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domingo, 1 de diciembre de 2013

94 - NEUROSIS DEL DOMINGO*

 
El autor de este texto Sandor Ferenczi fue un revolucionario, un inconforme en el buen sentido de la palabra, un inquieto, Freud en algún momento lo llama el niño necio del psicoanálisis, por esa posición de movilidad, de actividad, el nombre que le dio a su técnica, la técnica activa. Y todo ello porque comprobó en su clínica que lo que le presentaba a él era fruto de modificación, de actualización y de creación, lo mismo creían Freud y Lacan por eso el psicoanálisis no es una secta o una iglesia, donde todo esta dicho. Por el contrario, todos estos grandes hombres estuvieron dispuestos a renovar sus tesis. A continuación un interesante texto de Ferenczi tan auténtico como lo fue él.
 
"XIII
 
NEUROSIS DE DOMINGO
 
     Conocemos por la psiquiatría enfermedades que presentan una marcada periodicidad;
 será suficiente recordar la manía y la melancolía periódicas. También sabemos, pues Freud lo estableció psicoanalíticamente, que los psiconeuróticos - muchos de los cuales, como es bien sabido, sufren de recuerdos reprimidos - celebran alegremente el aniversario de ciertas experiencias que para ellos son importantes, por medio de la exacerbación de sus síntomas. Pero, según mi conocimiento, nadie ha descrito hasta ahora neurosis en las cuales los síntomas oscilan en relación con un día determinado de la semana.
    
     Y aún con todo, puedo afirmar que existe esta peculiar periodicidad. He tratado a varios neuróticos cuyos síntomas, relatados por ellos o según aparecieron en su enfermedad, contenían la información de que ciertos estados nerviosos se habían desarrollado - especialmente en la juventud - en cierto día de la semana, y que luego se habían reproducido periódicamente el mismo día.
 
     La mayoría de ellos experimentaban esta periodicidad de las perturbaciones durante los domingos. Eran en su mayor parte perturbaciones estomacales o dolores de cabeza, que aparecían en ese día sin ninguna causa particular, y que frecuentemente estropeaban a la gente joven este día libre de la semana. Probablemente no necesite decir que no dejo de lado la posibilidad de que existan otras causas racionales. Los pacientes mismos, trataron - exitosamente en apariencia - de encontrar una explicación razonable de la periódica regularidad de su estado, y deseaban relacionarla con las peculiaridades dietéticas del día domingo. Por lo general se duerme más durante el día domingo, y esto produce dolor de cabeza, decían algunos; se come tanto y tan bien los domingos, decían otros, que fácilmente el estómago sufre un desarreglo. No desearía yo negar la acción de este factor puramente somático en la provocación de la periodicidad de la enfermedad.
 
     Muchas cosas, sin embargo, indican que estos factores fisiológicos no agotan los hechos del caso. El dolor de cabeza, por ejemplo, también se produce cuando la duración del sueño correspondiente al día domingo no difiere de los otros días de la semana, y los desarreglos estomacales aparecían aun cuando los pacientes mismos, así como los que los rodeaban, fueron prevenidos, y la dieta del día profilácticamente restringida.
 
     En uno de los casos que yo conocí, el pequeño paciente tenía escalofríos y vomitaba todos los viernes de la tarde. (se trataba de un niño judío, para quien el descanso del sábado comenzaba los viernes en la noche.) Él y toda la familia atribuían dicho estado al hecho de comer pescado, pues difícilmente pasaba un viernes sin un plato de pescado. De nada le servía, sin embargo, el privarse de dicho plato, los desarreglos aparecían luego en la misma forma en que habían aparecido anteriormente; esta vez la causa parecía estar en la sola vista del peligroso alimento.
 
     El factor psicológico que me gustaría considerar como factor auxiliar o a veces como la única causa, para explicar la seguridad del retorno cronológico de los síntomas está en las circunstancias que caracterizan el día domingo, además del hecho de que en dicho día se duerme más y se come más abundantemente.
 
     El domingo es el día de fiesta de la humanidad civilizada del presente. Pero nos equivocamos si pensamos que un día de fiesta tiene sólo la importancia como día de descanso físico y psíquico; para la recuperación que generalmente nos permite, la disposición de ánimo es de gran importancia. No solamente somos en este día nuestros propios amos y nos sentimos libres de todas las cadenas que el deber y las compulsiones nos imponen; también se produce en nosotros - paralelamente a esto - una especie de liberación interna. (la negrita es mía psiquik) Sabemos por Freud que las fuerzas interiores que dirigen nuestros actos y pensamientos en forma lógica, ética y estéticamente correcta y libre de objeciones sólo reproducen instintivamente (pulsionalmente - psiquik) lo que alguna vez fue impuesto por la fuerza a la humanidad por una necesidad externa. Nada de extraño, pues, si al disminuir la efectiva presión externa se libera una parte de los instintos (pulsiones - psiquik) habitualmente reprimidos. La remisión de la censura externa, involucra también, simpáticamente, la interna.
 
     Para los no afectados directamente, siempre es interesante observar cómo se altera el nivel de un grupo de personas en ocasiones festivas. (la negrita es mía - psiquik) "En los prados no existe el pecado", dicen los estirios, dando a entender con ello que en las excursiones que se llevan a cabo los domingos a los prados de las montañas todo es permitido; los adultos se comportan como los niños, y los niños se liberan de todas las ataduras y no pocas veces hacen jugarretas que luego provocan el castigo de los que tienen autoridad para hacerlo y ponen punto final y una nota de tristeza a la alegría que reinaba anteriormente. No siempre sucede así, pues los adultos, en tales ocasiones, muestran una paciencia sorprendente, como si se sintiesen unidos por una secreta convención que garantizara a los culpables una seguridad temporaria contra el castigo.
 
