reacción específica no puede producirse -escribe Freud- crece desmedidamente la tensión físico-psíquica (el afecto sexual), se vuelve perturbadora, pero no hay todavía fundamento alguno para su mudanza. En la neurosis de angustia esa mudanza sobreviene; [...] la tensión física crece y alcanza su valor de umbral, con el que puede despertar afecto psíquico, pero por razones cualesquiera el anudamiento psíquico que se le ofrece permanece insuficiente, es imposible llegar a la formación de un afecto sexual porque faltan para ello las condiciones psíquicas: así, la tensión física no "ligada", psíquicamente se muda en [...] angustia 3.

Pues la tesis de Freud en esa carta a Fliess, redactada antes de sus primeros escritos sobre la angustia y la neurastenia, es bastante sencilla: el origen de la angustia es una falla del sistema que convierte la excitación interna en libido. (negrita resaltada por psiquik) Dicho de otro modo, con los términos lacanianos, diríamos que el origen de la angustia es un exceso de goce debido a una falta de libido, siendo esta última la mejor solución para tratar el goce.

Es preciso definir lo que es la teoría de la libido en Freud. La libido pertenece al registro de los instintos o, mejor dicho, al registro de las pulsiones. [...] lo cual armonizaba con la frase del poeta, que alcanzó difusión popular: la fábrica del mundo es mantenida 'por hambre y por amor'. La libido era la exteriorización de fuerza del amor, en idéntico sentido que el hambre lo era de la pulsión de autoconservación. 4. A continuación Freud opone la libido a la pulsión de muerte. Pues la libido equivale a la pulsión de vida, a la pulsión amorosa que organiza la energía sexual para encaminarla hacia el encuentro con un objeto de amor. Como siempre esclarece su teoría con ayuda de la patología. Pues aquí dice:

"Se discernió del siguiente modo el proceso patógeno de la demencia -dementia praecox-: la libido era debilitada de los objetos e introducida en el yo, mientras que los fenómenos patógenos paralizantes procedían del vano afán de la libido por hallar el camino de regreso a los objetos. 5. La libido en la teoría de Freud aparece como "la expresión de un esfuerzo por obtener una satisfacción por medio de los objetos."6 

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* Nominé, B (2007) LA ANGUSTIA Y ELK SÍNTOMA. Ed: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, Medellín, Colombia. P: 7.  
Citas dentro del texto citado: 1. FREUD, Sigmund. Obras completas, "Manuscrito E", Vol. 1, Buenos Aires, Ed: Amorrortu, 1978, p. 229, 230-231 / 3: (la letra resaltada es mía, la cursiva del original)
4.5. FREUD, S. Obras completas "Teoría de la libido". Vol. XVIII. op.cit., p. 250.
6. FREUD, S., Obras completas, "Tres ensayos para una teoría sexual". Vol. VII. op.cit.,p. 198. 
 
Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo.

jueves, 26 de diciembre de 2013

100 - XLVII EL "COMPLEJO DEL ABUELO"1


Este artículo aparece en el apartado del libro TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS escrito por Sandor Ferenczi que se titula SOBRE LA CRIANZA DE LOS NIÑOS, es importante verlo como una de las maneras de hacer psicoanálisis guiada y citada por Freud y con un tema siempre actual como lo es la inscripción del abuelo como significante en el inconsciente.

"XLVII EL "COMPLEJO DEL ABUELO"
 