     Pero no es dado a todos el privilegio de desahogarse en forma retozona de manera tan natural y libre. Los que tienen una inclinación a la neurosis, estarán en tales ocasiones propensos a una revisión del afecto, ya sea debido a que tiene que controlar impulsos (pulsiones - psiquik) demasiado peligrosos, particularmente al sentirse tentados por el mal ejemplo de los demás, o debido a que su hipersensitiva conciencia no tolerará ni siquiera pequeñas faltas. Más allá de la inoportuna depresión de estos aguafiestas, sin embargo, sus impulsos reprimidos, así como las fantasías de autocastigo movilizados contra los mismos , activado todo ello por el día de fiesta, pueden manifestarse por medio de pequeños síntomas histéricos. Y como tales debo clasificar también los dolores de cabeza y los trastornos estomacales que ocurren los domingos; el "mucho dormir", el "comer demasiado", etc., son solamente circunstancias de las cuales se vale esta pequeña neurosis, y con las cuales oculta su verdadera motivación."
 
El anterior texto hace analizar muchas circunstancias de la vida y del mundo humano, cuando se disminuye la presión que exige el mundo exterior,  las normas y las leyes que él impone, las pulsiones encuentran salida, en las festividades. No hace falta observar detenidamente lo que pasa en algunas regiones colombianas cuando llega diciembre, sale la "humanidad" pulsional matando marranos en las calles de las ciudades, tomando licor, muertes, y todo un caos se desata por esa liberación interna de la que habla Ferenczi. Además en la misma medida suena música sin ninguna clase de cesura agrediendo a la mujer con la jocosidad del caso, no hay nada que tapar porque la libertad pulsional se justifica con la alegría de fin de año. Finalmente se puede decir que esas son las circunstancias pero hace falta analizarlas para no ignorar su sentido.
 
Carlos Enrique Correa Lagos - Psicólogo 
 
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Bibliografía

*Ferenczi, S (1967) TEORÍA Y TÉCNICA DEL PSICOANÁLISIS. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P.141 et 143

sábado, 30 de noviembre de 2013

93 - EL ROSTRO DE LA HISTERIA EN ANÁLISIS*



     La siguiente es una transcripción del libro citado, donde Juan David Nasio hace un análisis de la manera como se presenta la histeria en la clínica psicoanalítica contemporánea, de parte del analizando y el analista, una relación de insatisfacción, de histerización y de tristeza del yo. La práctica y la teoría han cambiado con los tiempos y con la "evolución" del sujeto del inconsciente que está dividido, agujereado, partido en pezados o entre las más diversas formas que se presenta, al final ya su verdad no es segura y además se ha perdido. este texto pone frente al lector una figura, figura clínica que se comprueba y de la que se es parte porque como dice Nasio todos somos histéricos en algún momento.

     "[...] Desde nuestro puesto transferencial, verificamos tres estados o incluso tres posiciones permanentes y duraderas del yo histérico. Más allá de la multiplicidad de acontecimientos que se suceden a lo largo de una cura, y sin prejuicio de las palabras, afectos y silencios, reconocemos efectivamente tres estados propios del yo que resumen por sí solos el rostro específico de la histeria en análisis. Un primer estado, por así decir, pasivo, donde el yo se encuentra en constante espera de recibir del Otro, no la satisfacción que colma, sino, curiosamente, la no respuesta que frustra. Esta espera defraudada, siempre difícil de manejar para el psicoanalista, conduce a la perpetua insatisfacción y al descontento de que tanto suele quejarse el neurótico. Primer estado, pues: el de un yo insatisfecho. Otra posición típicamente histérica observable en el análisis es también un estado del yo, pero un estado más bien activo de un yo que histeriza, es decir, que transforma la realidad concreta del espacio analítico en una realidad fantasmática de contenido sexual. Pronto vamos a determinar de qué consiste esa transformación y qué sentido habrá que otorgar a este calificativo de "sexual", pero ya podemos afirmar que el yo histérico erotiza al lugar de la cura. Segundo estado, pues: el de un yo histerizador. Existe además una tercera posición subjetiva del histérico, caracterizada por la tristeza de su yo cuando debe afrontar por fin la única verdad de su ser: no saber si es un hombre o una mujer. Tercer estado, pues: el de un yo tristeza. Detengámonos un momento sobre cada uno de estos estados yoicos.

 
UN YO INSATISFECHO

     Para el psicoanálisis, la histeria no es una enfermedad que afecte a un individuo, como se piensa, sino el estado enfermo de una relación humana en la que una persona es, en su fantasma, sometida a otra. La histeria es ante todo el nombre que damos al lazo y a los nudos que el neurótico teje en su relación con el otro, sobre la base de sus fantasmas. Formulémoslo con claridad: el histérico, como cualquier sujeto neurótico, es aquel que , sin saberlo, impone al lazo afectivo con el otro la lógica enferma de su fantasma inconsciente. Un fantasma en el que él encarna el papel de víctima desdichada y constantemente insatisfecha. Precisamente este estado fantasmático de insatisfacción marca y domina toda la vida del neurótico.
     Pero ¿por qué concebir fantasmas y vivir en la insatisfacción, cuando en principio lo que buscamos alcanzar es la felicidad y el placer? La razón es clara: el histérico es, fundamentalmente, un ser de miedo que, para atenuar su angustia, no ha encontrado mas recurso que sostener sin descanso, en sus fantasmas y en su vida, el penoso estado de la insatisfacción. Mientras esté insatisfecho, diría el histérico, me hallaré a resguardo del peligro que me acecha. Pero, ¿de qué peligro se trata? ¿de qué tiene miedo el histérico? ¿Qué teme? Un peligro esencial amenaza al histérico, un riesgo absoluto, puro, carente de imagen y de forma, más presentido que definido: el peligro de vivir la insatisfacción de un goce máximo. Un goce de tal índole que, si lo viviera, lo volvería loco, lo disolvería o lo haría desaparecer. Poco importa que imagine este goce máximo como goce del incesto, sufrimiento de la muerte o dolor de agonía; y poco importa que imagine los riesgos de este peligro bajo la forma de la locura, de la disolución o del anonadamiento de su ser; el problema es evitar a toda costa cualquier experiencia capaz de evocar, de cerca o de lejos, un estado de plena y absoluta satisfacción. Por más que se trate de un estado imposible, el histérico lo presiente como una amenaza realizable, como el peligro supremo de ser arrebatado un día por el éxtasis y de gozar hasta la muerte última. En suma, el problema  del histérico es ante todo su miedo, un miedo profundo y decisivo que en verdad él no siente jamás, pero que se ejerce en todos los niveles de su ser; un miedo concentrado en un único peligro: gozar. El miedo y la tenaz negativa a gozar ocupan el centro de la vida psíquica del neurótico histérico.
     Ahora bien, para alejar esta amenaza de un goce maldito y temido, el histérico inventa inconscientemente un libreto fantasmático destinado a probarse a sí mismo y a probar al mundo que no hay más goce que el goce insatisfecho. Así pues, ¿Cómo alimentar el descontento si no creando el fantasma de un monstruo, monstruo que nosotros llamamos el Otro, unas veces fuerte y supremo, otras débil y enfermo, siempre desmesurado para nuestras expectativas y siempre decepcionante? Cualquier intercambio con el otro conduce inexorablemente a la insatisfacción. La realidad cotidiana del neurótico se modela, en consecuencia, según el molde del fantasma, y los seres cercanos a los que ama u odia desempeñan para él el papel de un Otro insatisfecho. 
     El histérico trata a su semejante amado u odiado, y en particular a su partenaire psicoanalista, de la misma forma en que trata al Otro de su fantasma. ¿Qué cómo se las arregla? Busca -¡y siempre encuentra!- aquellos puntos en que su semejante es fuerte y abusa de esta fuerza para humillarlo; y los puntos en que se semejante es débil y, por esta debilidad, despierta compasión. Con agudísima percepción, el histérico descubre en el otro la señal de una potencia humillante que lo hará desdichado, o de una impotencia conmovedora que le suscita piedad, pero a la que no podrá poner remedio. En síntesis, se trate del poder del otro o de la falla en el otro, con el Otro de su fantasma o con el otro de su realidad, lo que el yo histérico se empeñará en reencontrar como su mejor guardián, será siempre la insatisfacción. El mundo de la neurosis, poblado de pesadillas, obstáculos y conflictos, se convierte en la 'única muralla protectora contra el peligro absoluto del goce.

 
UN YO HISTERIZADOR

     El histérico nunca percibe sus propios objetos internos o los objetos externos del mundo tal como se los percibe comúnmente, sino que él transforma la realidad material de esos objetos en realidad fantasmatizada; en una palabra: histeriza el mundo. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué significa histerizar?.
      Acabamos de ver que, para asegurarse una estado de insatisfacción, el histérico busca en el otro la potencia que lo somete o la impotencia que lo atrae y lo decepciona. Dotado de una aguda sensibilidad perceptiva, detecta en el otro la mínima falla, el mínimo signo de debilidad, el más pequeño indicio revelador de su deseo. Pero, a semejanza de un ojo penetrante que no se conforma con horadar y traspasar la apariencia del otro para encontrar en él un punto de fuerza o de fisura, el histérico inventa y crea lo que percibe. El instala en el cuerpo del otro un cuerpo nuevo, tan libidinalmente intenso y fantasmático como lo es su propio cuerpo histérico. Pues el cuerpo del histérico no es un cuerpo real, sino un cuerpo sensación pura, abierto hacia afuera como un animal vivo, como una suerte de ameba extremadamente voraz que se estira hacia el otro, lo toca, despierta en él una sensación intensa y de ella se alimenta. Histerizar es hacer que nazca en el cuerpo del otro un foco ardiente de libido.
     Modifiquemos ahora nuestro lenguaje y definamos de un modo más preciso el concepto de histerización. ¿Qué es Histerizar? Histerizar es erotizar una expresión humana, la que fuere, aún cuando por sí misma, en lo íntimo, no sea de naturaleza sexual. Esto es exactamente lo que hace el histérico: con la máxima inocencia, sin saber, él sexualiza lo que no es sexual; por el filtro de sus fantasmas de contenido sexual -y de los que no tiene necesariamente conciencia-, el histérico se apropia de todos los gestos, todas las palabras o todos los silencios que percibe en el otro o que él mismo dirige al otro.
     A esta altura debemos hacer una precisión que se tendrá en cuenta cada vez que utilicemos en este libro la palabra "sexual" ¿De que sexualidad se trata cuando pensamos en la histeria? ¿Cuál es el contenido de esos fantasmas? ¿Qué queremos decir cuando afirmamos que el histérico sexualiza? Empecemos por aclarar que el contenido sexual de los fantasmas histéricos no es nunca vulgar ni pornográfico, sino una evocación, muy lejana y transfigurada, de movimientos sexuales. Se trata, estrictamente hablando, de fantasmas sensuales y no sexuales, en los que un mínimo elemento anodino puede obrar como disparador de un orgasmo autoerótico.
     Debemos comprender, en efecto, que la sexualidad histérica no es en absoluto una sexualidad genital sino un simulacro de sexualidad, una seudogenitalidad más cercana a los tocamientos masturbatorios y a los juegos sexuales infantiles que a un intento real de concretar una verdadera relación sexual. Para el histérico, sexualizar lo que no es sexual significa transformar el objeto más anodino en signo evocador y prometedor de una eventual relación sexual. El histérico es un creador notable de signos sexuales que rara vez van seguidos del acto sexual que anuncian. Su único goce, goce masturbatorios, consiste en producir estos signos que le hacen creer y hacen creer al otro que su verdadero deseo es internarse en el camino de un acto sexual consumado. Y sin embargo, si existe un deseo en el que el histérico se empeñe, es el de que tal acto fracase; para ser más exactos, el histérico se empeña en el deseo inconsciente de la no realización del acto y, por consiguiente, en el deseo de permanecer como un ser insatisfecho.
     El marco habitual del análisis, el diván, el ritual de las sesiones o el tono particular de la voz del psicoanalista, así como el vínculo transferencial, constituyen condiciones de las más favorables para que se instale este estado activo de histerización. La palabra del analizando, hombre o mujer -se lo diagnostique o no como "histérico"-, en determinado momento de la sesión puede cargarse de un sentido sexual, suscitar una imagen fantasmática y provocar efectos erógenos en el cuerpo, sea el cuerpo del psicoanalista o del propio analizando.
     El relato de una analizanda nos permitirá ilustrar la forma en que un elemento anodino de la realidad puede ser transformado en signo erótico.