     Los trabajos precedentes de Abraham y Jones ofrecen una casi exhaustiva explicación de la importancia que a menudo asumen en la vida de los nietos sus relaciones con los abuelos. En relación con esto me gustaría referir brevemente alguna de las cosas observadas por mí al respecto.
     He descubierto que el abuelo desempeña un doble papel en la fantasía del niño. Por una parte es realmente el impotente hombre mayor que da órdenes inclusive al todopoderoso papá y cuya autoridad, consecuentemente, quisiera el niño poder apropiarse y utilizar en su resistencia contra su padre (Abraham y Jones). Por otra parte, sin embargo, el abuelo es el anciano impotente y débil, muy próximo a morir, quede ningún modo puede compararse (especialmente en el campo de lo sexual) con el vigoroso papá, y por lo tanto se convierte en objeto de menosprecio por parte del niño. Muy a menudo es precisamente en la persona del abuelo que el nieto se encara por primera vez con el problema de la muerte, del definitivo alejamiento de uno de los suyos, y el niño puede entonces desplazar hacia al abuelo las fantasías hostiles sobre la muerte del padre, reprimidas no obstante, en virtud de su ambivalencia. "Si el padre de mi padre puede morir, entonces mi padre también morirá algún día (y yo asumiré entonces sus privilegios)", así discurre la fantasía que por lo general se oculta tras los recuerdos encubridores y fantasías sobre la muerte el abuelo. Además, por la muerte del abuelo, la abuela queda sola; muchos niños (a fin de conservar la vida del padre pero, no obstante ello, poder tener a la madre por entero, para ellos) recurren al expediente de dejar morir al abuelo en su fantasía, dar la abuela a su papá y quedarse con la madre para sí. "Yo duermo con mi mamá, tú deberías dormir con la tuya"2, piensa el niño y se cree justo y magnánimo.
     El hecho de que la imagen del "abuelo débil" o del "abuelo vigoroso" (en el último caso con tendencias de identificación) quede fijada en la mente del niño, depende esencialmente del papel que el abuelo desempeña realmente en la familia. Si el abuelo es el amo de la casa, de hecho el Patriarca, entonces el niño va más allá de la persona del padre impotente en su fantasía y espera poder heredar directamente toda la autoridad del abuelo; en un caso de esta naturaleza que pude examinar analíticamente, el niño nunca pudo, después de la muerte del poderoso abuelo, someterse el padre que había asumido toda la autoridad en sus manos; lo trataba como un simple usurpador que le había robado lo que de derecho le correspondía.
     La imagen del "abuelo débil" se fija particularmente en los niños de aquellas familias en las cuales (como a menudo sucede) los abuelos son tratados con desconsideración".

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1. Referencia: *Ferenczi, S (1967) TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 265
2. Observaciones de esta naturaleza hechas por niños pequeños me han llegado a través de fuentes dignas de crédito. Hay un interesante ejemplo de las mismas en "Análisis de una fobia de un niño de 5 años". Obras completas. Buenos Aires, Rueda, tomo XV, 1953. donde el pequeño Hans se no,bra a sí mismo esposo de su mamá y por lo tanto padre de sí mismo, mientras que relega al padre para la madre de este último, es decir, para la abuela del pequeño, acerca de lo cual Freud observa: "Todo se arregla muy bien. El pequeño Edipo ha encontrado una solución más feliz que la permitida por el destino. Concede a su papá, en lugar e apartarlo, la misma felicidad que quiere para sí; lo designa para que sea su abuelo y lo hace casar con su propia madre.

Carlos Enrique Correa Lagos - psicólogo.

99 - LA ATENCIÓN DURANTE LA NARRACIÓN DE LOS SUEÑOS

 
La siguiente es la transcripción de un interesante artículo escrito por Sandor Ferenczi en sus obras, consecuentemente el tema que toca llama la atención por lo enigmático e importante para todo aquel que tenga contacto con los pacientes en la clínica. Como se ha dicho en este lugar y en la teoría psicoanalítica fundamentalmente con Freud, es que el Sueño tiene trascendencia para marcar la vida anímica del humano, no es una simple formación nocturna para descargar la mente, no es algo producido por estímulos externos o cualquier otra cosa que la ciencia haya dicho al respecto. El sueño trasciende lo banal y por medio del absurdo que es un mecanismo presente en manos de la censura, hace el acto de Salvar, Mantener y proteger al soñante de la gran angustia que le esperaría sentir sin velo alguno la naturaleza de sus deseos.
 
XXI LA ATENCIÓN DURANTE LA NARRACIÓN DE LOS SUEÑOS
 
     "El psicoanalista, como es bien sabido, no debe escuchar con tensa atención lo que dice el paciente, sino con una atención "flotante", (véase consejos a jóvenes médicos, Freud), lo cual posibilita la debida perspectiva a su propio inconsciente. Me gustaría hacer una excepción a esta regla a lo que atañea la narración de los sueños del paciente, puesto que aquí cada detalle, cada matiz de la expresión, el encadenamiento de los contenidos deben interpretarse por medio de palabras. Debe tratar uno de observar también cuidadosamente las expresiones usadas en la narración de los sueños. Frecuentemente me he narrado a mí mismo sueños complicados hasta tres veces".
 
     Aquí el producto de la experiencia es muy valioso ya que como se ha dicho en escritos anteriores Ferenczi tuvo su sello y estilo al practicar la técnica aprendida por Freud al que llama profesor y maestro, él a partir de su clínica hizo con la técnica algo para sentirse cómodo si se permite expresarlo así o una herramienta que se acomodara a su mano para el trabajo.
 