     Ejemplo de histerización: "Cuando al llegar oigo el toque de la perta principal del edificio, cuando usted me abre pulsando el botón del portero automático, siento que su dedo pulsa mi piel a la altura de los brazos. Y en ese momento me río de mi misma. A decir verdad, sólo me reí la primera vez que me pasó; ahora no me río más, mis sensaciones me absorben. Cada vez que estoy atenta al más ligero movimiento del otro, lo recibo en la piel, lo siento, siento un calor en el cuello o en el corazón. Siento incluso una excitación cuando oigo el simple ruido de la respiración de un hombre junto a mí. En ese momento algo llega directamente al cuerpo, sin ninguna barrera. Ante los menores ruidos que usted hace, siento inmediatamente una sensación de placer en mi piel. Soy muy sensible a sus movimientos que resuenan en mi piel. Imagino lo que sucede en usted como si yo fuera su propia piel envolviéndolo. Siento sus movimientos en mi piel porque yo soy su piel." Después de un silencio, añade: "Pensar esto decírselo me tranquiliza, y me da un límite. El razonamiento mismo es el límite."
Vayamos ahora al tercer estado del yo histérico, el yo tristeza.

 
UN YO TRISTEZA

     Es de imaginar hasta qué punto el yo histérico, para histerizar la realidad, debe ser maleable y capaz de estirarse sin discontinuidad desde el punto más íntimo de su ser hasta el borde más exterior del mundo, y cuán incierta se torna entonces la frontera que separa los objetos internos de los objetos externos. Pero esta singular plasticidad del yo instala al histérico en una realidad confusa, medio real, medio fantaseada, donde se emprende el juego cruel y doloroso de las identificaciones múltiples y contradictorias con diversos personajes, y ello al precio de permanecer ajeno a su propia identidad de ser y, en particular, a su identidad de ser sexuado. Así pues, el histérico puede identificarse con el hombre, con la mujer, o incluso con el punto de fractura de una pareja, es decir que puede encarnar hasta la insatisfacción que aflige a ésta. Es muy frecuente comprobar la asombrosa soltura con que el sujeto adopta tanto el papel del hombre como el de la mujer, pero sobre el todo el papel del tercer personaje que da lugar al conflicto o, por el contrario, gracias al cual el conflicto se resuelve. El histérico, desatando el conflicto o despejándolo, sea hombre o mujer, ocupará invariablemente el papel de excluido. Precisamente, lo que explica la tristeza que suele agobiar a los histéricos es el hecho de verse relegados a ese lugar de excluidos. Los histéricos crean una situación conflictiva, escenifican dramas, se entrometen en conflictos y luego, una vez que ha caído el telón, se dan cuenta, en el dolor de su soledad, de que todo no era más que un juego en el que ellos fueron la parte excluida. En estos momentos de tristeza y depresión tan característicos descubrimos la identificación del histérico con el sufrimiento de la insatisfacción: el sujeto histérico ya no es un hombre, ya no es una mujer, ahora es el dolor de la insatisfacción (la negrita es mía psiquik). Y, en medio de ese dolor, queda en la imposibilidad de decirse hombre o de decirse mujer, de decir, simplemente, la identidad de su sexo. La tristeza del yo histérico responde al vacío y a la incertidumbre de su identidad sexuada.

     En suma, el rostro de la histeria es una cura de análisis y, fuera de ésta, en cualquier relación con el otro, se presenta como un lazo insatisfactorio, erotizador y triste, enteramente polarizado alrededor de la tenaz negativa a gozar.
     Es oportuno precisar ahora que esta tenaz negativa a gozar aparece igualmente en los fundamentos de esas otras neurosis que son la obsesión y la fobia, pero adoptando entonces modalidades bien específicas. ¿Cuáles son las modalidades obsesiva y fóbica de la negativa que el neurótico impone al goce? Y, comparativamente, ¿cuál es la modalidad específica de la negativa histérica? De esto vamos a tratar a continuación.

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* Fragmento del libro: Nasio, J (1993) EL DOLOR DE LA HISTERIA. Ed: Paidós. Buenos Aires, Argentina. P. 15 jus 23.

martes, 22 de octubre de 2013

92 - ¿Fue Freud un Cocainómano? "Falla en las garras de Hades"



¿FUE FREUD UN COCAINÓMANO?

“Falla en las garras de Hades” - Comentarios frente al desarrollo del psicoanálisis.

Por: Carlos Enrique Correa Lagos[1].

20 de octubre del 2013.


Para dar inicio a este tema se tiene que reconocer que frente a él se han especulado muchas cosas, que van desde el desarrollo científico, hasta detractores que encuentran un escampadero lanzando juicios para poder sostener su malestar frente al discurso psicoanalítico diciendo que Freud fue un cocainómano, pero lo cierto es que detrás de esto hay una verdad y como toda verdad siempre es propia y particular, en este caso no hubo excepción.
El camino para llegar al psicoanálisis estuvo lleno de espinas y de desencuentros, además de una gran angustia por parte de su creador Sigmund Freud (1856-1939), en primer momento hay que saber que Freud no estaba buscando el psicoanálisis, pues éste fue este un encuentro, un descubrimiento, un choque con algo que él llamó el inconsciente. Pero previamente a este encuentro que estuvo oficializado en el año 1900 con la publicación de su Die Traum Deutung que significa darle un sentido a un sueño[2] o su conocida interpretación de los sueños, precedieron cuarenta y cuatro años de la vida de este científico, donde no hubo sino un trabajo intelectual arduo por su parte, trabajando como médico neurólogo y:
 
En el año 1885 fue, pues, un año de éxitos – después de tanto esfuerzo y falta de dinero-. Había dado fin a sus importantes investigaciones sobre el bulbo raquídeo, que pronto serían publicadas, logró su propósito de visitar a Charcot, en París, y pudo presentarse como Privat-Dozent en neuropatología.  Jones, E. (1985) P. 82.
Hay que saber en este punto que siguiendo la biografía de Freud escrita por el Doctor Ernest Jones antes citado, hay un Freud humano con su carácter, sus exigencias intelectuales y cotidianas, un hombre supremamente estudioso y enamorado de Martha Bernays que fue su amada y con la que cruzó toda una serie de adversidades.
Hasta aquí no se ha dicho nada del camino por su estudio con la cocaína, sin embargo ya se ubicaba como médico neurólogo y profesor, labores que no llenaban su insaciable sed de verdad y de conocimiento por el soma y la psique humana. Esto llegaría más adelante, es otro paso, el de la fisiología a la psicología.
Lo cierto es que Freud estaba empeñado en darle un descubrimiento al mundo que lo hiciera famoso y le diera el dinero suficiente para casarse con su amada Martha, trabajó en laboratorios de ciencia como ayudante de grandes eminencias en ese campo, hizo todo lo que estuvo en ese momento a su alcance para lograr su objetivo, pero da la impresión que en ese tiempo no sabía muy bien por qué camino iba a alcanzarlo, lo que sí sabía es que lo conseguiría.
Al hablar de su Über Coca, comienza una discusión, ya que el mismo Ernest Jones en la biografía llama al estudio de Freud sobre la cocaína un “episodio”, “El Episodio De La Cocaína” en el capitulo seis y cita:
Aquí puedo retroceder un poco y explicar cómo fue por culpa de mi prometida por lo que yo no llegué a ser famoso siendo joven. Un interés colateral, aunque profundo, me condujo en 1884 a obtener de Merck una pequeña porción de cocaína, alcaloide poco conocido a la sazón, y a estudiar su acción fisiológica. Jones, E. (1985) P. 83
Con este comienzo se pueden visualizar varias cosas, en primer lugar su ubicación en la vida de Freud y el interés que existía en lo manifiesto, estaba enamorado, y no había razón alguna para no buscar verse al menos una vez después de tanto tiempo con su novia, y fue así que pasó y por eso el logro por el descubrimiento de la cocaína y su acción en el sistema nervioso central como anestésico local, fue atribuido a otro hombre, ya que eso no era lo que iba a hacer de Freud uno de los grandes descubridores de alguna cosa importante para el siglo XX. Pero se ha adelantado al sentido de este escrito. Volviendo, lo que solicitó Freud a la farmacéutica fue una pequeña dosis para fines científicos y eso fue lo que emprendió.
¿Cuál fue el lugar del tóxico en la teoría psicoanalítica, y más precisamente, antes de la Traum-deutung, en ese tiempo de constitución del campo psicoanalítico por Freud? – y sigue la respuesta-. Con la cocaína Freud siente que por primera vez se hace médico. Pero sólo con el sueño se hará analista. Le Poulichet, S. (2012) P: 79.
En este libro Sylvie le Poulichet va por otro camino al aquí planteado, empero traza con la pregunta de su inicio lo que aquí se quiere, el lugar del tóxico, cómo se asocia al psicoanálisis conociendo ya que no es un simple “episodio” y que fue quizás lo que ayudó a que se estructurara el deseo de Freud por un camino diferente. La respuesta dada cubre lo que sigue.
Eduardo Vera Ocampo en su libro Droga, psicoanálisis y toxicomanía – Las huellas de un encuentro, arroja un argumento muy valioso entorno a este momento de la evolución de Freud en el campo de la medicina, dice:
Esta droga acompañará a Freud durante un largo trayecto de su vida, en el cual no sólo se convertirá en un ferviente utilizador y defensor de la cocaína, sino que, como veremos, la relación singular que Freud establece con esta droga hará que este encuentro ocupe un lugar determinante en los orígenes del psicoanálisis. Vera, O (1988) P. 78.
Ya cambia de sitio la historia, de un episodio pasa a un encuentro, que no es lo mismo, un encuentro denota más profundidad e importancia. Hay que hacer el comentario antes de todo, que evidentemente Freud fue un utilizador, defensor y consumidor de cocaína, y se recomienda ver las cartas a Martha su amada describiéndole las facultades y las ganancias en el rendimiento, además de la resistencia y la falta de apetito que tenía él para seguir con sus labores intelectuales e inclusive le envió una pequeña dosis a ella para que se le sonrojaran las mejillas. Todo esto bajo una labor científica y médica que consistía en descubrir sus propiedades anestésicas locales como ya se nombró y en dosis controladas médica y científicamente.
Para Anzieu, el fracaso por el cual se saldará la experiencia de Freud con la cocaína es un fracaso fértil para el descubrimiento del psicoanálisis. “Es –nos dice Anzieu- el símbolo anticipador del fracaso de todas las drogas y el signo del largo, del difícil, del inevitable desvío que Freud deberá realizar para él mismo y para sus enfermos, a través del desmontaje de los encadenamientos psíquicos inconscientes […][3]”.
De un episodio pasa a un encuentro y termina en un fracaso fértil, que fue lo que significó para Freud la cocaína en su labor del momento, una labor científica, pero fue un fracaso que sirvió para que Freud fuera por otro camino y fue del soma a la psique, como se dijo al principio.
Así, el encuentro de Freud con la cocaína es también el encuentro con su vocación médica, en el sentido de que, tal como lo muestra Freud mismo en una carta a Martha (25 de mayo de 1884), la experiencia con la cocaína despierta en él el deseo de curar (en primer lugar de curarse a sí mismo de la depresión y sus afecciones psicosomáticas, y luego de curar a los otros, pero sobre todo a su amigo Fleischl, que se ha convertido en un morfinómano). Vera, O (1988) P. 82.
En este momento va tomando otro matiz este hecho histórico del psicoanálisis, y no es otra cosa sino importancia. Freud se encuentra con su vocación médica que desde un inicio no le agradó lo suficiente, y el deseo de curar, a sí mismo y a su amigo Fleischl que se convirtió en morfinómano por un grave dolor que lo aquejaba. Pero al fallar, ya que su amigo Fleischl de morfinómano pasó a cocainómano y murió a consecuencia de ello, creó en Freud quizás una desilusión importante y se derrumbaron las esperanzas de “curar” a los otros, pues se dio cuenta que no era esa su intención. Y en ese mismo sentido su inconsciente le mostró que su deseo no era curar aunque así se hubiera presentado.
La muerte de Fleischl y su arma para enfrentar al paciente, la cocaína, no tuvieron resultado alguno, es así como lo escribe él mismo años después refiriéndose al sueño, "El amor a la comodidad propia es inconciliable con el respecto a las otras personas" Freud (1900) P. 169., pero pudo ser este el caso en la operación inconsciente de Freud. Eliminar a su rival ya que Fleischl ocupaba el puesto que le hubiera facilitado a él las cosas en su momento y no ser médico sino psicoanalista. Fue por la vía de los sueños donde alcanzó su meta que apenas comenzaba en ese camino arduo del que tuvo que ser víctima.