     Frente a la recomendación hecha en este texto hay elementos que desde la práctica misma tal como lo hizo él con Freud, no considero que se tenga que hacer necesariamente como aquí lo aconseja, pues el acto de perseguir significaciones o símbolos le quita valor a lo que él mismo nombra como atención flotante, el acto de dar caza es de la represión, que como mecanismo de defensa debe guardar al yo de la angustia, no, aquí no se está trabajando con el yo, al ver la vida onírica, se está trabajando con el inconsciente que es el que está presente en la formación del sueño.

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Referencia: *Ferenczi, S (1967) TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 194

Carlos Enrique Correa Lagos - psicólogo

sábado, 14 de diciembre de 2013

98 - LA CABEZA DE MEDUSA

 
En 1922 Sigmund Freud escribe este corto texto de importancia tanto teórica y práctica en el dispositivo clínico, después su alumno Sandor Ferenczi en 1967 hace un comentario que no dista mucho de lo dicho por Freud. A continuación se transcriben los dos.
 
CXXIII
LA CABEZA DE MEDUSA
1922 [1940] (*)
 
               NO intenté a menudo interpretar temas mitológicos individuales; pero el caso de la horripilante cabeza decapitada de la Medusa me inclina a hacerlo.
               Decapitar = castrar. El terror a la Medusa es, pues, un terror a la castración relacionado con la vista de algo. Numerosos análisis nos han familiarizado con las circunstancias en las cuales esto ocurre: cuando el varón, que hasta entonces se resistió a creer en la amenaza de la castración, ve los genitales femeninos, probablemente los de una persona adulta, rodeados de pelos esencialmente, los de la madre.
               En las obras de arte suele representarse el cabello de la cabeza de la Medusa en forma de serpientes, las cuales derivan a su vez del complejo de castración. Es notable que, a pesar de ser horribles en sí mismas, estas serpientes contribuyan realmente a mitigar el horror, pues sustituyen el pene, cuya ausencia es precisamente la causa de ese horror. He aquí, confirmada, la regla técnica según la cual la multiplicación de los símbolos fálicos significa la castración.
               La visión de la cabeza de la Medusa paraliza de terror a quien la contempla lo petrifica. ¡Una vez más el mismo origen del complejo de castración y la misma transformación del afecto! Quedar rígido significa, efectivamente, la erección, es decir, en la situación de origen ofrece un consuelo al espectador: todavía posee un pene, y el ponerse rígido viene a confirmárselo.
               Athenea, la diosa virgen, lleva este símbolo del horror sobre sus vestiduras; con toda razón, pues se convierte así en la mujer inabordable que repele todo deseo sexual, ya que ostenta los genitales terroríficos de la madre. Los griegos, fuertemente homosexuales en general, no podían pasarse sin la representación de la mujer repelente por su castración.
               Si la cabeza de la Medusa sustituye la representación de los genitales femeninos, o si más bien aísla su efecto terrorífico de su acción placentera, cabe recordar que ya conocemos en otros casos la ostentación de los genitales como un acto apotropeico. Lo que despierta horror en uno mismo también ha de producir idéntico efecto sobre el enemigo al que queremos rechazar. Todavía en Rabelais podemos leer cómo el Diablo emprende la fuga cuando la mujer le muestra su vulva.
               También el miembro viril erecto tiene acción apotropeica, pero merced a otro mecanismo. Mostrar el pene -o cualquiera de sus sucedáneos- significa decir: «No te temo, te desafío; tengo un pene.» He aquí, pues, otra manera de intimidar al espíritu maligno.
               Para poder sustentar seriamente esta interpretación sería necesario investigar el origen de este símbolo terrorífico, tan aislado en la mitología de los griegos, así como sus símiles en otras mitologías.
 
«Sigmund Freud: Obras Completas», en «Freud total» 1.0 (versión electrónica)
Sigue entonces su alumno:

"LXVI SOBRE EL SIMBOLISMO DE LA CABEZA DE MEDUSA1

     En el análisis de los sueños y fantasías, me he encontrado repetidamente con la circunstancia de que la cabeza de la Medusa es el símbolo terrible de la región genital femenina, cuyos detalles se desplazan "de abajo arriba". Las muchas serpientes que rodean la cabeza deben significar -en su representación por lo opuesto- la ausencia de pene, y el espectro mismo es la terrorífica impresión causada en el niño por los genitales sin pene (castración). Los espantables ojos de la cabeza de la Medusa tienen también el significado secundario la erección."

Aquí el video de history channel sobre medusa: http://www.youtube.com/watch?v=uvPD-SkD_uQ

Referencia: *Ferenczi, S (1967) TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 296.
1. Zeitschrift, 1923, tomo IX, P. 69.

Carlos Enrique Correa Lagos - psicólogo.