Así se despeja este tema de la relación Freud y Cocaína diciendo con lo antes escrito y aclarando para los que desconocen los hechos la realidad de las experiencias.

Por último cabe decir que Freud era un genio y como genio no fue esclavo de nada, ni de la toxicomanía, pues:

Es un caso aparte del genial creador del psicoanálisis […] quien descubrió las propiedades estimulantes de la cocaína. O su sistema nervioso se hallaba prodigiosamente armado contra la servidumbre de la droga, o bien dejó de tomarla muy pronto. Nadie lo sabe, lo cierto es que la tomaba para estimular su trabajo. Labine, S. (1975) P. 84.

Ni Freud cayó en las garras de la toxicomanía ni su deseo le mintió, pues el inconsciente nunca se equivoca y siempre saca a relucir la verdad que se encuentra en lo latente, al otro lado de los velos de lo que el humano vive y se manifiesta detrás, delante o a los costados de la vida, pero nunca se queda en el interior ni se desvanece.




[1] Psicólogo titulado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga Extensión Armenia, Quindío, actualmente trabaja en la Fundación Hernán Mejía Mejía, con los programas: Centro de Atención en Drogadicción (CT) Terapéutica Familiar Escuela de Amor,  El paraíso de los niños, y el Hogar de Paso. También trabaja en Clínica Particular.
[2] Reflexión hecha en el texto El Capricho De Morfeo http://psiquik.blogspot.com/2013/08/89-el-capricho-de-morfeo-algunos.html
[3] Libro de Anzieu L’Auto-analyse de Freud et la découverte de la psychanalyse citado en Vera, O (1988) (bibliografía.
 
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BIBLIOGRAFÍA
 
- Jones, E (1985) FREUD. Ed: Salvat Editores S.A. Barcelona, España.
- Le Poulichet, S (2012) TOXICOMANÍAS Y PSICOANÁLISIS – LAS NARCOSIS DEL DESEO. Ed: Amorrortu editores, Buenos Aires, Argentina. P. 79.
- Vera, O (1988) DROGA, PSICOANÁLISIS Y TOXICOMANÍA – LAS HUELLAS DE UN ENCUENTRO. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P. 78.
- Freud, S (1900) TRAUM DEUTUNG – LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS. Ed: Biblioteca Nueva. Luis López Ballesteros, Barcelona, España. P. 169.
- Labine, S (1975) EL MUNDO DE LOS DROGADOS. Cap LA DROGA DEL GENIO. Ed: Círculo de lectores, Bogotá, Colombia. P. 84.

sábado, 19 de octubre de 2013

91 - La Responsabilidad Psíquica



LA RESPONSABILIDAD PSÍQUICA
Por: Carlos Enrique Correa Lagos[1]
19 de octubre del 2013


El siguiente texto girará frente al tema de lo que se llama en este lugar responsabilidad psíquica. En el panorama aparece con esto toda labor humana que tenga implicación con el sufrimiento, el padecer o el tratamiento de lo que “no funciona” a nivel social o individual. Aquí entonces son llamados los psicólogos, los médicos en todos sus niveles, los trabajadores sociales, y todo el que tenga trato con el tema antes citado.
La responsabilidad psíquica tiene que ver con toda relación humana, es algo que funciona aunque no se dé cuenta el sujeto que funciona, es decir, en este campo lo que importa es hablar de los psicólogos y al hablar de los psicólogos se entenderá que lo debe escuchar el médico, el trabajador social, entre muchos.
Resulta que en todas las facultades de la academia donde se forman los profesionales en las ciencias humanas son dictadas una cantidad de materias que hablan de lo que se ha hecho, aparecen teóricos, maneras de pensar que moldean al estudiante en todo su camino, y todo un aparato que gira a lo que se evalúa y lo que se califica, pero en el caso de los psicólogos no se da ese modelo a seguir que es alrededor de lo que gira la responsabilidad psíquica, su tratamiento personal, bien se sabe por todos que en el psicólogo por el hecho de vivir la vida, no todo funciona en ella y hay cosas que no funcionan más de lo que se esperaría, el que haya pasado o esté pasando por la academia esto lo siente y es testigo. El psicólogo es convocado a conocerse a sí mismo, o aunque sea a no desconocerse tanto, ya que los residuos de la anterior operación mal hecha se reflejarán en su trabajo. En la labor psicológica y más en la clínica, el profesional se está trabajando con cosas delicadas, como lo diría Juan David Nacio citando a Freud en su libro cómo trabaja un psicoanalista[2] “[…] cuando un analista –psicólogo- trabaja con un paciente, […] trabaja con materiales explosivos”. Con esto se describe el cuidado con el que hay que llevar la labor, pues en el caso del psicólogo si un explosivo se estalla quedan viviendo todos(as) y las consecuencias para la vida del paciente no serían las mejores. Aparecen frente a estos desarrollos las fallas a nivel de la ética, psicólogos(as) que desconocen los límites de su labor y entran en campos que ya no son terapéuticos.
Aquí entonces con lo que se debe tener cuidado es con el tratamiento propio, la responsabilidad psíquica es eso, hacerse cargo de proceso individual para tener con qué enfrentar al paciente que se sienta en frente y expone un problema por el que sufre. El psicoanálisis, y no tanto la psicología ha insistido en esto, se dice que el paciente o analizado llega hasta donde llegó su psicólogo o su analista, y si no se ha ni siquiera iniciado ese camino podrá darse cuenta el profesional y el paciente del resultado.
En algunas universidades se les exige a algunos psicólogos, médicos y los otros profesionales en menor proporción, tener un tratamiento psicoterapéutico, pero se conoce que lo anterior si apenas se llega a cumplir en algunos, no existe en muchos casos esa responsabilidad psíquica.
Finalmente la recomendación a todos los lectores de este corto texto es que se responsabilicen de su quehacer, que no tomen todo a la ligera para que los afectados no sean ustedes y hagan un proceso terapéutico serio aunque los sacrificios sean muchos.

PARA RESERVAR UNA CONSULTA: CONTACTO: 3122921369 


[1] Psicólogo titulado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga Extensión Armenia, Quindío, actualmente trabaja en la Fundación Hernán Mejía Mejía, con los programas: Centro de Atención en Drogadicción (CT) Terapéutica Familiar Escuela de Amor,  El paraíso de los niños, y el Hogar de Paso. También trabaja en Clínica Particular.
[2] Nasio, J ( 1997) Cómo trabaja un psicoanalista. Ed: Paidós, Buenos Aires, Argentina. P: 52

viernes, 13 de septiembre de 2013

90 - ¿Toxicomanía o Farmacodependencia?, ¿Sujeto, Familia o sociedad? "Un encuentro con el vacío"



¿Toxicomanía o Farmacodependencia?, ¿Sujeto, Familia o sociedad?

“Un encuentro con el vacío”

Por Carlos Enrique Correa Lagos[1]


Desde diversos campos teóricos se ha abordado la toxicomanía, incluso el termino ya desde un principio es una concepción médica caduca, se utilizó hasta finales de 1950, en cambio de ese se situó otro que define más 'orgánicamente este fenómeno y es la farmacodependencia[2]. Parece que la ciencia le temiera al alma, a la consciencia y al inconsciente que se encuentran en su clínica (en el caso de la medicina que se hace llamar científica), lo que se hizo en esta operación fue desaparecer al sujeto, como el que padece un problema con el otro y consigo mismo y en este intento de cuadricular lo humano, se perdieron.
Con la toxicomanía tienen que ver la justicia, la medicina, la política, la religión, lo social, lo familiar y lo individual, todo tiene relación con ella, porque todo se ve afectado por ella, no hay en las sociedades algo que cause más asombro, impotencia, miedo y hasta terror que la adicción, las adicciones o los adictos que antes eran delincuentes y ahora  son enfermos. Esta concepción del toxicómano como enfermo ha alivianado al ente judicial y ahora carga al de la salud, y más específicamente al mental ya que se convierten en enfermos físicos y mentales sin llegar a salir del orden simbólico como lo haría un psicótico, son más bien psicóticos por momentos, intermitentes, en el viaje o traba.
De ahí preguntas tan frecuentes que se hacen las familias de aquellos sujetos como:
"Si yo no le he dado ese ejemplo y ninguno de la familia, ni el papá, ni los hermanos o los tíos son así, ¿por qué él es así?". A fin de cuentas los toxicómanos no alcanzan a ser "locos" para excluir su juicio y manejarlos con psicotrópicos completamente, tampoco llegan a estar internos en un hospital mental sin oportunidad de juicio "real". Algunos conservan aún un poco de espacio dentro del orden, así sea parcial, pero lo tienen, de ahí que se ubiquen en un hilo que a la mayoría no los deja sucumbir en la locura, pero que tampoco los deja ser lo suficientemente "cuerdos" y "sanos" sabiendo lo que implica esta utilización de términos que finalmente son juicios, es conocido por los que tienen alguna relación con esta clínica que no se puede generalizar, hay particularidades y tramas diferentes, empero lo que se logra sentir es que la toxicomanía es un medio que utilizan para salvarse, sin ninguna efectividad porque lo que hay al final es un sujeto que no logra aguantar el peso de la vida y de su historia, con la ilusión de que su recurso es efectivo.
Intentando contestar a la pregunta hecha por los familiares, el por qué, es muy poco útil y siempre insatisfecho, porque le dieron todo, o porque le faltó todo, porque se le murió un familiar, porque los tiene vivos pero con su consumo los va a matar dirían algunos, porque está solo o porque está acompañado y se siente solo, entre otras miles de posibilidades. No hay otra respuesta a eso más que el "así fueron las cosas" y ¿qué sigue?, pero aquí tampoco el objetivo es dar un consejo, porque para el padecimiento del alma no existe consejo que sea efectivo, todo queda incompleto.
Así que la toxicomanía y el toxicómano en general son algo que se impone a todo contacto social y lo afecta.
Es pertinente entrar a ver el fenómeno no desde "los" sino desde el sujeto toxicómano o que se encuentra anclado con un toxicó comandando su vida, el uno por uno.
A finales del siglo XIX Sigmund Freud, médico neurólogo y creador del psicoanálisis un poco después, ya venía mirando el fenómeno desde su clínica y a pesar de que no profundizó en la toxicomanía en su parte teórica y como problema social, además porque no es una estructura, mejor está en relación con las tres estructuras, neurosis, psicosis y perversión. Sí dijo cosas muy importantes con relación al tema, además del encuentro y la vivencia de la relación con su amigo Fleischl, morfinómano y cocainómano que murió a consecuencia de su consumo aliviando un dolor físico y psíquico.
    La primera alusión directa a la toxicomanía la encontramos en una carta a Fliess, en 1897, donde Freud sugiere que habría que considerar la masturbación como modelo a partir del cual se construye la toxicomanía 3. Vera, O (1988) P.101
La masturbación como modelo, este acto autoerógeno que se encuentra desde el principio de la vida de cada sujeto con fuerza y que la dinámica con la sexualidad lo acompaña desde sus orígenes es importante para Freud y allí marcará con esa comparación un campo para entender ya no al toxicómano actual sino que sus inicios van a marcar un trazo importante.
 
Se piensa desde este escrito también que la toxicomanía es una manifestación del síntoma, es algo que se coloca en relación con la dinámica psíquica del sujeto, es una elección intrapsíquica, arcaica y única. Porque aunque cinco sujetos consuman bazuco, heroína o cualquier otra droga, su significación de esa elección es diferente en cada uno, la droga pasa a tejer una tela para tapar y colocar una prótesis, siempre parcial y endeble. Más no es una estructura como se dijo arriba, ya que un sujeto neurótico, psicótico o perverso, se puede valer de este medio para afrontar su existencia, hay quienes sufren, como hay quienes llevan su sufrimiento, se acostumbran a él o no sufren.
Finalmente la masturbación como acto infantil, la problemática social o familiar, todos los círculos que rodean al sujeto que tiene alguna adicción y lo que pueda hacer es lo que va a tener importancia a la hora de actuar. No hay teorías totalizadoras ni humanos que no sean complejos, y en este orden ni la ciencia ni las otras cosas que existen tienen la última palabra.


[1] Psicólogo titulado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga Extensión Armenia, Quindío, actualmente trabaja en la Fundación Hernán Mejía Mejía, con los programas: Comunidad Terapéutica Familiar Escuela de Amor, El paraíso de los niños, y el hogar de paso. También trabaja en clínica particular.  
[2] Esta es una discusión teórica muy válida, ya que la transformación que surgió en la ciencia desde este escrito se critica, se piensa en una intención del mercado asociada a la clínica de los fármacos psicotrópicos. Leer estos textos sobre el tema para ampliar esta mirada http://psiquik.blogspot.com/2012/12/81-diferencias-entre-toxicomania-y.html, http://psiquik.blogspot.com/2013/07/87-un-toxico-escurrido.html 
3 - Vera, O (1988)  DROGA, PSICOANÁLISIS Y TOXICOMANÍA "Las huellas de un encuentro". Ed: Paidós, Buenos Aires, Barcelona, Argentina, España. P. 101.